Después de mucha espera, y en medio de un clima de fiesta, Bad Bunny inició este viernes su serie de tres conciertos en el estadio de River Plate, lo que marca su regreso a Buenos Aires en el punto más alto de su carrera. A la hora señalada, Benito Antonio Martínez Ocasio dijo presente en el Monumental con un elegante look. Detrás de sus lentes oscuros, sus ojos no dejaban de sorprenderse por el cariño del público argentino en los primeros minutos del show.
Bad Bunny aparecía de pie sobre el escenario iluminado con luz dorada intensa que generaba reflejos cálidos sobre su atuendo. Llevaba un traje de color crema compuesto por un saco de corte amplio y estructurado, con doble botonadura y solapas anchas, acompañado de un pantalón del mismo tono y caída recta. Debajo vestía una camisa clara y una corbata a juego, sin detalles visibles. Además usaba lentes oscuros de marco fino y mantenía su cara seria, con el pelo corto y peinado hacia atrás.
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Mientras miraba asombrado hacia todas las esquinas, el público gritaba su nombre. Fue entonces cuando el joven sonrió, dio un paso adelante, y tomó el micrófono. Luego de agradecer a su público, dio inicio al espectáculo. “Callaíta”, “BAILE INoLVIDABLE”, “NUEVAYoL” y “No Me Conoce”, fueron algunos de los primeros temas que sonaron.
Para esta última canción, el cantante se dirigió a la casita, el segundo escenario del show. Allí, desde el techo de la estructura, Benito cantó luciendo una camiseta argentina, con el número 19, inspirado en los inicios de Lionel Messi en la Selección.
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El puertorriqueño arriba al país tras obtener el Premio Grammy al Álbum del Año con un disco íntegramente en español y deslumbrar en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl.
La expectativa en torno a sus presentaciones en el Monumental crece entre sus seguidores, quienes aguardan el reencuentro del músico con el público argentino. Los conciertos se llevarán a cabo los días 13, 14 y 15 de febrero como parte de su gira DeBí TiRAR MáS FOToS World Tour, en uno de los recintos más emblemáticos del continente.
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La llegada de Bad Bunny a la ciudad ocurrió el pasado martes, poco antes del amanecer. Se alojó en un hotel de Recoleta y desde el primer momento mantuvo un perfil bajo.
Esa noche, el artista salió a cenar en NESS, un popular restaurante de fuegos en el barrio de Núñez, dirigido por el chef Leo Lanussol. Allí degustó especialidades argentinas como chipirón con huancaína negra y expresó su aprecio por el pan a las brasas al afirmar: “sacame esto que es un vicio”, según relató el chef.
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La experiencia gastronómica incluyó la selección de vinos argentinos de regiones como Jujuy, Patagonia, San Juan, Mendoza y Salta. El músico decidió sumar dos botellas a su colección.
Durante su segunda noche en la ciudad, Bad Bunny reforzó el hermetismo. Se dirigió a un restaurante exclusivo de alta cocina en el Pasaje Suizo de Recoleta, acompañado por un equipo de seguridad y procurando pasar inadvertido con un conjunto oscuro, buzo con capucha, gorra y lentes.
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La logística fue precisa: parte de la seguridad descendió primero de una camioneta de alta gama. Luego, el cantante ingresó al local, evitando la exposición al público y las cámaras. Su pareja, Gabriela Berlingeri, llegó después, vestida de negro y escoltada por el equipo.
El restaurante de alta gama ofreció al artista un menú de degustación de varios pasos con creaciones como carne Angus sobre taco de alga ulva, bocados marinos originales y postres en un comedor privado de la primera planta.
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El perfil discreto adoptado por el cantante responde tanto a motivos de seguridad como al deseo de resguardar el ambiente previo a los conciertos. Fanáticos se congregaron en los alrededores del hotel y en las inmediaciones de Recoleta, atentos a cualquier actividad de Bad Bunny o su entorno durante sus escasas apariciones.
El regreso del artista a la Argentina representa la evolución de un vínculo que comenzó en 2017, cuando actuó en clubes del área metropolitana, y siguió en 2022 con dos recitales multitudinarios en Vélez. Ahora, con tres noches en el Monumental, la expectativa entre el público argentino es inédita.
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La proyección internacional de Bad Bunny, reforzada por su reciente obtención del Premio Grammy y la actuación en el evento deportivo más visto del mundo, incrementa aún más el interés de sus seguidores locales. El músico eligió la capital argentina para estrenar en vivo una renovada colección de éxitos ante una audiencia multitudinaria.
Incluso en actividades cotidianas como una cena privada, el artista evidencia que cada detalle es cuidadosamente planeado. El regreso a Buenos Aires se vive como un acontecimiento que trasciende la música, reflejando la magnitud y el rigor con que Bad Bunny afronta cada paso dentro y fuera del escenario.
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