
La organización británica i4is (Initiative for Interstellar Studies), fundada en 2012, diseñó un proyecto en el que nació la idea de crear una nave espacial que lleve a la humanidad a vivir fuera de la Tierra y salir del sistema solar.
Esta iniciativa se llama Chrysalis, que más allá de su espectacularidad técnica, invita a preguntarse cómo sería la vida durante siglos en un entorno cerrado, aislado y totalmente autónomo.
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Cómo es el plan para crear una nave para vivir más allá del sistema solar
El diseño de Chrysalis impresiona por sus dimensiones colosales. Con 58 kilómetros de longitud y capacidad para 2.400 personas, la nave se asemeja a una ciudad lineal que surcaría el espacio. Fue ideada por un equipo internacional al que aportaron ingenieros, arquitectos, científicos sociales y ambientales y psicólogos, en el marco del Hyperion Design Competition.
La estructura de la nave recuerda a una muñeca rusa alargada, formada por un núcleo y varias capas concéntricas, cada una con funciones específicas: viviendas, producción de alimentos, bioconservación de bosques, espacios comunitarios, áreas industriales y almacenamiento.
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Los habitantes dispondrían de escuelas, hospitales, bibliotecas y parques para garantizar el desarrollo de una vida social y comunitaria rica y equilibrada, según el diseño presentado.
En palabras del propio equipo, “su coherencia a nivel de sistema y el diseño innovador de la estructura modular, así como su profundidad de detalle, por ejemplo, en la preparación y fabricación de la misión”, han sido factores determinantes en la elección de este modelo.
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Un aspecto llamativo es la creación de gravedad artificial mediante la rotación constante de todo el cilindro, un detalle esencial para combatir los efectos negativos de la microgravedad durante los cuatro siglos que duraría la travesía hacia Alfa Centauri, el sistema estelar más cercano al Sol, ubicado a más de cuatro años luz (o 40,2 billones de kilómetros).
Cómo sería la vida en esta nave espacial
El desafío básico de un viaje interestelar radica en sostener la vida a bordo más allá de la tecnología de propulsión. Chrysalis organiza su sistema vital en torno a ecosistemas artificiales cerrados, bio-regenerativos y autosuficientes: producirían oxígeno, alimentos y agua potable a partir de la agricultura, reciclarían residuos, captarían y almacenarían dióxido de carbono, y garantizarían la purificación constante del agua, según detallan los documentos del proyecto.
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La producción agrícola integraría policultivos y técnicas de agroforestería asistidas por robots, lo que permitiría evitar la dependencia de cadenas externas de suministro. Las áreas verdes recrearían la vitalidad de la Tierra, no solo desde el punto de vista alimenticio, sino como pilar fundamental para la salud física y mental de los tripulantes.
La utilización de los recursos lunares para la construcción inicial—realizada durante 25 años en el punto L1 Tierra-Luna—y la instalación de reactores de fusión nuclear para la generación de energía, son elementos contemplados en esta propuesta futurista.
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El viaje en la nave espacial duraría 400 años
Chrysalis representa una auténtica nave multigeneracional. El viaje completo hasta Alfa Centauri está planificado para extenderse durante 400 años, lo que implica la sucesión de al menos 13 generaciones de tripulantes, desde los primeros pioneros hasta los descendientes que finalmente tocarían el exoplaneta conocido como Próxima b.
La primera fase de la misión, que duraría 70-80 años, consiste en la selección y preparación de los futuros habitantes en la Antártida. Allí, los candidatos entrenarían en entornos de aislamiento extremo para simular las condiciones a bordo y adaptarse psicológicamente a la privación del mundo exterior.
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La selección inicial contempla 250 hombres y 250 mujeres de entre 25 y 28 años, con la indicación de que cada uno pueda tener hasta dos hijos entre los 28 y los 31. De este modo, se mantiene la población estable a lo largo del viaje, evitando crisis por la escasez de recursos o problemas de superpoblación. El control de natalidad “al milímetro” también ayuda a preservar el equilibrio de la comunidad y la viabilidad ecológica del ecosistema cerrado.
La fase de construcción inicia posteriormente y se estima en unos 25 años, aprovechando la baja gravedad y los materiales extraídos en el entorno lunar. Tras el lanzamiento y un año de aceleración hasta velocidad crucero, la nave comenzaría el trayecto propiamente dicho, que abarcaría cerca de cuatro siglos hasta su destino.
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