
El reconocido chef Christian Petersen atraviesa una recuperación lenta y transformadora tras sufrir una descompensación en una excursión al volcán Lanín, episodio que lo llevó a una internación y a replantear el ritmo de su vida. Desde que recibió el alta médica el martes de la semana pasada, compartió con sus seguidores detalles de su día a día en San Pedro, provincia de Buenos Aires, eligiendo el contacto con la naturaleza y la tranquilidad del campo como refugio y motor para sanar.
En una charla exclusiva con Teleshow, habló de cómo lleva adelante su rutina diaria. “Sin voz pero por suerte en lo personal mejorando. Caminando un poco”, contó. Sus palabras, breves pero elocuentes, reflejan el momento exacto en que se encuentra: la voz ausente, consecuencia del proceso físico que todavía atraviesa, y el esfuerzo medido de retomar la actividad física, paso a paso, en medio de la paciencia y la introspección.
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En uno de sus videos recientes, se lo ve más delgado, caminando con calma mientras riega las plantas entre canteros elevados. El ritmo pausado y la serenidad que transmite no pasan inadvertidos para quienes lo siguen. Él mismo lo resume en una frase: “Un guerrero en el jardín... Regenerando, día a día”. La elección musical para acompañar esas imágenes —la canción “Just a friend” del rapero Biz Markie, compuesta en 1989— agrega un matiz de nostalgia y resiliencia. ¿No será que detrás de cada recuperación se esconde, también, una reinvención?

Las imágenes que comparte son un testimonio visual de lo que atraviesa: la figura más estilizada, el andar sosegado, el contacto directo con la tierra y los frutos que cultiva. Pero hay más. En otra de sus publicaciones, el chef elige una cita de H Thoreau para acompañar el posteo: “Cuando estás tranquilo y preparado, encuentras una compensación en cada decepción”. La frase, escrita en letras negras sobre fondo blanco, resuena como un mantra entre quienes lo leen.
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El cambio de hábitos es tangible. En una de las fotografías, muestra su mano izquierda, adornada con una pulsera roja de hilo y un reloj digital. A su lado, un mate, un libro titulado “Los italianos” y una libreta de corcho. La escena, capturada en la luz suave de la mañana, destila intimidad y recogimiento. El mensaje que acompaña la imagen es revelador: “Buen día, buen todo. Solía usar mi reloj para entrenar más y mejor. Ahora lo uso para ver cómo voy recuperando y cuánto me cuesta cada esfuerzo”. El reloj, que antes medía logros deportivos, hoy es aliado para controlar el pulso de la salud. En la pantalla, un dato: 76 pulsaciones por minuto. Cada número, cada gráfico, es ahora una forma de escucha y de paciencia.

No es la única confesión que deja el chef. A esas palabras suma otra frase que golpea con dulzura: “Una fresca y suave soledad…”. Hay aceptación en la voz de Chris, pero también una invitación a valorar el silencio, el tiempo propio, la introspección. El volcán Lanín, escenario de la descompensación, queda como telón de fondo, símbolo de los desafíos extremos y de las lecciones que solo se aprenden al borde del abismo.
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A través de sus historias de Instagram, el cocinero revela una cotidianeidad distinta: ya no están el vértigo de la cocina ni la búsqueda del rendimiento máximo en la aventura. Ahora, el foco está en los pequeños gestos, en los avances mínimos, en la construcción paciente de la salud. “Buen día, buen todo”, saluda a sus seguidores, marcando el pulso de días en los que cada esfuerzo cuenta y cada logro —por pequeño que sea— merece ser celebrado.
La rutina del chef se redefine: riega las plantas de su huerta, selecciona verduras y hortalizas para sus restaurantes, y mide cada paso con la honestidad de quien sabe que la recuperación no es una carrera, sino un camino de autoconocimiento. La frescura del campo, el mate, los libros y la libreta de notas son ahora insumos tan vitales como los ingredientes de una receta.
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Sus seguidores encuentran en sus publicaciones no solo el testimonio de una recuperación física, sino también una invitación a repensar el propio ritmo, a valorar lo elemental y a descubrir, en medio de las decepciones, las compensaciones invisibles de la vida. La cita de Thoreau, la huerta, el reloj, el mate y la soledad elegida componen la crónica de un hombre que, tras tocar fondo, se levanta y elige —día a día— volver a empezar.
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