
El hábito de trabajar con una taza de café al alcance del teclado se ha convertido en parte del día a día de muchos usuarios. Sin embargo, un simple descuido, como mover el brazo sin notar la posición del vaso, puede bastar para que el líquido se derrame sobre el ordenador.
Cuando esto sucede, actuar con rapidez y seguir ciertos pasos puede marcar la diferencia entre un incidente menor y una avería grave.
1. Apagar el equipo de inmediato
Lo primero es desconectar el portátil. Si está encendido, mantenerlo en funcionamiento tras el contacto con el líquido aumenta el riesgo de cortocircuitos y daños irreparables.

Cortar la energía lo antes posible ayuda a prevenir que el líquido provoque una descarga o afecte a componentes internos.
Si el modelo lo permite, es recomendable extraer la batería. Esta precaución es clave para evitar daños adicionales, sobre todo si el café o cualquier otro líquido ha alcanzado la zona del compartimiento energético.
2. Desconectar todos los dispositivos externos
Cualquier accesorio conectado al equipo debe retirarse: ratones, memorias USB, discos duros portátiles o cargadores.
Esta medida evita que el daño se propague a otros aparatos y permite aislar el problema en el dispositivo afectado.
3. Absorber el exceso de líquido y posicionar el equipo

Una vez desconectado el equipo, se debe limpiar el exceso de líquido con una bayeta o toalla absorbente. Acto seguido, colocar el portátil boca abajo facilita que la gravedad actúe y drene parte del líquido que haya penetrado en el interior del teclado.
Contrario a creencias populares, no se recomienda recurrir al arroz. Este método, si bien útil para algunos dispositivos móviles, puede ser contraproducente en un portátil, ya que los granos podrían alojarse en componentes internos y provocar obstrucciones o daños mayores.
4. Dejar secar el equipo al menos 24 horas
Una vez retirado el líquido visible y drenado el contenido interno al máximo, es fundamental dejar secar el equipo. Idealmente, el periodo de reposo debe ser de al menos 24 horas en un lugar seco y ventilado. Si se necesita el ordenador con urgencia, se puede optar por un mínimo de cuatro horas, aunque el riesgo de humedad persistente permanece.
Durante este proceso, está completamente desaconsejado utilizar un secador de pelo. El aire caliente puede empujar el líquido hacia zonas más sensibles del equipo e incluso provocar deformaciones en algunos componentes plásticos o soldaduras.

5. Opciones para acelerar el secado
En lugar de aplicar calor directamente, se pueden emplear herramientas más seguras como deshumidificadores o sobres de silicagel.
Estos paquetes absorbentes, que suelen venir con dispositivos electrónicos nuevos, ayudan a reducir la humedad sin dañar los circuitos internos.
6. Inspección técnica: solo para usuarios avanzados
Quienes tengan experiencia técnica en reparación de ordenadores pueden considerar abrir el equipo para revisar la extensión del daño. Esta acción permite secar con mayor precisión y evaluar visualmente si el líquido alcanzó áreas como la placa base o el disco duro.
Sin embargo, esta práctica solo debe llevarse a cabo por quienes tengan conocimientos sólidos en hardware, ya que un error puede empeorar el estado del equipo.
7. Llevar el portátil a un centro de servicio especializado
Incluso si el ordenador parece funcionar con normalidad después del secado, es recomendable llevarlo a un centro de reparación autorizado. Técnicos especializados pueden comprobar si hay señales de corrosión (especialmente si el líquido contenía azúcar, como en el caso del café) y prevenir fallas futuras que podrían no ser evidentes en un primer momento.
En un entorno controlado, los expertos pueden también realizar limpiezas internas, probar la integridad del disco duro y verificar que la batería y otros componentes continúan funcionando en condiciones óptimas.
8. Prevención: mejor que reparación
Para evitar estos accidentes, lo más eficaz es no colocar bebidas cerca del portátil. En caso de no poder evitarlo, utilizar un protector de teclado puede ofrecer una defensa parcial. Estos accesorios, generalmente fabricados en silicona, ayudan a reducir el riesgo de que el líquido alcance las partes internas del equipo.
Tomar precauciones y reaccionar con rapidez puede marcar la diferencia entre conservar el equipo o tener que reemplazarlo por completo. Aun así, ningún método casero sustituye la revisión profesional, sobre todo si el dispositivo almacena información sensible o cumple una función crítica en el trabajo diario.
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