
Solange Rivas es la mujer de Nicolás Colazo, jugador de Gimnasia y Esgrima de la Plata, pero se destaca como influencer y con una intensa actividad en las redes sociales. Allí le da rienda suelta a diversos comentarios sobre su profesión -es abogada y realiza vivos repasando casos policiales-, muestra el back de campañas de moda y realiza todo tipo de tutoriales, pero lo que más expone es su pasión por Boca Juniors, club en el que debutó su marido.
Pero este miércoles se corrió de su agenda habitual y mantuvo en vilo a Twitter con el relato de “una noche espeluznante” a través de un largo hilo en el que narró “una experiencia aterradora más allá de todo lo que pude imaginar jamás”.
“Como sabrán, fue una noche de verano inusualmente fría. El viento bramaba fuera de mi casa azotando los árboles con violencia. Ya había puesto a dormir a mis hijos y nada en el ambiente parecía dar indicios de lo que sucedería después…”, comenzó contando Sol.

“Prendí el velador, acomodé unas almohadas y me dispuse a leer hasta que me invadiera el sueño. Como algunas personas sabrán, mi lectura de todas las noches esta relacionada a pericias, fallos judiciales, casos penales cruentos…”, puso Rivas en contexto. “Mi mente estaba completamente sumergida en los alegatos. Prácticamente sin registrar los sonidos nocturnos normales de la casa, el reloj de comedor, los ronquidos de la perra”, describió.
“De repente, escuché un estruendo proveniente del living que me hizo saltar el corazón. ¡¿Pero qué carajos?! ¿Semejante ruido? Se me van a despertar los chicos! Con taquicardia, salgo eyectada de la cama a ver qué lo pudo ocasionar”, comentó aun con la sensación de sobresalto.
“Me paro en una esquina y escudriño el living de arriba a abajo. Nada parecía estar fuera de lugar. Habían quedado desordenados un par de juguetes pero nada grave. ¡¿Qué pudo golpear tan violentamente?!”, se preguntó la mujer de Colazo. “El amplio sonreír de una de las muñecas de mi hija me obligó a espantar pensamientos bizarros. No podía ser. No de nuevo. Ya nos pasó con un trencito de juguete. Si sucede otra vez directamente me pongo una pyme de juguetes embrujados, pensé”, dijo.

“Finalmente, mis neuronas volvieron al lado empirísta de mi cerebro. Viento, golpe… ¡es una ventana abierta! ¡Tiene que ser! Pero todas estaban cerradas. Volví a la cama desconcertada”, continuó sol. Pero la calma le duraría poco: “Me acosté para dormir, ya sin ganas de leer. Pero no pude evitar mantener los ojos y los oídos expectantes en la oscuridad. Cuando ya casi me había autoconvencido de dormir y culpar al viento de todo, ¡OTRO GOLPE IGUAL!”.
“Pensé: esto es una declaración de guerra. Me levanté, agarré mi raqueta de tenis y me dispuse a salir a batirme a un duelo a muerte con quien sea, con lo que sea… Me detuvo un pensamiento práctico: no puedo ir a la guerra descalza. Volví sobre mis pasos, me agaché al lado de la cama y estiré mi mano para alcanzar intuitivamente mis zapatillas donde siempre están. Y este fue el momento que selló mi noche más terrorífica en años…”, dijo Sol y pasó a contar qué fue lo que la desconcertó.

“En la búsqueda ciega de mi zapatilla, toqué debajo de la cama algo frío, casi helado, blando, que se movió. Se sintió como… ¡no podía ser! No puede. No es posible haber sentido… OTRA MANO HUMANA?!…”, contó con horror. “Instintivamente saqué la mano. Temblando, encendí todas las luces. Que se despertara quién quisiera (nadie lo hizo). Alumbré con la linterna del celular debajo de la cama. Un par de pelusas volátiles. Absolutamente nada más…”, dijo aunque no encontró respuestas. Apenas un indicio, pero a la mañana siguiente.
“¿Los ruidos? ¿Fueron finalmente producto de la ventolera? ¿Y qué fue lo que toqué? Me fui a dormir extrañada, inquieta e intrigada. Hablé con mi suegra esta mañana y encontramos una posible explicación lógica… Ella me cuenta que hace un par de días que estuvo por aquí, vio una lagartija. Salen en esta época del año. Tiene sentido. Puede haber sido. Intuyo que no lo sabremos con certeza pues en unos días nos mudamos de esta casa. Ustedes, ¿qué piensan que fue?”, planteó y cerró el hilo con misterio. Debajo de este último mensaje, se juntaron muchas respuestas de sus seguidores quienes trataron de encontrarle una razón a lo vivido por Sol, varios coincidiendo con la teoría de su suegra. ¿Habrá sido una lagartija?
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