"En España tenía un nombre propio, luego conocí a Miguel. Allí no hay mucha gente que sepa que somos pareja. Le conocen a él, me conocen a mí, pero no todo el mundo conoce el vínculo porque al poquito tiempo de comenzar la relación, vinimos", explica Paula Cancio, recordando su llegada a Buenos Aires junto Miguel Ángel Solá y Adriana, la hija que tienen en común.

A poco de instalarse en Argentina, comenzaron a trabajar juntos en la obra El Diario de Adán y Eva. Más tarde llegaría La Leona, en Telefe, y con la televisión la actriz nacida en Madrid comenzó a ganar popularidad entre el público argentino. Allí, como Nurith Torres, Cancio realizó jugadas escenas de sexo. "Podemos decir que es celoso", define la actriz a su pareja, aunque advierte: "Forma parte del trabajo. Él es actor, lo entiende. Sí es verdad que ciertas escenas decide no verlas. Apoya mi trabajo, pero prefiere no saber".

Paula Cancio y Miguel Ángel Solá
Paula Cancio y Miguel Ángel Solá

Su papel en El Marginal 2 —era la pareja del protagonista, interpretado por Esteban Lamothe— llegó de la mano de su representante. "Cuando yo todavía no había hecho nada, él confió. Le debo donde estoy hoy", destaca Paula sobre Tommy Pashkus. El personaje no tenía demasiado clara la nacionalidad y decidió hacer el casting en español. "Hago la prueba, y desde ahí ya siento un feedback muy a gusto. Pasó un tiempo; había ido a trabajar a España cuando me llamaron y me dijeron: 'Es tuyo'. Ahí me volví loca", confiesa Cancio, de 33 años.

En el caso de 100 días para enamorarse, la contactó Underground. "Entré para ser la hermana de Michel Noer, el personaje es argentino y no había forma de justificar a una española en esa relación", explica sobre el trabajo que realizó para modificar su acento y abrirse a nuevas posibilidades laborales. "No siempre se puede justificar a una española. Mi hija es más porteña que su padre hablando, lo tengo muy a flor de piel".

—Además de las dos ficciones, este año siguen con Doble o Nada en el teatro junto a Miguel Ángel. ¿Cómo lleva Adriana tanto trabajo? ¿Es muy mamera?

—Súper pero lo llevamos muy bien. Para mí, mi hija es todo, pero le hago ver que amo trabajar, y ella lo ve totalmente natural.

Paula Cancio y Miguel Ángel Solá
Paula Cancio y Miguel Ángel Solá

—¿Querés más hijos?

—No, estoy perfecta con mi hija. Es lo más. Si me hubieran preguntado: "¿Qué características te gustaría que tuviera tu hija idealmente?", ella las tiene todas. No quiero más.

—¿Cómo estás viviendo este momento de las mujeres?

—Muy orgullosa de ser mujer y de que por fin alcemos la voz de la forma en que la estamos alzando. Cuando me preguntan si soy feminista, obvio que soy feminista, pero entendiendo el ser feminista como querer una igualdad de derechos y de oportunidades. No lo entiendo con la connotación que se entiende el machismo. Yo no quiero estar por encima de los hombres, quiero estar por encima de nosotras mismas, y estamos en un momento de unión entre nosotras.

—¿Hay algo que sentís que te haya costado más en el recorrido por ser mujer?

—No sé si por ser mujer, pero el hecho de llegar acá… Es verdad que no se me conocía, pero fue un trayecto y un trabajo largo el quitarme "la mujer de…". Sí, me costó mucho.

—¿Y cómo juega la belleza? Porque tiene cosas a favor, y sus cosas en contra también. Hay prejuicios que romper.

—A mí me ha ayudado la belleza. Me abrió puertas en su momento para empezar haciendo televisión. Luego no me quedé en eso, evidentemente. Esta profesión es una carrera de fondo y la belleza es una cosa que pasa. Lo que se tiene que quedar es otra cosa. No hay día desde que comencé esta profesión que no esté formándome.

Paula Cancio (Foto Christian Beliera/GENTE)
Paula Cancio (Foto Christian Beliera/GENTE)

—¿Alguien se quiso hacer el vivo alguna vez?

—Sí. Hay gente que por el hecho de estar trabajando contigo piensa que puede tener derecho a tener acercamientos como los que tiene el personaje en la vida real. Y no. Una cosa es el trabajo y otra cosa es la vida.

—¿Eso pasó acá o en España?

—En España, sobre todo.

—¿Todavía no estabas con Miguel?

—No.

—¿Y qué hiciste?

—Directamente le corté: "Bueno, hasta aquí".

—¿Era un par o era un superior?

—Era un par. Le dije: "No, hasta aquí. Aquí acaba la ficción, ahora empieza la realidad. Y en la realidad pongo el límite yo. Esto, no".

—¿Pudieron seguir trabajando?

—Sí. La relación nunca volvió a ser como era, pero bueno.

—¿Cómo conociste a Miguel Ángel?

—A la salida de un teatro. Un amigo en común me dijo: "Voy a ver a Miguel Ángel Solá a una obra que está haciendo, ¿me quieres acompañar?". "Dale, dale. Voy".

—¿Ya te gustaba?

—Le conocía de haberle visto, pero la verdad que no le ubicaba demasiado. Me lo presentó y a partir de ahí comenzó.

—¿Quién encaró a quién?

—Miguel (risas). Miguel me encara. Le saludamos a la salida y luego le pide el mail a mi amigo. El mail, todo muy epistolar.

—¿Tu amigo te pregunta si se lo puede dar?

—Sí, obvio. Y yo le digo: "Sí". Un día recibo un mail con un nombre que no era Miguel Ángel Solá, porque él tiene otro nombre en el mail. Y yo decía: "Creo que es él, pero a mí suena raro".

—¿En qué tono estaba redactado?

—Era muy directo. Y yo le decía a mi amigo: "¿Qué onda este hombre?". Pero bueno, le seguí. Además yo, tratando de ser la corrección. Laburé un mail, le daba vueltas, y decido mandarlo después de tres horas de trabajo, creo. Y su respuesta fue como: "Bueno, déjate de caretear que a mí no me interesa eso". "Nooooo", dije. ¡Te puedes imaginar! Me puse…

—¡Vos querías ser Cortázar y él te dijo mandó a pasear!

—¡Exactamente! "No, no. Paso de esto. No me interesa". Entonces bueno, bajé un cambio y le dije directamente lo que me había parecido su respuesta, y a partir de ahí conectamos.

—¿Le dijiste: "Sos un ordinario"?

—Sí, exactamente: "Sos un ordinario". Yo tratando de ver la forma… Pero eso me estimula. Era una relación estimulante para mí, porque de pronto era hablar con alguien que escribe muy bien, y tratar de ver, porque no era claro en lo que decía.

Paula Cancio y Miguel Ángel Solá en escena. (Foto GENTE)
Paula Cancio y Miguel Ángel Solá en escena. (Foto GENTE)

—¿Cuánto tiempo estuvieron mandándose mails?

—Un mes, porque le corté yo. Sino podríamos todavía estar mandándonos mails.

—Ah, había un intercambio epistolar…

—Sí, sí, muy intenso el intercambio. Hasta que yo le dije: "Mira, todo bien. Esto es divino pero, chico, yo necesito saber si aquí hay piel o no, porque esto es raro para mí". Además él me mandaba mails y SMS. A mí me costaba un dineral el SMS porque él no tenía teléfono con WhatsApp. Y yo decía: "¡Pero no! Veámonos". Y bueno, nos vimos.

—Salieron y no se separaron nunca más.

—Nunca más nos separamos. Salimos, fuimos al teatro, y evidentemente lo que pasaba en los mails, pasaba. Él tenía que venir acá a rodar algo y yo decidí venirme con él. Estuve aquí haciendo un curso con Claudio Tolcachir. Divino. Y ya no nos separamos.

—Y vino Adriana.

—Al toque, a cerrar la relación epistolar.

—¿Cómo sigue lo que queda de este año?

—Sigo rodando 100 días... Viene un proyecto que me apasiona, la tercera temporada de Once, la tira de Disney donde voy a interpretar a la mala, malísima. Estoy loca de alegría porque toda mi vida soñé con ser la mala de Disney. Veía las películas y no me quedaba con la Bella, yo me iba a los malos: Maléfica. También tengo una película que vamos a ver cuándo se estrena. Con Benjamín Rojas rodé Eso que nos enamora. Y sigo con Doble o nada.

—Si hablamos en cinco años y salió todo genial, ¿cómo te encuentro?

—Pues trabajando en esta profesión. Y ojalá siga tocando todos los palos que estoy tocando. Me encantaría estar haciendo más cine, esa es una cosa pendiente. Por suerte vengo haciendo una película por año y me encantaría seguir. He sido toda mi vida súper amante del cine argentino.

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