Graciela Alfano y su acercamiento a la Virgen de Guadalupe en el momento más doloroso: “Mi hijo estaba entre la vida y la muerte”

En una charla a fondo con Teleshow, la actriz recordó el accidente que sufrió Francisco en México y cómo la acción de una enfermera le dio esperanza y la ayudó a aferrarse a la fe hasta que ocurrió el “milagro”

Graciela Alfano
Graciela Alfano

Fui a agradecer por cosas mías personales, y por cosas que he pedido para otros y que salieron bien. Era momento para agradece”, dijo Pampita a Teleshow luego de haber peregrinado a pie al santuario de la Virgen de Luján. En su cuenta de Insatargam, había dicho: : “Este un año especial, es una procesión distinta para mí porque muchas veces vine a entregarle a la Virgen mi dolor, a encomendarme a Dios. Ahora vengo a agradecer todas las cosas lindas que me ha dado y por eso quería compartirlo con ustedes”.

Así como ella, otros famosos se encomendaron en diferentes momentos de la vida a la Virgen. Graciela Alfano, por ejemplo, quien se define como una persona “de ciencias” se acercó a la Virgen de Guadalupe en el que fue uno de los trances más difíciles de su vida, cuando su hijo Francisco sufrió un grave accidente automovilístico que casi le cuesta la vida en México.

“Estaba sola en un pasillo del hospital, en México donde no me conocen, y una señora, una enfermera, se me acerca y me da una imagen de la Virgen de Guadalupe”, contó Alfano a Teleshow sobre aquel primer acercamiento a la también llamada “virgen Negra” cuya festividad es el 12 de diciembre, dos días antes del cumpleaños de la actriz, lo que ella tomó como una señal. Mientras su hijo se debatía entre la vida y la muerte aquella mujer que se cruzó en su camino con la estampita le dio un haz de luz.

Cuadro de la Virgen de Guadalupe en la Basílica
Cuadro de la Virgen de Guadalupe en la Basílica

La enfermera del Grupo Ángel donde Francisco peleaba por su vida y donde Grace pasaba desesperantes minutos aguardando por un parte esperanzador que demoraba, le propuso ir juntas al santuario. “Le dije que sí. Al día siguiente nos encontramos y fuimos al altar de la Virgen. Allí tuve una sensación de confort interno, de calma. Estaba muy mal, angustiada, sola, no sabía qué pasaría, si estaba estable o no, era una tensión espantosa. Y ahí encontré la calma, una calma interna muy fuerte”.

Casi de manera instintiva y aunque hacía años no lo hacía, comenzó a rezar: “Pero no como lo hacemos habitualmente, sino con oraciones personales desde el alma y el corazón y el amor hacia mi hijo, cosas íntimas”.

Al concluir su visita, sin perder tiempo volvió al hospital donde iba todos los días y donde nada más podía ir tres veces un par de minutos a la habitación a ver a Francisco. Como siempre, se acercó a su cama y como toda madre que protege a sus hijos, le dio la mano. “En ese momento, por primera vez desde que fue el accidente me mira como con entendimiento. Estaba como dormido, no coagulaba, su cerebro estaba mal, pero por primera vez me mira entendiendo”, recordó entre lágrimas.

Francisco, Nicolás, Graciela y Gonzalo
Francisco, Nicolás, Graciela y Gonzalo

Faltaba mucho por recorrer aún, pero aquel primer paso, esa primera mirada que no se trataba de un acto reflejo sino de un nuevo despertar a la vida, llenó de fuerzas a la actriz, le dio esperanza y energía. Cunado la visita terminó, Graciela continuó su rezo. Rezó y oró “muchísimo” a la vez que “Francisco empezó a mejorar de una manera impresionante”, de una forma que “fue un milagro”, como recaló.

No solo se le fueron los coágulos, que para evitarlos recibía constantemente transfusiones, sino que no tuvo ni una consecuencia. A los quince días su mamá lo pudo traer de vuelta a Buenos Aires donde estuvo un día internado para luego continuar su recuperación en su casa.

A la vez que se define como una persona “de ciencia”, Graciela usa la palabra “milagro” para referirse al proceso por el cual pasó su hijo: “Yo venía de ver a la Virgen, para mi fue milagroso. No tengo explicaciones para eso, más que la experiencia de lo que sucedió. Así como soy científica, hay cosas que desconocemos y hay que tener fe y creer”.

Desde le 2009 que la estampita (plastificada con una medalla dentro) que le obsequió la enfermera, la acompaña a todos lados. “Está siempre en mi cartera junto con un rosario que me regaló un seminarista hecho con sus manos. En vez de llevar recuerdos negativos, pongamos recuerdos positivos y gente que nos hizo bien, esa enfermera me ayudó con su corazón y me dio lo mejor que tenía que era la Virgen. ¿Cómo podemos salir? Hubo un ser carne y hueso con empatía que se acercó a alguien que sufría. Hay que tener fe en la humanidad. Yo sufrí mucho en la vida, pero eso hace que pueda tener empatía con otros que sufren, una persona rota puede ayudar a otro roto”.

“Siempre tengo la imagen, está ahí, me gustan los ángeles y el otro día en una comunión me guardaron uno. Todo lo que nos lleva a algo bueno, donde somos una mejor versión, ayuda. Claro que uno también tiene que ser responsable y consciente de sus temas y tomar acción, pero cualquier creencia o fe que nos ayude a estar más fuertes y ser mejores personas, es algo positivo”, dijo y en ese punto destacó que no importa de qué religión se trate. Desde ese entonces, siente una conexión especial que se refuerza con el paso de alguna Guadalupe por su vida: “En ese momento digo que la virgen me lo está recordando, es algo que nos trasciende”.

Sobre la creencia de su hijo, ella prefiere no hablar ya que es algo muy íntimo. Solo atinó a contar que un tatuaje que tenía en la pierna de una estrella lo modificó por la imagen de la Virgen de Guadalupe y recordó una nota que él dio en televisión en la que le dejaba un mensaje a ella sobre el momento en que despertó: “Contó algo que lo sentí muchísimo, dijo ‘me acuerdo de mi mamá y la veo entrar y sentí que mi mamá me tiraba el cordón umbilical nuevamente’, se conecto de nuevo a la vida”.

Además de Francisco, Graciela tiene otros dos hijos, Gonzalo también fruto de su relación con Enrique Capozzolo quien la convirtió en abuela de Nina, y Nicolás, de su matrimonio anterior con Andrés Ruskowski.

Durante el verano del 2009 Francisco estaba vacacionando con amigos cuando tuvo un grave accidente en el estado de Oxaca, México. Fue atendido en el hospital de Puerto Escondido y luego trasladado a Ciudad de México, adonde su madre acudió desde Argentina apenas se enteró. “Mi hijo y sus amigos alquilaron un auto en México. Durante un viaje, a 1000 kilómetros del Distrito Federal, un camión se cruzó de carril y los chocó. Francisco, que no era el que manejaba, quedó inconsciente pero sus amigos lo ayudaron. Estuvieron muy bien, tomaron todas las decisiones correctas y le salvaron la vida”, relataba en ese entonces su padre.

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