Fidel Nadal. Apenas se escucha o se lee su nombre, surge la asociación con el reggae: es uno de los máximos referentes locales de este movimiento. Con una amplia trayectoria en el mundo de la música, en 2016 lanzó su disco Tek a Ship, grabado en Jamaica, el país donde nació el género. Para esta producción, Nadal tuvo la colaboración de Phrasel, quien fuera saxofonista de Bob Marley. Y otra curiosidad: el material se lo presentaron a un empresario de Miami y el hombre dijo que estaba mal hecho, a pesar de que Tek a ship ya era uno de los discos más escuchados.

En Fidel se destacan sus letras, que hacen referencia a la resistencia contra la opresión del blanco y al regreso de los negros a África, lo que está ligado con sus orígenes. Proveniente de una familia culta donde se hablaba de Mandela, de madre escultora, pintora y estudiante de antropología, y con un padre, Enrique Nadal, que escribía en una revista con Pérez Seri.

Además de su historia y de sus raíces -aún fantasea con la idea de vivir en África-, el cantante de chico fue discriminado. Y en la adolescencia rebelde comenzó su pasión por la música: escribía sus canciones a la salida del colegio. Ya tiene 18 discos solistas, muchos premios ganados, miles de espectadores en cada show que brinda. Porque Fidel Nadal logró superar todos los obstáculos y llegar adonde siempre soñó hacerlo con la música.

—¿Tu familia te dice algo porque no estás mucho en tu casa?

—Van a ser 27, 28 años que me dedico a esto: ya mi vida es así. Mis hijos ahora son grandes y no estuve en muchos de sus cumpleaños, en muchos momentos que por ahí hubiera querido estar. Pero cuando te dedicás a esto, a veces te toca. Ahora no tanto, pero antes, por ejemplo, me tocaba un mes, dos y hasta tres meses, y me la rebuscaba por mi cuenta. Es difícil, pero si te lo tomás difícil es peor… Entonces uno trata de recurrir a lo que lo ayuda a seguir adelante y enfocarse en lo que tiene que hacer. No sé si lo elegí para mi vida sin querer, pero es lindo poder hacerlo y yo estoy muy agradecido.

—Muchas de las letras de este disco tienen que ver con las primeras que escribiste, cuando recién arrancabas. ¿Volviste a tus orígenes a la hora de escribir?

—Sí. Las letras siempre tienen su profundidad; desde la más tonta hasta la que tiene mayor contenido, o que dice más cosas o es más poética, que aporta más: más politizada, más social. No sé cuál es la mejor letra, la de amor o la historia de vida. Pero creo que todas las letras tienen su profundidad. Todas. Depende del momento por el que estés pasando, cualquier canción y letra que escuches te puede llegar de forma distinta: si estás triste, enojado, contento. Las letras a veces te llegan, a veces no. Pero siempre van a estar ahí: una canción la escuchás ahora, hace diez años, la escuchaste cuando eras chico. Y la misma letra va teniendo diferente significado.

—Una canción dice: "El tiempo es algo crucial".  ¿Para qué es crucial el tiempo?

—Bueno, sin ponerme muy filosófico, el tiempo es lo único que vale. Porque cuando el tiempo se acaba, por más que tengas todas las otras cosas, tu vida termina. Entonces es algo muy valioso. La vida es muy valiosa. En el caso de esa canción, es un tema un poquito fuerte porque dice que el tiempo que estamos viviendo hoy es difícil, crucial, no es cualquier cosa. No está todo bien en el mundo, no es todo color de rosa, sino que toca varias tragedias que están pasando a nivel social: desde una marcha por conflictos glaciales en Estados Unidos a las calles de Jamaica; el volcán que explota en Chile; un montón de cosas que pasan en muchas partes del mundo. Y uno no es que está ajeno, y tampoco tendría que acudir a todos los lugares, pero como que la vida sigue igual, con su cotidianidad. No es que se para el mundo cuando bombardean Siria; todo va a seguir igual. Entonces se reflexiona un poco sobre ese aspecto. Pero no es una letra que está escrita sobre un papel sino que también tiene una melodía, y eso hace que se abarquen un montón de sensaciones al cantarla y darle un ritmo. Esa es la facultad que tiene la música de abarcar muchos aspectos y significar muchas cosas con los sonidos y las palabras juntas. Y por eso una canción les puede a dos personas que tengan ideas diferentes.

—¿Hay algo en particular que te preocupa hoy del mundo? 

—Son muchos años de preocupación. Hay un montón de temas que preocupan, como por ejemplo las guerras. ¿Cómo pueden existir las guerras en el mundo? Con tantas leyes que hay en todos los países, que se puede hacer esto, que no se puede hacer lo otro, pero sin embargo un país le puede declarar la guerra a otro y nadie lo puede parar porque el tipo tiene más armas. Entonces termina siendo una ley del más fuerte, no una ley de una lógica o de algo razonable. Porque ninguna ley que haya, ni siquiera la de los Derechos del Hombre, que es una ley universal, se hará respetar si no se tiene atrás una bomba atómica más grande que la de otro país.

—Otra canción tuya, "Mucha presión", habla de la represión. ¿Creés que todavía vivimos con problemas de represión y discriminación?

—Sí. Obviamente sí. Y no sé si alguna vez se va a salir de todo eso. Uno apunta a que creer que sí, ¿pero quién lo va a ver? No sé si nosotros o nuestros hijos, o nuestros nietos. Por otro lado parecería ser que el sistema, la gente, los pueblos, las ciudades, los países, el hombre no podrían vivir sin esas cosas. Parece algo que viene de los comienzos de los tiempos, y así se va a quedar hasta el final. Con esto no quiere decir que hay que dejar de luchar porque eso sería como estar muerto, y es lo peor que puede pasar. Pero sigue pasando.

—En algún momento, de chico, quizás ahora, ¿sufriste discriminación?

—Sí.

—¿Cuándo?

—El más épico: en jardín de infantes. Me llevó mi papá. Yo tenía dos o tres años y le dijeron que no había vacantes. Mi viejo dijo "Muchas gracias" y se fue. Pero bueno, él olía más o menos de qué se trataba todo el racismo. Fue a buscar a mi mamá y le dijo, como mi mamá es blanca, que fuera con un amigo. Fue mi mamá con el amigo blanco, le dijeron que querían inscribir a su hijo, y le dijeron "Sí, ¡cómo no!", y abren el libro para la inscripción. Entró mi papá y les dijo: "Lo que hicieron fue discriminación, ella es mi esposa y ustedes me discriminaron, soy periodista, esto se va a saber y los vamos a denunciar". A raíz de esto hicieron dos o tres entrevistas en varias revistas de la época. Algunas las tengo por ahí. Eso fue en los años 60. 67 o 68…

—¿Tu papá era periodista?

—Era periodista y era cineasta. Un montón de cosas.

—Dos padres muy cultos porque tu mamá también era…

—Antropología era lo que estudiaba ella. Y bueno, es pintora también.

—¿Qué opinaban tus padres cuando les dijiste que querías dedicarte a la música?

—Al principio no les gustó para nada porque cuando yo empecé, la música que hacíamos era punk rock mezclado con reggae, con otras cosas. Y las letras eran todas de protesta. Mis padres coincidían en muchas de las cosas que yo decía en las letras, pero no les gustaba cómo yo canalizaba toda mi rebeldía: la forma en que me vestía, las cosas que hacía, toda mi actitud y un montón de cosas. Más que nada se preocupaban por mí, por mi futuro, qué iba hacer de mí, lógica y naturalmente por ser mis padres. No les gustaba para nada que yo sea cantante.

—¿Era mal visto?

—Sí, muy mal visto. Aparte era muy diferente, no sé cómo decirte: era muy antisocial, marginal… Un montón de cosas. Yo le digo a mi mamá: "¿Te acordás que no querías caminar conmigo en la vereda por la forma en la que me vestía, y ahora los millonarios se visten como yo me vestía en esa época?". El tiempo cambió muchas cosas, pero en ese momento no me apoyaron para nada y yo era muy cabeza dura. Seguí, seguí y seguí. Con el paso del tiempo no les cabió otra, fui creciendo y veían que iba para acá, para allá. Con las primeras apariciones en televisión empezaron a respetarme y hasta a sentirse contentos, y hasta empezaron a venir a los recitales.

—¿Es un camino que le recomendarías a tu hijo?

—Uh. ¡Qué pregunta! Yo lo que le recomendaría es que haga lo que él ame, lo que sea su pasión, y así va a pasar una buena vida porque siempre su trabajo va a ser algo agradable para él. Eso me gustaría. No porque yo sea cantante quiero que mi hijo también sea cantante. Sí me gustaría, y se lo recomendaría porque no es nada malo, pero sólo si es lo que ama y lo que a él le gusta.

—¿Qué es lo más difícil que tuviste que afrontar en todo este tiempo con esta carrera?

—Uff. Yo creo que lo más difícil es, como siempre, la lucha con uno mismo. Uno piensa que lo más difícil son los obstáculos de afuera, o sea, salgo yo con mi canción, voy con mi disco a la compañía y espero que me acepten; después, que suene en la radio y después espero que llegue al número uno. Llega. Después espero ganarme un Grammy; me gané el Grammy. Y ahora quiero otro Grammy, y espero ir a cantar a no sé dónde… La lucha por eso es lo más difícil en la música, pero no. Lo más difícil es uno mismo: cómo piensa, lo que va sintiendo, porque no todos los días son sábados, también existe el domingo, también existe el martes, y no todos los días son para mí, que yo soy un enfermo de la música y de los recitales. No vivís arriba de un escenario. ¿Qué hacés con todo eso? ¿Cómo manejás tu vida en relación a la música? Porque la música te ocupa mucho, te ocupa 24 horas, no es sólo en el momento en el que agarrás la guitarra y hacés "la la la la", sino que todo el tiempo estás pensando, estás como muy concentrado en eso. Llevarlo a lo cotidiano es lo más difícil. Cuando uno puede balancear eso, le va a ir muy bien.

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