Un día, pretendió tomarse un tiempo más extenso con la intención de componer un personaje con mayor profundidad. Pero en la televisión el tiempo no es relativo, sino tirano. Y si bien Juan Gil Navarro (44) debió aceptarlo (porque era eso o, como explicará después, demostrar su arte cada vez que el semáforo se pusiera en rojo), nunca perdió sus convicciones.

A 14 años de su salida de Floricienta, sorprende al explicar los motivos que lo llevaron a tomar esa decisión, descartando por completo las versiones vinculadas a lo económico. Los no son tan importantes como los  en el recorrido de una actor, y Gil Navarro no temió bajarse de un éxito: "Aunque me hubieran pagado un millón, no era no".

Mañana debuta con 100 días para enamorarse, la nueva apuesta de Telefe. Allí, la pareja de abogados conformada por Carla Peterson y Juan Minujín atraviesa una crisis, y entonces deciden darse ese plazo -100 días- antes de decidir si se divorcian o no. Eso impacta en el grupo de amigos que integran, donde muchas cosas comienzan a suceder.

En 100 días… Juan Gil Navarro -quien recientemente se separó de Natalia Litvack tras 12 años de relación- será Javier, un ingeniero agrónomo que es bígamo. "No es un pirata -aclara-, es un bígamo; y hay una diferencia ahí".

Juan Gil Navarro junto a Manuela Pal y Jorgelina Aruzzi, sus esposas en la ficción (Foto: Instagram)
Juan Gil Navarro junto a Manuela Pal y Jorgelina Aruzzi, sus esposas en la ficción (Foto: Instagram)

—En esta ficción no hay ni buenos ni malos, están los matices de la vida real. Vos, en la vida, ¿sos más bueno o más malo?

—Supongo que soy más bueno, pero porque es lo que me dicen: "che, vos que sos tan educado y tan…". Por momentos eso me vuelve un poco más malo. Tengo la sensación de que en esta sociedad en la que vivimos esa cosa de "Vos sos tan bueno, sos tan educado", es como "Vos sos tan boludo". Eso me fastidia: cuando soy bueno y me toman por boludo me cabreo, y aparece Mr. Hyde.

No somos un país solidario, somos un país caritativo

—Nos sorprendemos ante la educación. ¿Por qué crees que pasa?

—La velocidad a la que vivimos hoy y la ansiedad hace que no nos importen otras cosas. Hay mucho cinismo dando vuelta. Lo que nos tiene jodidos como sociedad es eso; o hablo de mi laburo en concreto por ahí, o de mi entorno. El cinismo mata cualquier historia, no permite mostrarse como uno es. No hay ideología en dejar pasar a alguien en una esquina o en tirar a matarlo. Hablo de tipos que no respetan a mujeres o a ancianas. Hablo de mujeres que no respetan a mujeres con carritos con bebés. Estar todo el tiempo detrás de esta zanahoria persiguiendo algo que se llama felicidad, es un engaño.

—A veces nos cuesta mirar al otro.

—Sí, porque no somos un país solidario, somos un país caritativo. Estamos cuando hay un terremoto y entonces la gente, que es muy religiosa y que piensa que se gana el Cielo, de esta forma manda algo. La solidaridad tiene que ver con dar lo que uno también necesita, no lo que te está sobrando.

—Y puede no ser plata.

—Hay gente que lo que más necesita es hablar, o darte la mano, o contarte por qué está así. Y es un número creciente de gente.

—Hay una inestabilidad en la carrera del actor que no es para cualquiera. ¿Cómo la llevás?

—Hace poco lo miraba en un reportaje a Matt Damon, donde le preguntaban qué le diría hoy a alguien que quiere ser actor. "No lo hagas, es muy difícil", dice, y explica qué fue lo que le dijeron todas las veces que quiso arrancar y eso le dio fuerza para seguir. Lo que testea que vos realmente tengas de hacer algo o no es que alguien te diga "No lo hagas".

—¿Qué no te voy a ver haciendo nunca, por más plata que te den?

—Ninguna cosa que vaya en contra de las cosas en las que creo.

—¿Te puedo ver en ShowMatch?

—No.

—¿Te puedo ver conduciendo un noticiero?

—No, pero en algún momento soñaba con la posibilidad de ser un corresponsal. Durante un tiempo me obsesioné con (el periodista español Arturo) Pérez-Reverte. Lo sigo y leo sus columnas en el diario El País y me parece súper interesante. Es un oficio que respeto y me gusta mucho. Tiene los mismos problemas de mi oficio: hay un montón de cosas que se están bastardeando y, al igual que con los productos, veo que el exitismo. ya sea en un programa de televisión, una obra de teatro, una película, también ocurre con ustedes (los periodistas). Mi viejo me enseñó que el periodismo independiente no existía y me había contado un chiste: "Un tipo si laburo llega a una redacción, el 24 de diciembre a las 17:30 de la tarde. Y dice: 'Por favor, no puedo volver esta noche a mi casa si no tengo trabajo'. Se pone muy insistente con el editor hasta que el editor, cansado, le dice que escriba 80 líneas acerca de la Navidad. El tipo pone una hoja, mira al editor y le dice: '¿A favor o en contra?'. Y entonces el editor le dice: '¡Estás contratado!'". (Risas). Del caso Watergate para acá. todo es a favor o en contra.

A duras penas sé lo que es la verdad, no tengo la menor idea de lo que es la post verdad

—Hay mucha gente que siente que las redes vinieron a democratizar el acceso a la información. También es cierto que habilitaron una cantidad de noticias falsas, y el uso de nuestra propia información muy complicada y sin responsables.

¿Viste que se habla de la verdad y de la post verdad? Bueno, yo a duras penas sé lo que es la verdad, no tengo la menor idea de lo que es la post verdad… Veo que hay mucha gente que habla de la post verdad. Y tratando de pensar un poco en qué corno es eso con lo que un par de personas hablan con tanta seguridad, lo más aproximado que entiendo es una secuencia en el libro 1984, de George Orwell, donde al protagonista lo están torturando y le preguntan: "¿Cuánto es 2+2?". Y el tipo dice: "4". Lo siguen torturando: "¿Cuánto es 2+2?". "4". Y lo siguen torturando, y dice "3", y dice "5", y dice "1.000". Y en un momento ya no puede más y le preguntan: "¿Cuánto es 2+2?". Y el tipo dice: "2+2 no es 4 ni es 5, 2+2 es lo que ustedes quieren que sea". Y eso para mí es hoy la post verdad: lo que otros tengan ganas de que sea. Hay que recurrir a una situación muy abstracta para tratar de entender qué es eso. O comprender de verdad qué es lo que pasó con todo esto de Facebook. Esta situación orwelliana de que todos estemos espiándonos y que haya algo por arriba que nos espía más que todos nosotros.

Juan Gil Navarro al elenco de “100 días para enamorarse” (Foto: Instagram)
Juan Gil Navarro al elenco de “100 días para enamorarse” (Foto: Instagram)

—Vos hablabas del exitismo y cuando sale un proyecto nuevo los productores tienen una presión por el rating. Hay cuestiones comerciales que sostienen la ficción y que compite con latas de afuera que salen muchísimo menos. ¿Cómo se hace?

—Estamos en una situación mitológica de ser frente a todo esto como David y Goliat. El ingenio argentino, que está probado que es sorprendente, es ahora estar con una hondera viendo en qué lugar de todo este sistema vamos a poner el piedrazo. Un producto como 100 días para enamorarse, u otras tiras, ciertamente sí, es muy caro, y el riesgo que corren estos productores es una responsabilidad porque se están jugando eso y se están jugando los demás proyectos. Para tratar de achicar el riesgo lo que yo haría, si fuera productor, es tener antes un tiempo prudencial. Y ese tiempo se paga. En este negocio lo más caro es el tiempo. Pero es lo único en lo que hay que poner la guita. Eso que nadie quiere pagar porque es lo más caro es justamente en donde hay que poner la guita. Hay una ansiedad enorme por poner un huevo y tener la gallina a los 5 minutos.

—En esta situación entiendo que cuando salís a respaldar en Twitter lo que pasó con Nancy Dupláa, estás respaldando fundamentalmente al proyecto.

—Te agradezco esa visión. Nancy es una compañera de trabajo, la adoro, es ultra profesional. Pero es el laburo lo que estoy cuidando. Y el sentido común de poder entender que uno puede tener diferencias con el otro, pero no salir a matarlo de un piedrazo.

—¿Qué nos pasa que las diferencias ideológicas nos llevan a cuestionar un producto?

—No sé si existe alguna otra sociedad en el mundo que tenga tan polarizada esta cuestión.

Juan Gil Navarro (Foto: Instagram)
Juan Gil Navarro (Foto: Instagram)

—En este sentido hubo un problema a la salida de Toc Toc hace un par de semanas, por la despenalización del aborto. ¿Qué pasa con los actores, que tienen todo el derecho de tener su posición, que la dicen en un saludo de un teatro o en una entrevista, y esto repercute en las ventas?

—¿Cómo resumirlo? Es un disparate. Es una locura. No sé cómo calificarlo. Estamos aleccionados para pensar que el que piensa distinto es un enemigo y que te va a joder. Y que como es enemigo, quiere lo peor para vos y va a tratar de que te mueras solo porque pensás distinto. La raíz de esa violencia es el miedo. Y el miedo está ahí nomás de la ignorancia. Y hemos tenido muchas décadas en la Argentina en donde, salvando a un par de presidentes que dijeron: "Che, la ignorancia es peligrosa, la ignorancia genera miedo, genera división, genera caos", hay mucha otra gente que entendió que la división y la ignorancia eran muy rentables. Se habla de la grieta como si fuera algo de hace 15 años atrás, es ridículo.

—Estás separado hace algunos meses. ¿Cómo te llevas con esa soltería?

—Me llevo muy bien. No soy un barrilete con eso. Por supuesto que sí salgo y tengo amigos que me invitan a tomar algo. Pero nos hemos querido tanto y nos queremos tanto con Nati que creo va a pasar un tiempo hasta que podamos estar con otra persona. Por lo menos a mí me pasa eso. No es que estoy cerrado a algo: no me ocurre, no me pasa, no me vibra. Y entonces mi libido está realmente puesta en el trabajo. Uno no elige de quién se enamora. Creo que el amor es así, cuando uno cree que tiene determinadas cosas claras en una esquina aparece el amor con una manopla y te dice: "¿Así que vos pensabas que ibas a decidir?". Y te la da. No podés fingirlo cuando no te pasa.

Juan Gil Navarro junto su ex mujer Natalia Litvack  (Foto: Instagram)
Juan Gil Navarro junto su ex mujer Natalia Litvack  (Foto: Instagram)

—Generó mucho ruido en estas semanas que hayas contado cómo fue tu salida de Floricienta: dijiste que tenía que ver con la búsqueda del recorrido del actor.

—Sí, yo ya era un chico grande ahí, tenía 30 años, y Florencia (Bertotti) tenía 20. Todos estaban muy contentos, me acuerdo que se había armado un debate con "¡Qué bueno los de Friends que hicieron tantas temporadas!". Y yo decía: "Pero es una maldición porque no salís nunca más de eso". Pensá que a mí hay gente que me recuerda eso después de 14 años, y lo hice durante un año. Imaginate lo que hubieran sido dos. Está muy bien y soy muy agradecido frente a eso, y ha habido mucha gente que me vio evolucionar y correr otros riesgos, y haber hecho cosas muy buenas y cosas que no lo eran.

—Pero tuvo que ver con la búsqueda profesional y no con lo económico.

—Jamás, nunca, no.

—Porque en algún momento circuló la versión de que era por un tema de plata.

—Entiendo que haya circulado porque mucha gente cínica debe decir seguramente que no le pagaron lo que quería. No, no… Aunque me hubieran pagado un millón, no era no. Y era no.

—No debe ser fácil bajarse de un éxito.

Lo que me dijeron en un momento fue: "Nadie se baja de un éxito". Como si yo estuviera violando una ley sagrada de la televisión. Yo sí me bajo (risas). Porque el éxito estaba en otro lugar para mí, estaba en la posibilidad de hacer otra cosa. Me acuerdo que había hecho Hombres de honor, una familia italiana, y me había dado el gusto de irme a Sicilia. Y había alguien que me había tomado el pelo con respecto a eso. No era (Robert) De Niro yendo, obsesivo, a escuchar cómo se hablaba el italiano; era tener un perfume para algo que íbamos a hacer. Siempre me llamó la atención ese cinismo con respecto a alguien que quería ponerle un poquitito más de sal a la comida. Una vuelta también había querido tomarme un tiempo con respecto a algo de tele, y hacerlo un poco mejor, y me dijeron: "Esto es la televisión. Y si no te gusta, hay un semáforo al que le hace falta un malabarista".

—¿Eso quién te lo dijo? ¿Un productor?

—No, jamás lo voy a decir, pero eso me hizo entender por qué estamos como estamos en nuestra ficción. Eso nos tiene jodidos, y eso es lo que nos hace pifiar cosas para ser competitivos en el mundo. Hay gente que sigue hablando de doña Rosa y no lo puedo entender. Doña Rosa se murió, la hija de doña Rosa fue a la universidad, y entiende por qué los tomates tienen el precio que tienen porque entiende de economía. Y la nieta de doña Rosa tiene ganas de salir a matar a todos los que hablan mal de su abuela como si su abuela hubiera sido una idiota.

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