
El 40% de los resúmenes científicos en oncología publicados en 2024 muestran huellas de inteligencia artificial, según un análisis reciente. Este dato, extraído de un estudio liderado por Dmitry Kobak del Hertie Institute y publicado en Science Advances, revela que la presencia de IA en la redacción científica ya no es una sospecha ni un rumor universitario: es una realidad cuantificable.
El trabajo, que ha examinado más de 15 millones de textos científicos, identifica que al menos el 13,5% de los resúmenes biomédicos de 2024 presentan patrones lingüísticos característicos de herramientas como ChatGPT.
Investigadores identifican características de los textos generados por IA
El método desarrollado por los investigadores consiste en rastrear una “huella digital” basada en el uso repetido de ciertos términos y estructuras que los modelos de lenguaje emplean con mayor frecuencia que los autores humanos. Palabras como “además”, “también” o “sin embargo” aparecen de forma anómala en los textos generados por IA, lo que permite detectar su intervención entre millones de documentos.
Este enfoque ha permitido identificar diferencias notables entre especialidades: oncología encabeza la lista con un 40% de resúmenes generados o editados por IA, seguida de neurología con un 35% y genómica con un 30%. Además, los países con mayor adopción tecnológica lideran los porcentajes de uso de IA en sus publicaciones científicas.

El estudio, publicado en Science Advances, subraya que la transformación impulsada por la inteligencia artificial no se limita a la generación de imágenes o textos, sino que se extiende a campos como la biotecnología y la salud.
Sin embargo, solo el 2% de los artículos analizados declara explícitamente el uso de IA, lo que plantea interrogantes sobre la transparencia en la investigación científica. Esta falta de declaración alimenta el debate sobre los riesgos y beneficios de la automatización en la ciencia.
Controversia por el uso de IA en publicaciones científicas
Las opiniones sobre el impacto de la IA en la redacción científica están divididas. Quienes la defienden sostienen que agiliza la publicación de resultados y mejora la claridad del lenguaje, especialmente para investigadores cuya lengua materna no es el inglés.
Por el contrario, los críticos advierten sobre la posible pérdida de creatividad y la homogeneización del discurso científico. El debate se intensifica ante antecedentes que sugieren que el uso intensivo de IA podría reducir la conectividad neuronal, lo que suscita dudas sobre la originalidad intelectual.

No obstante, existen ejemplos positivos, como el desarrollo de sistemas españoles capaces de diagnosticar cáncer con una precisión inédita, que demuestran el potencial de estas herramientas.
La percepción social añade otra capa de complejidad. Según el portal web La Razón de España, más del 25% de los españoles desconfía de investigaciones científicas elaboradas con ayuda de la IA, lo que refuerza la necesidad de transparencia para mantener la confianza pública en la ciencia.
Los autores del estudio no abogan por prohibir la inteligencia artificial en la redacción científica, pero sí por establecer normas claras. Entre sus recomendaciones figuran la obligación de declarar el uso de modelos de IA en las metodologías, la validación crítica de los textos generados y la reducción de la dependencia de frases prefabricadas.

Los datos del estudio están disponibles en plataformas como PubMed, y el código empleado se encuentra en GitHub, lo que permite a otros investigadores replicar el análisis en distintas disciplinas científicas.
Finalmente, es pertinente señalar que la incorporación de la inteligencia artificial en la ciencia está transformando la manera en que se generan y analizan conocimientos. Herramientas basadas en IA permiten procesar enormes volúmenes de datos, detectar patrones complejos y automatizar tareas repetitivas, lo que acelera investigaciones y facilita descubrimientos.
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