
El lunes 28 de abril, España quedó paralizada por un apagón eléctrico sin precedentes en su historia reciente. Desde poco después del mediodía, millones de ciudadanos en todo el territorio peninsular vieron cómo la luz desaparecía de golpe.
Los semáforos dejaron de funcionar, los trenes se detuvieron en mitad de su recorrido, los aeropuertos interrumpieron operaciones, y en los hogares y centros de trabajo no había electricidad para cargar un móvil ni para encender un router.
En medio de ese caos, una imagen se repetía en las pantallas de los smartphones: la barra de cobertura seguía activa, incluso marcando 5G en muchos casos, pero las aplicaciones no respondían. WhatsApp no enviaba mensajes, las llamadas no se completaban y navegar por internet era imposible.

Un sistema interdependiente: energía y telecomunicaciones
La clave de esta desconexión no estuvo en los móviles ni en los operadores, sino en una pieza de infraestructura que suele pasar desapercibida. Las antenas de telefonía móvil que conectan cada terminal a la red necesitan alimentación eléctrica constante.
Aunque muchas disponen de baterías o generadores para emergencias, su autonomía es limitada. Pueden funcionar entre dos y ocho horas después de un corte eléctrico, pero el apagón del 28 de abril fue mucho más largo. Cuando las fuentes de energía de respaldo se agotaron, las antenas comenzaron a caer una a una.
El teléfono móvil no pierde inmediatamente la cobertura cuando una antena se apaga. En su intento de mantenerse conectado, el dispositivo busca otras torres activas, aunque estén a kilómetros de distancia. Eso explica por qué la señal seguía visible en la pantalla.
Sin embargo, esas torres más lejanas se encontraban sobrecargadas, incapaces de gestionar el aluvión de conexiones. Así se creó una cobertura engañosa, una especie de espejismo tecnológico. El terminal decía estar conectado, pero no había datos ni posibilidad real de comunicación.

WhatsApp tampoco pudo escapar a los efectos del apagón general. Aunque la aplicación no depende exclusivamente de la red móvil para operar, ya que también funciona a través de WiFi, su actividad se vio igualmente afectada. En muchas viviendas, los routers dejaron de emitir señal al quedarse sin electricidad. Solo aquellos hogares o negocios con generadores pudieron seguir ofreciendo conexión, y aún así, de forma inestable.
Además, WhatsApp se apoya en servidores y centros de datos que, si no cuentan con sistemas de contingencia robustos, también pueden interrumpir su funcionamiento durante un apagón tan amplio.
Cobertura aparente, conexión imposible
La saturación fue otro de los factores determinantes. En una situación de emergencia como esta, millones de personas intentaron comunicarse al mismo tiempo. Esa sobrecarga desbordó las pocas antenas que seguían operativas y provocó que la velocidad de conexión descendiera hasta hacer imposible cualquier uso de aplicaciones o navegación.

El teléfono podía mostrar señal, pero el tráfico de datos estaba colapsado. WhatsApp, en ese contexto, dejó de ser útil. No por un fallo propio, sino por el entorno técnico que lo sustenta
Las consecuencias del apagón fueron inmediatas y visibles. Las comunicaciones móviles colapsaron, las transacciones electrónicas se detuvieron, muchos negocios cerraron sus puertas y en hospitales se recurrió a procedimientos manuales ante la falta de sistemas informáticos.
La caída del suministro eléctrico no afectó solo a España. También hubo cortes importantes en Portugal, lo que refuerza la dimensión regional del fallo. Lejos de ser un incidente puntual, el corte duró más de doce horas en algunas zonas
Mientras tanto, las autoridades ofrecieron información con cuentagotas. En un contexto internacional tenso, con conflictos abiertos en varias regiones del mundo, no tardaron en circular hipótesis sobre un posible ciberataque.
Sin embargo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció en La Moncloa para asegurar que no existía ninguna información concluyente sobre lo ocurrido. La falta de explicaciones oficiales aumentó la sensación de vulnerabilidad entre la población
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