Benjamín Vicuña a puro relax de Punta del Este: la tarde de playa con su hija Magnolia y su novia

El actor fue captado por la lente de Teleshow en busca de calma, después de un año de fuerte impacto mediático. Las postales de familia ensamblada con Anita Espasandin y la niña que tuvo con la China Suárez

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Instante de relax y charla:
Instante de relax y charla: Benkamín, Anita y Magnolia comparten miradas y gestos en la arena (RS Fotos)

El verano en Punta del Este es, una vez más, escenario de encuentros, rumores y miradas que buscan descifrar lo que ocurre entre las dunas y la espuma. El actor Benjamín Vicuña eligió el balneario uruguayo para recibir el año, acompañado por su hija Magnolia (fruto de su relación con la China Suárez) y Anita Espasandín, con la intención de disfrutar de las fiestas y de unos días de descanso, sol y mar. La noticia se vuelve aún más resonante al saberse que, a pocos metros, en el mismo paraíso de arenas blancas, se encuentra Pampita. Y esa atrayente e inevitable sensación que genera que dos universos paralelos rocen el mismo destino de verano.

Las playas de Uruguay se transforman en un tablero donde cada movimiento es observado. La llegada del actor chileno reaviva la curiosidad de quienes siguen la trama de las celebridades. No es solo su presencia la que genera preguntas, sino los pequeños gestos, los silencios y las coincidencias geográficas.

Juegos en la arena: Anita
Juegos en la arena: Anita Espasandín observa mientras Benjamín Vicuña y Magnolia se entregan a la risa y el juego, en una escena de pura complicidad familiar bajo el cielo esteño

En ese escenario, las imágenes capturadas son un testimonio del bajo perfil que intentan mantener. En una de las fotografías, Anita, con cabello rubio suelto, protegida por unos grandes lentes de sol y un vestido largo calado en tonos crudos que permiten adivinar la bikini de color azul pastel, acompaña a Magnolia. La niña viste una bikini rosa y un kimono largo en tonos suaves de verde, rosa y blanco, cuyos amplios bolsillos y mangas sueltas la envuelven como un capullo. Ambas caminan descalzas sobre la arena, entre reposeras blancas, casi vacías y sombrillas, mirando a su alrededor con calma.

A los pies de una de las reposeras descansa un bolso de gran tamaño de color marrón, abierto, con lo que parece ser una toalla en su interior. El viento, cómplice de la escena, juega con el cabello de la mujer y agita el kimono de la niña. Parecen indiferentes a los murmullos que saben que despiertan entre quienes observan la escena.

Un abrazo frente al mar:
Un abrazo frente al mar: la pareja se funde en un gesto de cariño, en un atardecer que invita a la intimidad y el reencuentro

En otra de las imágenes, la complicidad se hace más evidente. Anita posa una mano sobre la cabeza de la niña, mientras la pequeña, aún envuelta en su kimono, extiende los brazos con naturalidad. Detrás, las sombrillas blancas ofrecen sombra a las reposeras, pero ellas permanecen al sol, en una suerte de burbuja familiar. Los detalles del vestido calado, la pulsera roja en la muñeca de la mujer y el cabello despeinado por la brisa hablan de una jornada auténticamente playera.

En otra de las fotografías se cambia el eje: sentado en la arena, con el torso desnudo y unos lentes oscuos, Benjamín sostiene una gorra entre las manos. Sus tatuajes se asoman en el brazo izquierdo. El mar, de fondo, impone su ritmo a la escena, con olas blancas y espuma que casi llegan a los pies de los protagonistas. El actor parece absorto, concentrado en el sencillo acto de acomodar la gorra. ¿Es posible realmente el anonimato en una playa donde cada detalle tiene potencial de titular?

Mano a mano con el
Mano a mano con el verano: la pareja y la niña recorren la orilla, descalzos y al natural, disfrutando del sol y el mar de Punta del Este.

La última imagen condensa el espíritu de la jornada. De espaldas al mar, la pareja se abraza. Ella apoya el rostro en su hombro, en una demostración de afecto discreta pero inequívoca. La brisa, el murmullo de las olas, el horizonte difuso: todo parece conspirar para sellar un instante íntimo en medio del bullicio de la temporada alta.

Las imágenes y los pequeños gestos, los juegos en la arena, los abrazos al borde del agua, forman el retrato de una familia que busca refugio en lo cotidiano, aun bajo la mirada de quienes no dejan de preguntarse si es posible desconectar cuando el verano se convierte en una pasarela de miradas y expectativas.