
Y finalmente, 162 días después, se escribió el último capítulo de Gran Hermano 2022. Desde aquel lunes 17 de octubre cuando Santiago del Moro, al frente de la conducción, presentó a cada uno de los participantes hasta la noche del lunes, cuando se apagaron las luces de la casa, pasó de todo: amores, discusiones, traiciones, venganza y amistad. Es que a esta décima edición del reality de convivencia y estrategias no le faltaron condimentos y se convirtió en un suceso, el programa más visto de la televisión argentina durante los cinco meses que estuvo al aire y, como era de esperar, tuvo su gran final a la altura, con picos de 31 puntos de rating.

Para no desentonar con la expectativa y la emoción que tuvieron las galas de eliminación de cada domingo donde un participante abandonaba la casa, Telefe preparó para su nave nodriza una noche inolvidable, en la que cerró con broche de oro -y lluvia de papelitos dorados- el retorno del ciclo a su pantalla. Con los 19 participantes que pasaron por el programa unidos en el piso, pese a todo tipo de enfrentamiento, y con un contundente ganador, que fue elegido con el 70% y 5,5 millones de votos sobre un total de ocho millones.
La fiesta comenzó en la calle cuando aún era de día y pese a que el programa estaba anunciado para las 22.30. Ya desde las 18 los fanáticos de los tres finalistas se juntaron en la intersección de las calles Fleming y Entre Ríos, en el barrio de Martínez, para alentar a sus candidatos y con la esperanza de poder ingresar al estudio o al menos, sacarles una foto desde la tribuna que se armó en la puerta o tan solo tocarles la mano a su paso. Así se pudieron ver desde temprano carteles, banderas y remeras con la cara de Marcos Ginocchio, Julieta Poggio y Nacho Castañares. “Somos varias hermanas, todas fanáticas de Juli”, cuenta una chica que sostiene una bandera rosa que propone “fuera malas vibras”, la frase que la joven de 21 años repetía para ahuyentar las energías negativas de sus compañeros.

En el interior, el clima también estaba caldeado porque los exhermanitos comenzaron a llegar con el propósito firme de hacer campaña por alguno de sus compañeros. Se sabe, las horas finales en el proceso de votación son vitales y hasta pueden llegar a torcer el rumbo del resultado. Tras desfilar por una alfombra azul estratégica para que los fotógrafos pudieran captar sus looks y los fanáticos, saludarlos, se encontraron en el hall del canal. “Vengo a apoyar a la Princesa”, dijo Daniela Celis en diálogo con Teleshow. La mejor amiga de Julieta ya había organizado el fin de semana una juntada de apoyo a la actriz y bailarina en una plaza de Devoto, de la que también participó Romina Uhrig, acompañada por sus hijas.
“Acá estamos, con todo lo último, muy emocionados. Y para mí gana Marcos, es indiscutido”, dijo el Conejo. Alexis Quiroga se refirió también a su paso por la casa, el cariño que recibió de la gente y se ilusionó con lograr una permanencia en los medios. “Llegan cosas y estamos evaluando propuestas. Ojalá me pueda dedicar a esto que tanto me gustó”, aseguró quien dentro de la casa se llevó no solo fama y seguidores, sino también el amor de Constanza Coty Romero.

A una hora de que comience la gran final de Gran Hermano, las tribunas del estudio estaban colmadas y el clima era el de un estadio de fútbol: familiares, amigos y seguidores alentaban por uno o por otro. “¡Ay ay ay ay, no tengas miedo, podés cantar!”, provocaban los amigos de Nacho al resto, hasta que de pronto obtenían respuesta y se armaba un ida y vuelta de gritos y cantos entre familiares.

El merchandising de la noche entre el público fue de lo más diverso. La familia de Julieta Poggio llevó una figura de cartón en tamaño real con la silueta de la joven y globos rosas con las letras de su nombre; no faltaron ni su mamá, Pato, ni sus hermanas; tampoco su novio, Lucca. Los amigos de Nacho fueron vestidos de traje para acompañar a Rodolfo -quien no paró de alentar a su hijo- y a la abuela Tesi, quien lloró desconsolada casi toda la gala, totalmente emocionada por ver a su nieto convertido en finalista. Los allegados a Marcos viajaron desde Salta para apoyarlo y fueron más simples: llenaron la platea de láminas y carteles. A veces, menos es más.


“Todos a sus lugares”, indica un productor. Los panelistas de El Debate -Sol Pérez, Ceferino Reato, Nancy Pazos y compañía- se ubican al costado del conductor y están tan fascinados como cualquier integrante del público: se sacan fotos y alientan. Los participantes que ya salieron del juego se sientan en el otro extremo y solo resta Del Moro para que se empiece a desentramar la noche que venía con más certezas que dudas. Marcos era el candidato cantado y solo restaba saber quién ocuparía el segundo y el tercer puesto.

Llega la escribana anunciando que ya se realizó el primer corte en la votación, lo que significa que el tercer puesto tiene dueño. Será Julieta quien abandone la casa con el 19.66% de los votos y con su salida la certeza de que ya no ganará una mujer, como suele suceder en este tipo de certámenes que se definen por voto del público. “¡Estoy muy contenta!”, grita eufórica al ingresar al estudio vestida con un diminuto vestido negro de red que no dejaba nada a la imaginación. Abrazo con su familia, beso con su novio, y el reencuentro del tridente que supieron formar con Romina y Daniela. “¿La verdad? Me lo imaginaba: pensaba que era el tercer lugar. Pero estoy feliz”, le dijo al conductor. “Sentate ahí que esto continua. Después hablamos”, le respondió Del Moro luego de abrazarla. Y es que la final de Gran Hermano recién comenzaba y todavía había mucho para ver.

Corte, y todos paran para rearmarse. Mientras la técnica mueve cámaras y reorganiza equipos, un productor anima a la tribuna: “Esto es una final, vamos a darle el mejor clima”. Todos gritan y celebran; restan minutos y esta edición del reality tendrá a su ganador. Julieta mira el sobre con su regalo: un viaje para algún destino del mundo que elija. Pero la verdadera atracción para ella pasa en la tribuna: no puede creer las repercusiones del reality. “¡Juli, te amamos!”, se escucha desde varios sectores y su cara de desconcierto tras cinco meses de aislamiento queda en evidencia. Se acerca su novio, se besan con más dudas que pasión. Seguramente tendrán mucho que hablar en los días siguientes, cuando ella deje el hotel en el que se hospedan los participantes apenas salen de la casa para que su resocialización no sea tan abrupta.

La extensa tanda de anuncios termina y vuelve a ingresar la escribana con el sobre definitivo. Santiago propone esta vez leer el resultado final junto a la tribuna y hasta allí corre. “Quien gana esta vuelta es... ¿lo digo? ¡Vamos a contar!”, anuncia el conductor, invitando a la tribuna y haciendo crecer la expectativa. “10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1...”, enumera, al unísono con los presentes en el estudio y con los millones que seguían la final desde sus hogares. Y entonces una pausa, nudo en el pecho generalizado y su grito, que entre el bullicio apenas se escuchó: “¡¡¡Quien gana esta edición es Marcos!!!”. Y entonces el joven se hunde en el sillón, entre lágrimas, mientras que Nacho lo abraza.

La salida de Nacho fue igual de emocionante como la de su compañera, porque se sorprendió hasta las lágrimas del cariño de la gente, de ver remeras con su cara, y se abrazó con su familia y amigos sorprendido por la cantidad de afectos que colmaron la tribuna. ¿El premio por ocupar el segundo puesto? Nada despreciable: una casa. Y llega así uno de los momentos más esperados: con la valija en una mano y sosteniendo a la perrita Mora con la otra, Marcos observa cómo se van apagando las luces de la casa, ya como flamante ganador del reality. En una escena cinematográfica, que remite a Jim Carrey en The Truman Show, dice: “Adiós, Grande. Te quiero mucho”. “Y yo a vos”, suena la voz en off.
Cuando el campeón ingresó al estudio lo recibieron con dos máquinas que tiraban papelitos, lo que dificultó la visión, pero no pudo opacar el reencuentro del salteño con sus padres, su hermana Valentina y con una misteriosa muchacha a la que muchos señalaron como su novia oculta. Tal vez, el gran secreto que lo perturbaba en la casa. El estudiante de abogacía recibió un cheque con el premio de 15 millones, otro con la actualización de Mercado Pago por 4 millones y la llave de cartón que simboliza la casa propia. “No lo puedo creer. Para mí es un sueño, no creo que sea real”, dijo aún sorprendido.

Y así llegó el final de una noche inolvidable para la televisión local, en una industria que venía perdiendo encendido e interés y que parece haber encontrado en el formato una luz de esperanza. De hecho, dejó la vara y la expectativa tan alta que apenas anunciaron una nueva temporada para fines de 2023 (se estima, será en noviembre) en menos de 24 horas, 12 mil personas enviaron su video presentación buscando una chance para ingresar a la casa más famosa. Habrá reality para rato, mientras tanto, hasta luego. Los vamos a extrañar.

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