
“Si es para salir en tapa, poneme el nombre que quieras”, dijo Carolina Ardohain cuando le propusieron usar el apodo Pampita, para protagonizar la portada de revista Gente. Aunque no le terminaba de convencer, “era raro porque en La Pampa no me decían Pampita” dijo alguna vez, no lo dudó y no dejó pasar la oportunidad. Hacía cinco años había llegado a Buenos Aires con el sueño de ser bailarina del Colón, deseo que se fue transformando a medida que se abrió camino, para convertirse en otro que con la determinación que la caracteriza, logró cumplir.
De un sueño pampeano, a otro llamado Pampita
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Para compartir una actividad con su papá, Guillermo Ardohain, quien falleció cuando ella tenía seis años, empezó de muy chica a tocar el piano. Al ver que era muy inquieta y que no lograban que se quedara sentada y concentrada, sus padres decidieron cambiar de actividad y un nuevo mundo se abrió para la pequeña de cinco años. ”Me iba en colectivo con el rodete. Toda mi infancia era el ballet, mi sueño era estar en las tablas como bailarina del Colón”, dijo el año pasado en un mano a mano con Ángel de Brito.

Luego de nueve años de combinar el colegio con el estudio de danzas, su sueño la trajo a la jungla de cemento, a sus 16, en 1995. Para ese entonces ya había participado de algunos concursos de belleza en su ciudad, pero el objetivo en Buenos Aires era formar parte del staff del Colón.
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Con un bolso con algunas partencias, una FilCar que la orientaba para saber dónde quedaban las castineras y muchas ganas, alquiló a medias un monoambiente con una amiga y no tuvo reparos en remangarse y trabajar de lo que fuera, aunque poco tuviera que ver con lo que ella quería: en un bowling, como promotora y en locales de ropa. Fue justamente trabajando como vendedora para la marca John L. Cook que Pancho Dotto la vio y la convocó para una campaña.
En Buenos Aires y con su familia lejos, la campaña le abrió puertas pero era pan para hoy y hambre para mañana, necesitaba algo más seguro, entonces, con la determinación que la caracteriza, le dijo al representante de modelos que quería más: estar en televisión, con un sueldo fijo. “Cuando la vi por primera vez personalmente pensé que podía llegar a donde llegó, yo hice con Pampita lo que hice por muchas, me di cuenta del talento que tenía, de la magia, de las ganas que tenía, lo perfecta que era físicamente y de su luz propia. Siempre estuvo al la altura de lo que pensé que tenía que dar, siempre di lo máximo y ella también”, dijo Dotto a Teleshow.
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Para ese entonces, el sueño del Colón se iba desdibujando e iba apareciendo el del modelaje. “Vine a rendir y la idea de venir a Buenos Aires era para ese lado pero era muy sacrificado”, dijo alguna vez. A fines de los ‘90, ser tapa de Gente era sinónimo de fama, campañas y trabajo, lo que necesitaba ella a sus veinte años manteniéndose sola y a 612 kilómetros de su casa. Había estado en dos portadas: el concurso de La chiica más linda de la Argentina, donde obtuvo el tercer puesto y otra con una también desconocida por esos tiempos Julieta Prandi, luciendo unos hot jeans.
Siempre visionario, Pancho Dotto la propuso para ser una de las caras de el mítico programa El Rayo, pero el “no” de Diego Guebel, uno de los creadores de Cuatro Cabezas, fue rotundo: “Con Dolores (Barreiro) decidimos que ella dejara el programa después de unos cuatro años, entonces empieza la búsqueda y no aparecía ninguna chica conocida para hacerse cargo del ciclo, cuando la descubro a ella que en ese momento era Carolina Ardohain, la propongo”.
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Tras la charla entre el representante y el productor, la desconocida promesa tiene una entrevista que pasa sin pena ni gloria y en la que no hubo ni prueba de cámara: “A los días lo llamo, le digo ‘es una bomba’ y el me dice que no sé qué le vi. Le dije ‘es infernal, única, va a explotar’. Yo en paralelo hacía otras cosas con ella, intentaba ponerla en una tapa”.

Por esos días en revista Gente estaban empezando a preparar la tapa para abrir la temporada 2001, la mítica “Ondas del verano”. “Le dije a Santiago Turienzo (fotógrafo), ‘tengo una chica para esa portada’”, insistió Pancho. Fue en ese momento que Gabriela Cociffi, actual directora editorial de Infobae y en esa época directora de la publicación de Atlántida la vio.
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Aquella joven llena de sueños era distinta y su nombre también tenía que serlo. “Vos te vas a llamar Pampita”, le dijo la periodista y ella respondió que la llamara como quisiera si eso servía para ser tapa. “Era raro porque en La Pampa no me decían Pampita”, recordó ella el año pasado y más de dos décadas después se la sigue conociendo así. Es que en 1978 nacieron en la Argentina 1318 chicas que fueron bautizadas como Carolina, pero Pampita, solo una.
Por la redacción pasaban muchas chicas y muchas llegaron a ser tapa pero Cociffi y Santiago Turienzo, el fotógrafo encargado de la aún recordada producción en la que la actual conductora posa con una bikini fucsia y una tabla de surf amarilla, vieron algo distinto en ella. Siempre puntual, impecable y lista, “no era una modelo, era una chica de trabajo”, su contextura física, su tez, su pelo largo y lacio la hacían la “más argentina” de todas.
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“Las ondas del verano”, rezaba el titulo de aquella edición y la bajada seguía: “Punta, Mardel y Pinamar, las playas top. Los bikinis más audaces, y todas las tendencias de una temporada hot”. Aquella portada fue sin dudas uno de los hitos en la carrera de la modelo que luego siguió siempre ligada a la editorial: anunció romances y rupturas, embarazos y proyectos. En total en su vida hizo más de 500 tapas, y todas las atesora.
“¿Quién es esta chica que está en la tapa de Gente?”, le preguntó Diego Guebel a Dottto como se habrán preguntado las miles de personas que compraron la revista y quedaron impactadas por aquella jovencita. “Es la chica que me dijiste que no te interesaba”, le respondió el representante y el productor se mostró incrédulo. Así, ella y María Vázquez comenzaron a ser las nuevas caras de El Rayo y ya nada sería lo mismo para la chica que cinco años antes había llegado de La Pampa a Buenos Aires.
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“Gaby le puso Pampita y me parece un nombre genial. Le dije ‘te queda increíble’. A Carolina la quiero, la admiro y la respeto porque tiene los mismos valores que yo para llegar”, cerró sobre aquellos años Dotto. Además del acierto del apodo, todos coincidieron en que la diferencia la hizo ella, quien sabía que ser modelo era mucho más que ser una chica linda y que supo sortear siempre con una sonrisa las dificultades, desde cuando sus compañeras le decían “muqui” hasta separaciones conflictivas y peleas mediáticas.
Con un poder para reinventarse y renacer en los peores momentos, determinada, trabajadora porque así lo aprendió de su madre, y clara en sus metas, dejó hace más de dos décadas a Carolina de La Pampa para ser Pampita y cambió su sueño de bailar en el Colón por su presente. Así se armó la tapa de “Las ondas del verano” que cambió su vida, el resto... es historia conocida.
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