Por Marianela Insua Escalante

Queen con su Disco de oro, antes del show en San Pablo en 1981
Queen con su Disco de oro, antes del show en San Pablo en 1981

Espaguetis, vino y 100 mil dólares. Esos tres elementos fueron decisivos para que Queen pisase suelo sudamericano en 1981. Como dice "La Bamba", también hubo un poco de gracia y otra cosita: la mano de Billy Bond. El músico argentino, que rompió todos los esquemas con La Pesada del Rock and Roll a fines de los 60 y principios de los 70, en un momento de su vida dejó de lado el protagonismo del escenario y empezó a dedicarse a la producción.

Así fue como llegó a producir los dos shows de la banda de Freddie Mercury en el Estadio Cícero Pompeu de Toledo, más conocido como Morumbi de Sao Paulo, Brasil, el 20 y 21 de marzo de 1981. Y gracias a él, Freddie y los suyos terminaron bajando a Buenos Aires.

Hoy, Bond vive en Brasil, pero hace poco estuvo de paso por Buenos Aires presentando la reedición en vinilo de una piedra fundamental del rock nacional: Volumen I, el primer disco de Billy Bond y La Pesada… Este grupo heterogéneo y movedizo contó entre sus filas a David Lebón y Luis Alberto Spinetta, pasando por Pappo y tantos más, y lo puso a Billy en un lugar de privilegio. Él sí que tocó con todos.

El músico y productor cuenta que Charly García, uno de los grandes artistas con los que trabajó y con quien todavía mantiene una gran relación, fue quien lo impulsó a realizar uno de los hitos dentro de su carrera como productor: traer a Queen a Sudamérica. Como parte de la gira The Game, Freddie Mercury, John Deacon, Brian May y Roger Taylor llegaron a Sao Paulo con un espectáculo nunca visto hasta ese entonces.

Billy Bond con Charly García
Billy Bond con Charly García

—¿Cómo empezaron las negociaciones para traer a Queen a Sudamérica?

—Aunque te parezca mentira, eso sale de una charla entre Charly García, (José Ángel) Beco Rota y yo. Rota era el viejo presidente o director artístico de Emi Odeon Argentina, que vivía por aquel tiempo en Los Ángeles, y nosotros lo fuimos a visitar. Estábamos en su casa comiendo pastas con Charly y en la mesa sale la conversación. Ahí Rota me dice: "¿Por qué no llevás a alguien a Brasil o la Argentina?". Hablando así, Charly es quien dice: "¿Por qué no lo llevás a Queen?". Y yo digo: "¡Es una buena idea!". Pero era medio imposible porque Queen era un número uno en el mundo, tenía 30 o 40 grandes éxitos. Yo no le di demasiada pelota, volví para Brasil y Charly para Argentina, a lanzar el disco de Serú Girán. Un día estoy en el campo, suena el teléfono y era el Beco que me decía: "Conseguí una entrevista con Jim Beach para traer a Queen". Empezó de esa forma, en una mesa comiendo espagueti y con un telefonema de Beco Rota en el cual comienza el proceso. Conseguí unos sponsors aquí, que hacían un baile bastante famoso… Pero claro que después el proceso creció y fue cambiando.

—¿Cómo habías iniciado tu actividad como productor de shows?

—En realidad yo soy productor hace muchos años y cuando llegué a Brasil me convertí en productor de Ney Matogrosso, que era un fenómeno aquí. Era el cantante de Secos & Molhados en ese momento; trabajé con él dos o tres años. Luego comencé a producir otras bandas, otras cosas, y terminé en el 80 cuando estaba produciendo a Serú Girán en Los Ángeles, que allí fue que surgió la posibilidad de bajar a Queen a Sudamérica.

—¿Qué falencias veías en los productores, siendo artista, y luego intentaste revertir?

—La gran insuficiencia siempre fue la falta de dinero porque era un mercado muy difícil en el que no había plata, y las fallas se notaban fácilmente. Siempre había problemas. No era un gran negocio el show bussines: era un negocio medio extraño, que no era profesional, no se sabía si daba mucho dinero, era un negocio turbulento. A medida que pasó el tiempo se convirtió en un gran negocio y creo que esto sucede a partir de Queen en 1981. Por lo menos en Brasil y en Sudamérica, todo se convierte en un negocio muy como disciplinado y que daba muchísimo dinero. Después de 1981 yo fui invitado por (Roberto) Medina, el organizador y creador de Rock in Rio, que fue el que dio el gran puntapié para América Latina de los grandes conciertos. Yo fui quien le presentó a Jim Beach de Queen y otra serie de grupos importantes para que hiciera Rock in Rio (Queen tocó en 1985). Yo creo que a partir de Rock in Rio para toda América Latina e inclusive algunos lugares de Europa, en ese momento, los grandes conciertos se convierten en un gran negocio.

Afiche del show de Queen en el Morumbi
Afiche del show de Queen en el Morumbi

—Antes de producir sus shows en Brasil, ¿ya habías visto a Queen en vivo en alguno de tus viajes?

—¡No los había visto y nadie había visto a Queen en vivo! Queen vivía en Inglaterra, se presentaba pocas veces y menos en Sudamérica. Yo tenía algún acceso en Nueva York, pero nunca los había visto. Igualmente sonaban todo el día en la radio, entonces no había cómo no conocerlos.

—Hablaste de Jim Beach, el mánager de Queen. ¿En qué momento lo conociste?

—Lo más gracioso del mánager era que cada uno de Queen, cada integrante, tenía un mánager especial, como una especie de representante y abogado. Y había un abogado que se llamaba Jim Beach, que era el que le cuidaba los negocios a los cuatro abogados de Queen. Es decir, Queen era manejado por cuatro tipos, cada uno tenía su empresario, y este Jim Beach era el empresario de los cuatro empresarios, que eran empresarios de los cuatro Queens (SIC). Él tenía mucho poder sobre la banda y su mujer hablaba italiano y recuerdo que nos comunicábamos muy bien con ella, comíamos mucho espagueti, tomábamos mucho vino con los dos. La mujer era italiana, yo era italiano, hablábamos en italiano. Inicialmente la relación con él fue comercial, el Beco Rota lo va a visitar, antes se encuentra conmigo y se lleva una seña de 100 mil dólares para hacer el negocio de Queen. Él lo va a ver Jim Beach, se alquila una limousine, se pone un traje de alpaca, un habano y va. Va a la casa de Jim Beach en Los Ángeles y le dice: "Ustedes tienen que ir para Sudamérica", y el tipo medio lo miraba con cara de loco. Ellos creían que había elefantes, monos, ¡qué sé yo! No sabían que había ciudades importantes como Buenos Aires. Entonces va el Beco Rota, que tenía un poder de disuasión increíble, era el mánager de Alain Delon, ¡imagínate lo que sabía vender ese tipo! El que le vendió la idea a Jim Beach fue el Beco Rota y yo lo acompañé en esa locura de contratar al mejor grupo del mundo en ese momento. Pero fue así como te lo cuento, con 100 mil dólares y la cara dura que teníamos el Beco, yo y todos los locos de esa época.

—Vos ya eras músico, ¿admirabas a Queen como banda?

—Queen era un grupo muy metódico, muy disciplinado, tocaban un rock and roll muy sinfónico. No te olvides que Freddie tenía una formación de orquesta, era un músico sinfónico que tocaba piano; todos ellos eran grandes músicos. Por supuesto tenía una admiración por ellos obvia, de músico. Cuando un músico es bueno no importa lo que toque. Yo no soy chupamedias de los músicos: cuando el tipo toca, lo respetás porque toca, no porque es famoso. Entonces, ese fue siempre mi respeto.

—¿Qué impresión te dieron al conocerlos en persona?

—Yo te confieso que al inicio no tuvimos ninguna relación Tuvimos un relación técnica con sus managers técnicos. Imaginate que bajaron con 40 tracks, camiones, el equipamiento vino todo de Estados Unidos, era alquilado, luz, sonido, todo. Tenían 400 cajas de sonido. El escenario medía 200, 300 metros cuadrados. Así que tuve un acercamiento como muy técnico, muy profesional. Ningún momento artístico hasta que llegaron a Brasil.

Queen, en el Estadio de San Pablo
Queen, en el Estadio de San Pablo

—¿Y cuándo arribaron pudiste acercarte?

—Cuando llegaron a Brasil empecé a relacionarme. Los fuimos a buscar al aeropuerto, los hospedamos, los llevamos a la prueba de sonido, cubrimos el campo de fútbol con algo especial para no dañar el pasto. Fue una operación especial, era 1981, no era una operación como las de hoy en día. No teníamos conocimiento de las biblias técnicas que tenían. Había libros de 300 páginas con indicaciones muy claras y muy precisas: 18 tornillos número 34, el practicable donde va a estar la batería tiene que tener 2 metros por 6, los súper troopers tienen que tener las sillas para la gente… Cosas muy curiosas. Por ejemplo, como no había movie lights ellos hacían movimientos desde el techo con reflectores y los hacían con gente. ¡Eran movie lights humanos! Eran tipos colgados con unos súper troopers que, en esa época, eran unos caños de luz haciendo todos los efectos. Ellos tenían personalidades bastantes diferentes y la primera cosa curiosa que noté es que quien iba, pagaba las cuentas, firmaba los contratos y hacía los números cuando ya todo estaba listo era John Deacon. Era el tipo más callado de la banda y era quien manejaba la plata. May vino con la familia, y los conocí; creo que tenía dos nenas, súper familiar. El baterista (Roger Taylor) intrínseco, medio para adentro. Y Freddie era gay, y para la época ya era muy avanzado. Era, incluso, un poco fuerte.

—¿Qué exigencias tenían como grupo?

—No hacían demasiados eventos recreativos, comidas. Era una banda en la que sus integrantes no andaban juntos salvo para la prueba de sonido o cuando tenían que tocar. Eran súper profesionales; parecían que eran loquitos, pero no. Fui al primer show en el Morumbí y fui yo quien los presentó, quien los anunció. Recuerdo que el show estaba previsto para las 9 y cuando faltaban cinco minutos viene el manager técnico y me dice: "Billy, ya va a empezar". Y yo le digo: "¿En punto?". ¡Sí, en punto! Y a las 9 en punto el show empezó. Vinieron 40 americanos, 14 o 15 ingleses, había australianos, tenían un equipo de gente monstruoso. Las limusinas salían en horario del hotel y no había demasiada joda, ni mucho tiempo para eventos y reuniones que no fueran de trabajo. Ellos llegaron un jueves y el lunes se fueron. No es que nos íbamos a comer churrasco a la noche o tomábamos café con leche y medialunas. No existe eso. Las exigencias tenían que ver con lo técnico y profesional, nada exagerado: era la comida, el catering que eran frutas, bebidas, pero no eran aquellas bandas con joda y orgías en el camarín. ¡Nada de eso! Eran estrictamente profesionales. Las exigencias estaban en esa biblia técnica donde te pedían de todo: toallas blancas, esas cosas; lo normal. No se les ocurría tomar agua del Sahara o vodka de Leningrado, nada de esas pelotudeces. Exigían todo, porque decíamos que los americanos y los ingleses nos hinchaban las pelotas, pero era porque nosotros no teníamos experiencia en atender grandes producciones. Te confieso que aprendí muchísimo.

—¿Los volviste a ver después de esos shows?

—Me encontré con alguno de ellos, con John Deacon algunas veces, con Jim Beach y con la mujer nos hicimos amigos hasta el día de hoy. Soy productor de oficio, y 10 años después de eso asumí la parte de grandes eventos extranjeros y de teatro como Van Halen, Jamiroquai, los Stones. Después de Queen vinieron todos. Son como los hijos: no hay peor ni mejor, todos son queridos, todos dan laburo. Este es un negocio serio. No es joda.

Brian May presenta "Love of My Life" en portugués, en el estadio Morumbí , el 20 de marzo de 1981

(Video: Youtube)

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