A Benjamín Amadeo (33) muchos lo recuerdan por haber participado en Son Amores, Casi Ángeles, Herederos de una venganza, Los Únicos y Señores Papis, entre otras ficciones. Y actualmente está a punto de debutar en Fanny, la fan, la nueva producción de Underground en la que hará de Gaspar. Porque este joven de amplia trayectoria, con muchas ficciones que han sido vendidas en el mercado internacional, se consolida año a año. Sobre todo, en el plano musical.

En el último tiempo Benjamín sorprendió como compositor. Dio un primer gran paso con Te imaginé, tema que fue la cortina musical de Showmatch. Luego de ese suceso, grabó un disco en 2016 bajo el título Vida lejana, en el cual -a través de 12 canciones- habla de la libertad. Una temática muy autobiográfica que se animó a mostrar en público. Y el éxito fue tal que Amadeo ganó su primer premio Gardel como Artista nuevo pop.

Luego de su romance de varios años con Lali Espósito (25) y lejos de lo mediático, en diálogo con Teleshow Benjamín se animó a hablar del miedo real a confundir libertad con soledad, contó cómo son sus días entre la euforia y la desolación, y explicó qué hace para superarse día a día.

—¿La libertad es el eje central del disco?

—Es la temática del disco. Cuando me siento libre es cuando mejor trabajo. Es un poco caprichoso y no siempre se da pero cuando pasa lo aprovecho, siento que trabajo mejor, que si yo me pongo las pautas y los objetivos estoy más enfocado. Es como mi manera de ser.

—¿La soledad y la libertad van de la mano?

—Es lo que pide la última canción del disco, "Vida lejana", que habla del miedo que a mí me genera confundir libertad con soledad. Es un miedo real que tengo que proviene de que me gusta mucho estar solo. Yo me llevo muy bien conmigo y no tengo problemas de pasar tiempo solo, pero no pretendo la soledad en mi vida. No es algo que me seduce. Lo siento como que algo falló.

—¿Por qué lo remarcás?

—Porque hay gente que sí tiene miedo de estar sola, y por eso comete algo contra lo que yo trato de luchar: hacer cosas por necesidad y no por elección.

—¿Qué te llevó a pensar el video de la canción "Ya no más"?

—Ese video cuenta una historia muy breve de una lucha que todos nosotros llevamos adentro día a día: la lucha entre el corazón y el cerebro, entre el cálculo y el impulso. Quizás la cabeza a veces está al mando de nuestra vida y está muy pendiente de lo que tenemos que hacer, y quizás no tanto de lo que queremos.

—¿Cuánto de cabeza y cuánto de corazón llevás vos en tu vida?

—Esa especie de riña descontrolada entre estas dos partes se da todo el tiempo, para todas las decisiones.

—¿Te dejás llevar por las emociones o no pensás mucho las cosas?

—Hago las dos cosas. Es como una lucha en la cual no sabemos quién va a ser el ganador, pero lo que hay que tratar de hacer es que gane un poco más el corazón. Porque el cálculo nos da mucha seguridad, entonces nos hace sentir mejores, nos hace sentir más protegidos. Pero hay que ver si eso nos hace sentir más felices.

—Otra de las cosas sobre las que habla el video es del modo automático con el que a veces se vive la vida.

—Un gran mal moderno tiene que ver con lo que te mencionaba de conectarse con las pasiones, y con la dificultad que existe de encontrar tu pasión. Siento que somos afortunados los que encontramos en nuestra vida la pasión por algo, o justamente la pasión como sustantivo. Siento que es la manera de vivir, que estás conectado con tu pasión; si no lo lograste o no tuviste la suerte, o demás, simplemente estás vivo y para mí esa es una gran diferencia.

—¿Tu pasión está en la música y en la actuación?

—Sí, en las dos cosas. Yo soy un apasionado del espectáculo y lo que me conecta con la música es la libertad absoluta de hablar desde mí, con un libreto propio y con todas mis herramientas, o con todas mis inquietudes y todos mis errores. Eso también es para mí muy rico de ver acerca de todo el mundo que me rodea y es como mi visión del mundo. Entonces a diferencia de la actuación, en donde también están esos aportes, quizás son palabras de otro o productos de otro. Esto es algo muy mío, me conecto mucho yo con el afuera a través de mi música.

—¿Tus canciones son más de reflexión o es una mirada hacia el pasado?

—Son de absoluta reflexión. No escribo pensando en hechos particulares o en la descripción de una historia, sino que escribo sobre mis aprendizajes.

—¿Creés que para conocer la libertad, tenés que conocer la prisión? ¿O para conocer el amor tenés que conocer el desamor? 

—No, viene desde otro lado. Viene en realidad desde donde despierta la conciencia. No lo digo yo, lo dice Carl Jung. Haber atravesado la oscuridad tiene un despertar de conciencia más profundo que alguien que no lo hizo. Es como algo más macro. No es que alguien tiene que ser torturado para después ser feliz. Tiene que ver con cómo uno despierta su conciencia y cómo se conecta más con uno mismo después de haber atravesado cierto periodo de oscuridad, cualquiera sea. Tampoco ser hipertraumático. Y no concibo que vos valorás algo cuando lo perdés.

—La canción "Mundos paralelos" habla de un sentimiento de euforia y de desolación. ¿Te pasa seguido vivir en los extremos?

—Es una manera de contar mis estados de ánimo. Y yo tengo esa particularidad: tengo (estados de) euforia y desolación en diferentes momentos del día, y muy pegados. Soy demasiado exigente conmigo y vivo quizás pequeñas desilusiones como una desolación tremenda y como una tragedia. Mi trabajo es acortar ese rango entre la desolación y la euforia y estar menos bipolar.