
La búsqueda de una vivienda se ha convertido en un terreno fértil para los ciberdelincuentes que aprovechan la desesperación y la falta de oferta en el mercado inmobiliario para desarrollar nuevas estafas de alquiler.
Las redes sociales y diversas plataformas digitales se han transformado en escenarios donde operan los atacantes, que no solo buscan obtener dinero, sino también datos personales de sus víctimas.
Cómo funcionan las estafas de alquiler en plataformas digitales
Los estafadores emplean estrategias variadas, pero predomina la suplantación de identidad de empresas legítimas que ofertan inmuebles en plataformas reconocidas.
Un ejemplo frecuente es la publicación de anuncios en grupos de Facebook dirigidos a personas que buscan habitaciones o apartamentos en alquiler. Los precios suelen resultar muy atractivos y las imágenes, tomadas de otras páginas o generadas digitalmente, parecen auténticas. De este modo, los ciberdelincuentes se camuflan entre decenas de anuncios, atrayendo a usuarios urgidos por encontrar una vivienda.

En estos grupos, como el denominado “Alquiler de HABITACIONES en Madrid” en Facebook, aparecen cada mes publicaciones fraudulentas. En un caso reciente, un perfil falso compartió fotografías de un supuesto piso de 54 metros cuadrados en una calle céntrica de Madrid por un alquiler mensual de 700 euros, según un reporte de Computer Hoy.
Sin embargo, otros usuarios identificaron rápidamente la trampa: las imágenes correspondían a una vivienda en Holanda y el perfil no se correspondía con una persona real.
Qué señales delatan una estafa de alquiler
Las víctimas describen un patrón común: la estafa suele comenzar con un sentido de urgencia, bajo la amenaza de perder la oportunidad de alquiler si no se realiza el pago de inmediato. El supuesto propietario evita los canales oficiales y prefiere comunicarse a través de WhatsApp o perfiles personales, dificultando la supervisión de las plataformas.
Una táctica recurrente es afirmar que el propietario reside en otra comunidad autónoma o incluso en otro país, lo cual imposibilita la firma presencial del contrato. Esta excusa busca eludir cualquier encuentro físico y convencer al interesado de que el proceso debe hacerse a distancia.

Además, los anuncios fraudulentos presentan precios por debajo de la media en zonas muy demandadas, perfiles sin actividad o con imágenes genéricas y fotografías demasiado atractivas para ser ciertas. En estos casos, la desconfianza debe activarse de inmediato.
El riesgo de exponer datos personales y dinero
La agente inmobiliaria Rachel Di Salvo relató, en TeleMundo, cómo un estafador utilizó sus anuncios reales para hacerse pasar por la responsable de una vivienda, engañando a varias familias. “Me hace sentir horrible porque no quiero que nadie pierda su dinero”, expresó Di Salvo.
La portavoz de Consumer Reports, Luz Plasencia, explicó que los estafadores no se limitan a los portales de alquiler, sino que también actúan en redes sociales, utilizando publicaciones y videos legítimos para ganarse la confianza de posibles inquilinos y lograr que envíen dinero o información sensible.
Las consecuencias económicas resultan significativas. Un informe de la Comisión Federal de Comercio (FTC) reveló que desde 2020, 65.000 inquilinos han declarado ser víctimas de estafas de alquiler, con pérdidas que suman alrededor de USD 65 millones. Además, el segmento más afectado corresponde a personas de entre 18 y 29 años, que denunciaron tres veces más casos que otros grupos de edad.

Cómo protegerse ante las estafas de alquiler
Prevenir este tipo de fraudes requiere adoptar diversas precauciones. En primer lugar, buscar la dirección de la vivienda en internet. Si el mismo piso aparece en varios anuncios con precios distintos, otra información de contacto o se ofrece como venta en lugar de alquiler, es una clara señal de alerta.
Cuidar la información personal es fundamental. Antes de firmar un contrato, el propietario no necesita datos sensibles como el número de seguro social para realizar una verificación de crédito. Si se solicita esta información de forma anticipada, conviene desconfiar.
El uso de métodos de pago adecuados resulta crucial. “Nunca paguen con efectivo”, aconseja Di Salvo. Lo más seguro es realizar el pago mediante un cheque de caja certificado o un cheque personal. Al contrario, si el supuesto casero insiste en recibir el dinero mediante tarjetas de regalo, criptomonedas o transferencias bancarias, conviene detener la operación de inmediato.
La presión para pagar el depósito o la renta rápidamente constituye otra señal de alarma. Los estafadores buscan que la víctima actúe impulsivamente, sin comprobar la veracidad del anuncio o la identidad del interlocutor.
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