Simón es un chico de 17 años con una familia que lo ama y todo lo que pueda querer o necesitar al alcance de la mano. Sin embargo, algo lo preocupa: es gay y no sabe como decírselo ni a sus padres, ni a sus amigos. Él siente que revelar su verdadera esencia causará el rechazo y las burlas de todos a su alrededor. Cuando comience a ser extorsionado por alguien que ha descubierto su "secreto", su vida cambiará radicalmente y deberá luchar contra sus propios prejuicios.

A diferencia de otras historias que han tocado temas similares y se desarrollan en ámbitos escolares, con tintes más trágicos, Yo soy Simón es una comedia luminosa, que en su tono casi naif, revela algunas de sus muchas virtudes. Sin la necesidad de apelar a escenas crudas o de extremo bullying, el filme deja claro su mensaje sobre la inclusión y la aceptación de la propia identidad.

La modernidad de la puesta y los escenarios no impiden que la película remita a clásicos de los ochenta como El Club de Los Cinco, un filme al que Greg Berlanti parece homenajear en más de una secuencia.

Este atractivo exponente del género "coming of age" cuenta con todos los tópicos que se esperan: un protagonista empático (fantástica labor de Nick Robinson); una amiga confidente; profesores variopintos y padres preocupados por el bienestar de sus hijos. Pero jamás cae en la caricatura y los estereotipos, luce natural y creíble.

Cálida, encantadora, la película es un clásico instantáneo con la que nuevas generaciones de espectadores se sentirán identificados, emotiva, sin caer en golpes bajos. Todos somos Simón.

Mi calificación: 8 puntos

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