
La tecnología redefine la atención de la población mayor, pero la verdadera transformación solo llegará cuando las políticas públicas pasen de lo curativo a lo preventivo y la inclusión digital permita reducir desigualdades en el acceso a la salud y el bienestar, según coincidieron expertos durante un podcast especial de MIT Technology Review Brasil.
El envejecimiento poblacional en Brasil se potencia por fenómenos globales. André Metze, consultor internacional en economía de la salud, indicó que países en desarrollo enfrentan una mortalidad prematura por enfermedades crónicas que reduce la esperanza de vida en promedio entre 10 y 15 años respecto a las naciones desarrolladas, lo que agrava la urgencia de políticas preventivas y estrategias de integración tecnológica.
Cómo ha sido la revolución tecnológica y su impacto en el envejecimiento
Michel Daud, director médico de Próspera Saúde, trazó una cronología del cambio. En 1990, la tecnología sanitaria aún se limitaba al diagnóstico y tratamiento. Con la llegada de internet y la globalización, la conectividad alteró hábitos y rutinas, transformando tanto la vida social como profesional.

Las personas mayores ahora participan en redes sociales, videollamadas y grupos en línea, lo que modera el riesgo de aislamiento y contribuye a mantener la conexión familiar y de amistad a pesar de la distancia.
Metze señaló que, antes de la era digital, el envejecimiento dependía de apoyos presenciales y la infraestructura física. La brecha por movilidad y acceso inducía aislamiento. Hoy las herramientas digitales amplían el “grado de libertad” y la autonomía de las personas mayores: desde wearables para monitoreo de la salud (como la frecuencia cardíaca y niveles de glucosa) hasta la telemedicina y los recordatorios digitales.
Ambos expertos subrayaron el desafío actual: la alfabetización digital como condición para el acceso equitativo. En países desarrollados, la transición es más veloz, pero en sociedades de ingresos medios y bajos, la brecha se amplía. “La tecnología facilita mucho, pero si no se universaliza su acceso, aumentan las desigualdades”, advirtió Metze en MIT Technology Review Brasil.
Por qué es nececesario aprovechar los datos médicos

Daud remarcó que la prevención permanece relegada tanto en la formación médica como en los sistemas de salud. “Estamos guiados a diagnosticar y tratar enfermedades, pero no existe una estrategia sistemática de prevención”, declaró.
A nivel de aseguradoras y del Sistema Único de Salud (SUS), la gestión de bases de datos no se aprovecha plenamente para la vigilancia preventiva y la identificación de grupos de alto riesgo, pese a que los datos permitirían diseñar intervenciones focalizadas.
El director médico relató experiencias de hace quince años, cuando era posible identificar a los pacientes de mayor costo y diseñar estrategias, aunque de forma menos tecnológica que ahora. Hoy, gracias al análisis de datos, la oportunidad de actuar es superior, pero en Brasil “la prevención y la promoción de la salud siguen en estado básico”, alertó Daud.

Metze destacó las “tecnologías de la edad” como tendencia. El potencial de los análisis de big data y los historiales clínicos electrónicos permite compartir información de un paciente entre distintos operadores de salud, facilitando planes efectivos de promoción, prevención y reducción de costos.
Cuáles son las claves tecnológicas para reducir la brecha de atención sanitaria
El derecho al acceso digital se convierte en condición necesaria para la equidad. Metze enfatizó que solo con políticas públicas que subsidien dispositivos, internet y formación digital podrá democratizarse la inclusión. “No puede asumirse que toda persona mayor puede comprar una tableta, un smartphone y costear internet”, explicó.

Criticó la falta de interfaces accesibles para mayores: el problema “no radica en la dificultad de la tecnología, sino en su diseño excluyente”. Propuso que las empresas deben invertir en soluciones adaptadas: fuentes grandes, comandos por voz y recursos de asistencia específicos que permitan navegar sin barreras.
Entre los riesgos, ambos expertos resaltaron la vulnerabilidad a fraudes digitales. En Brasil y Estados Unidos, las personas mayores constituyen las principales víctimas de estafas en línea. Según Metze, la seguridad digital y la educación contra el fraude deben ser pilares de cualquier estrategia de inclusión de este colectivo.
Asimismo, el aislamiento social y la salud mental ocupan un lugar prioritario. Las plataformas virtuales pueden reducir la soledad, un problema detectado incluso entre nonagenarios seguidos por la antropóloga Miriam Goldenberg desde 2015, quien identificó que para este grupo “sentirse útiles y mantener relaciones” es aún más relevante que el propio estado de salud.
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