El Zorrito Von Quintiero recordó cómo fue su primer ensayo con Charly García: “Hay que pagar derecho de piso”

El tecladista recordó su llegada a la banda del reconocido artista. Los nervios, el humor y la exigencia de un ídolo que transformó cada momento en una lección de vida y música

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En plena emisión, el reconocido tecladista habló sobre su experiencia con una de las grandes figuras de la música argentina

Charly García es una de esas figuras que no solo marcaron un antes y un después en la música argentina por su talento, sino también por su particular manera de entender el trabajo en equipo. El genio creativo que forjó discos, grupos y momentos históricos también supo dejar una huella imborrable en quienes compartieron proyectos y escenarios con él. Eso fue lo que recordó recientemente Zorrito Von Quintiero, uno de los tecladistas más reconocidos de la escena local, al pasar por el ciclo Vuelta y Media (Urbana Play), conducido por Sebastián Wainraich.

Durante la charla, Wainraich puso sobre la mesa una de las cuestiones más intimidantes para cualquier músico: “Una cosa es ir a tocar la batería con Charly, otra es ir a tocar el teclado cuando él es pianista...”. El Zorrito, sin rodeos, admitió: “No, es tremendo”. Y el conductor, entre risas, repitió: “Tremendo”. El músico confesó que no estaba preparado para lo que vendría. El relato de Von Quintiero sobre su primer ensayo con Charly tiene todos los condimentos de una anécdota de iniciación. “Imaginate que el primer día que fui me citó en la calle Coronel Díaz y toqué el timbre con unos nervios, con un cag… Me atendió Quebracho (Rodríguez), que era su gran asistente de escenario, su plomo. Con esa onda de: ¿Quién sos vos?”. El ambiente, lejos de ser distendido, imponía respeto. “Acá hay que pagar derecho de piso”, recordó.

Zorrito esperó casi dos horas hasta que apareció García: “Apareció todo fresquito, bañadito. ‘Hola, ¿qué hacés? Bueno, vamos a tocar Demoliendo hoteles’, así, sin anestesia”. Wainraich le preguntó si la sabía, y el Zorrito fue honesto: “Sí, yo la sabía”. La presión de empezar con un clásico y en ese contexto era enorme.

El ensayo fue solo el comienzo de una experiencia que, con el tiempo, se transformaría en aprendizaje intensivo. “A la semana ya nos citó en la sala de la calle Humboldt, donde ensayamos para presentar parte de ‘La religión’ durante 30 días, todos los días. Un ensayo duró 20 horas. Desde las cuatro de la tarde hasta el mediodía siguiente”, relató el tecladista, todavía sorprendido por la intensidad de aquellas jornadas.

El conductor no pudo evitar reírse ante semejante locura: “Guau… No, me imagino, durísimo”. Von Quintiero confirmó que fue “duro”, pero valió la pena: “La banda salió afiatadísima”. Sobre la dinámica interna, Wainraich preguntó si en algún momento alguno se animaba a pedir una pausa: “¿Y no se le podía decir: ‘Charly, ¿paramos?’?”. El Zorrito fue tajante: “Nada. Miedo. Terror”.

El clima, sin embargo, nunca fue hostil. Von Quintiero lo aclaró: “Él siempre con buen humor, pero no se jodía. Disciplina total”. Lejos de la imagen de descontrol y caos que muchos pueden asociar a Charly, el tecladista resaltó la exigencia y la seriedad con la que el músico encaraba los ensayos: “Se tocó mucho. Realmente nos enseñó a tocar en vivo al ritmo y al estilo de él. Acá se acelera, acá se baja”.

El testimonio de Zorrito Von Quintiero sirve para desmitificar cierta narrativa instalada alrededor de Charly García. Si bien la leyenda del rock argentino es conocida por sus excentricidades y su vida fuera de lo común, puertas adentro del estudio o de la sala de ensayo, la disciplina, el rigor y el profesionalismo eran la norma. Ni los músicos más experimentados podían relajarse: la vara siempre estaba alta y el aprendizaje era constante.

Así, cada historia que se suma al universo de Charly García no solo alimenta el mito, sino que ayuda a comprender por qué, más allá del personaje, el artista sigue siendo el número uno para quienes tuvieron el privilegio y el desafío de tocar a su lado.