El presente de Wanda Nara parece estar marcado por los éxitos y los nuevos desafíos profesionales. A pocos días de volver a la pantalla chica como conductora de MasterChef Celebrity (Telefe), la empresaria disfruta de un gran momento en lo laboral. Sin embargo, la felicidad pública no logró opacar los desafíos y dolores que atraviesa en su vida personal, sobre todo en medio de la conflictiva separación de Mauro Icardi. Entre flashes y rumores que nunca terminan, Wanda se animó a mostrarse sin máscaras en La divina noche de Dante (El Trece), donde abrió su corazón y compartió los detalles más delicados de su duelo sentimental.
Durante una charla íntima con Dante Gebel, Wanda se sinceró sobre el quiebre definitivo con Icardi, que puso fin a una relación de casi una década y la obligó a repensar sus prioridades en un país lejano y con un mundo de responsabilidades a cuestas. “Me costó mucho salir de mi relación, me resultó difícil salir de esa relación. Fueron tres años muy duros en los que intenté resguardar a mis hijos… Yo quería taparles todo, yo estaba viviendo mal en Turquía, que era un país lejano con otra cultura. Yo había hecho todo para irnos a vivir ahí y sentía la responsabilidad, fue mucha presión y en ese momento no pensaba en mí, pensaba en los chicos, en el club, en todos…”, confesó la conductora, dejando ver la vulnerabilidad de una mujer que, puertas adentro, solo pensaba en proteger a su familia.
La culpa y el deber como madre fueron el gran motor y, al mismo tiempo, el principal tormento de Wanda durante el final de aquella etapa. Entre lágrimas admitió: “Sentía culpa por haber encontrado ese destino y de haberles quitado a mis hijos la posibilidad de vivir en familia de manera tradicional”. Y sumó: “Me costó mucho la decisión de haberme ido, de haberle sacado a mis hijos la posibilidad de vivir en la familia de Peppa Pig o de Los Simpson. Mamá, papá y los chiquitos, pero mis hijos son de esta era. Tienen otra cabeza y la que tenía la cabeza antigua de aquella época de mi abuela, que se murió con mi abuelo con 60 años de matrimonio, soy yo, no ellos”.
La entrevista, lejos de detenerse en lo sentimental, también abordó su costado más difícil: su salud. Entre lágrimas, la empresaria recordó cómo vivió el momento en el que recibió el diagnóstico. “No terminaba de entender lo que me pasaba. Porque nadie me lo terminaba de confirmar, nadie me lo quería decir. Hasta que no te hacen la punción de médula, que tarda, y después tienen que llegar los estudios, creo que viajaron a Estados Unidos y nadie te puede decir nada. Hay diferentes clases y niveles y tratamientos, tampoco te pueden garantizar nada porque la salud no es exacta. De hecho, a mí han cambiado los tratamientos. Hoy estoy bien, yo creo mucho en Dios”, relató con la voz quebrada.
Gebel entonces quiso saber cómo la sostuvo su fe en ese momento de tanta incertidumbre. Wanda no pudo seguir, “Pedía mucho por los chicos. Cuando sos mamá es lo único que te importa...”, alcanzó a decir antes de quebrarse y tener que tomar un pañuelo para secar las lágrimas. Tras unos instantes, el conductor le preguntó si sus hijos sabían lo que estaba pasando y la empresaria, recuperando la voz, explicó: “No, porque en realidad no se sabía todavía, entonces, no les podía decir. Los más grandes se encerraron en un baño y no querían salir. Era como pedirle a los papás de los chicos que sean presentes. Yo soy una mamá que está 24 horas con el teléfono. Ya es raro para mí no tenerlo acá. Es como que me falta algo en la mano y es porque estoy constantemente comunicada con cada cosa, con cada deseo de ellos”.
La reflexión sobre lo vivido llegó de la mano de las prioridades que impone atravesar un momento tan extremo. “Yo siempre fui que nunca me solía importar mucho lo que decían de mí. Zaira siempre me dice: ‘A mí me llega a pasar esto y me muero, no aguanto, me estreso, no lo tolero’. Yo era como que todo me importaba un bledo y ahora menos. Realmente le doy mucha más importancia a los momentos importantes. Nos puede tocar a cualquiera. Y te recuerda las prioridades exactas de la vida. Me acerqué mucho más a mi papá, que estaba alejada. No me empezó a importar lo que antes quizás era terrible para mí. Es como que ahora le encontrás más el sentido a cada día. Vivir la vida”.
Así, en el umbral de un nuevo ciclo televisivo y dispuesta a enfrentar lo que venga, Wanda Nara se muestra tan exitosa como vulnerable, tan fuerte como humana, priorizando lo esencial y volviendo a reordenar su mundo: los hijos, la familia, la salud y la honestidad brutal con la que encara cada historia. Donde muchos ven solo polémica y pantalla, la empresaria reafirma que detrás de cada escándalo, hay una vida real, con luchas y aprendizajes verdaderos.
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