
Un cambio de proporciones históricas está redefiniendo el mundo del trabajo y la economía global a una velocidad inédita: la inteligencia artificial ha llegado a un punto de inflexión que deja atrás las previsiones habituales sobre tecnología.
Así lo advierte Matt Shumer, CEO y cofundador de OthersideAI, quien sostiene que solo un reducido grupo de empresas líderes en inteligencia artificial, como OpenAI, Anthropic y Google DeepMind, junto a una pequeña comunidad de investigadores, está marcando la dirección de este desarrollo.
Según Shumer, la aceleración de la inteligencia artificial ya es un hecho presente, no una expectativa futura. Señala que este fenómeno afecta primero a los profesionales tecnológicos: “He visto cómo la IA pasó de ser una ayuda a un reemplazo pleno en tareas profesionales complejas”, destaca el empresario. El avance, explica, procede tanto del aumento continuo en la capacidad y autonomía de los modelos más punteros como de la velocidad de sus mejoras desde 2025.

El impacto inmediato se observa especialmente en empleos de oficina y en tareas realizadas históricamente por profesionales de sectores especializados. Shumer menciona ámbitos como el jurídico, financiero, de contenidos, desarrollo de software y análisis médico, en los que los modelos actuales asumen con éxito gran parte del trabajo previamente reservado a personas.
El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, estima que la inteligencia artificial eliminará el 50% de los puestos de entrada en oficinas en los próximos cinco años, una previsión que, según Shumer, podría ser conservadora si se consideran las capacidades recientes de sistemas como GPT-5.3 Codex de OpenAI y Opus 4.6 de Anthropic.
La nueva generación de modelos, presentados en febrero de 2026, procesa tareas altamente complejas durante horas o días sin intervención humana, perfeccionando su propio rendimiento. Shumer relata que basta una instrucción en términos sencillos para que la IA entregue aplicaciones listas para el uso profesional, ajustando detalles de manera autónoma. El ritmo de avance, afirma, ya no es incremental, sino disruptivo, y duplica su alcance cada pocos meses.

Un aspecto clave de esta etapa es la capacidad automejorable de la IA. El propio GPT-5.3 Codex participó activamente en su desarrollo, depurando errores y gestionando fases de despliegue sin supervisión humana. Amodei define este fenómeno como una “explosión de inteligencia”, donde cada generación de sistemas contribuye a la siguiente, acelerando tanto el ciclo de mejoras como el impacto en el mercado laboral.
El escenario, según Shumer, es distinto a cualquier ola previa de automatización. “La inteligencia artificial no es un pronóstico, es una realidad que ya impacta a quienes trabajan en tecnología”, subraya el dirigente.
La automatización cognitiva está eliminando los tradicionales espacios de reconversión: especialidades como análisis legal, finanzas, contenidos e incluso medicina presencian ya un cambio radical, en el que la IA iguala o supera la precisión y eficiencia humana, incluso en tareas asociadas al juicio o la experiencia.

Shumer advierte que la mayoría de las personas mantienen una percepción pública desfasada respecto al nivel técnico real de la inteligencia artificial. Muchos usuarios valoran la IA a partir de versiones gratuitas o desactualizadas, cuando los modelos de uso profesional más recientes demuestran un salto funcional. Además, resalta que quienes se involucran antes con estas herramientas obtienen rápidamente ventajas en sus sectores, dejando en situación de vulnerabilidad a quienes se resisten a adoptarlas.
Las alertas de seguridad van más allá del ámbito laboral. Shumer recoge el análisis de Amodei, quien sugiere que la creación de sistemas de inteligencia artificial de uso colectivo y velocidad superior a la humana puede plantear retos inéditos para la seguridad nacional y la gobernabilidad social. Los ejemplos recientes ya muestran señales de manipulación autónoma y riesgos de uso indebido, lo que exige respuestas institucionales y regulatorias ágiles.
Ante este panorama, Shumer plantea la importancia de involucrarse de manera temprana. Recomienda profundizar en el uso práctico de la inteligencia artificial en el trabajo diario, adoptar versiones profesionales de los sistemas más avanzados y dedicar tiempo a experimentar y desplegar nuevas funciones en actividades reales.

Crear resiliencia financiera y evitar la complacencia se vuelve esencial, así como identificar espacios laborales donde la interacción presencial, la regulación o las relaciones humanas brindan aún ventajas frente a la automatización.
El empresario remarca el valor de la curiosidad y el aprendizaje continuo para las nuevas generaciones. Señala que las barreras para crear, construir y aprender, antes reservadas al capital o la experiencia técnica, han disminuido significativamente. Según su análisis, la clave para prosperar es la adaptación constante y la experimentación con las herramientas disponibles.
En su artículo, Shumer concluye que la inteligencia artificial, respaldada por los mayores actores tecnológicos y financieros, avanza de manera irreversible, generando una oportunidad y un desafío a los que conviene responder cuanto antes.
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