
“Lo atrajeron poniéndole una minita”. Con esa frase, un testigo que se presentó de manera espontánea ante la fiscalía reconstruyó la supuesta emboscada que habría terminado con el crimen de Diego Fernández Lima, el adolescente desaparecido en 1984 y cuyos restos fueron encontrados hace poco más de un año enterrados en una casa en el barrio porteño de Coghlan.
La primera parte de esa declaración ya había permitido conocer la existencia de una supuesta trampa utilizando como señuelo a una chica que le gustaba a la víctima. Ahora, el acceso a la testimonial completa permite reconstruir algo más preciso: cómo habría sido la secuencia que, según ese relato, terminó con un ataque dentro de un baño y el posterior entierro del cuerpo en el jardín de la vivienda.
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La declaración llegó más de una década después de la supuesta conversación en la que fue contada por primera vez. Ante el fiscal Martín López Perrando, el testigo de identidad reservada explicó que había escuchado ese relato en 2017 durante una reunión social, pero que recién a fines de 2025 empezó a sospechar que podían tratarse del caso Fernández Lima.
“Esto me lo enteré como una simple historia: corresponde a una charla que se basó en los crímenes que no se descubren”, declaró. Según explicó, durante mucho tiempo no relacionó aquella conversación con la desaparición del adolescente. Lo que terminó de convencerlo fueron algunos detalles que, según dijo, coincidían con información que empezó a trascender públicamente.
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Entre ellos mencionó referencias a dos puñaladas, una en el cuello y otra en el torso, además de la existencia de un árbol y un cantero sobre el lugar donde habría sido enterrado el cuerpo. Esos elementos, aseguró, fueron los que lo llevaron a presentarse ante la Justicia.

La supuesta trampa
De acuerdo con el testigo, todo comenzó un conflicto escolar. El hombre que relató los hechos sostenía que la víctima mantenía problemas con un compañero de colegio. “Lo verdugueaba, le hacía la vida imposible”, dijo.
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El testigo aseguró que se hablaba de situaciones de hostigamiento reiteradas dentro del ámbito escolar y que el padre aparecía como el principal impulsor de la represalia. Y entonces contó cómo fue que planearon sacarse de encima al joven: “Lo atrajeron poniéndole una minita”, declaró.
Según el relato que escuchó, una chica fue quien recibió a Fernández Lima al llegar a la vivienda. “Pasaron al sillón y empezaron a apretar”, sostuvo. Después, siempre de acuerdo con esa reconstrucción, ella lo invitó a pasar al baño.
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“Cuando pasó recibió un primer ataque”, declaró el testigo. Según recordó, quien contaba la historia hablaba de una agresión a la altura del cuello y luego de una golpiza. “Dijo que lo cagaron bien a trompadas”, afirmó.
La secuencia no terminó ahí. El testigo sostuvo que quien le transmitió el relato aseguró que el primer ataque habría afectado una arteria o una vena importante, provocándole una gran pérdida de sangre. “Entiendo que la segunda puñalada fue para rematarlo”, declaró.
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Después, el adolescente habría sido llevado a un pequeño cuarto ubicado en el fondo de la propiedad. “Dijo que ahí ‘lo hizo mierda’”, recordó. Luego, agregó, el cuerpo fue enterrado y cubierto con un cantero construido especialmente para ocultarlo.
Varios de los detalles mencionados por el testigo encuentran puntos de contacto con las conclusiones alcanzadas por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) tras analizar los restos de Fernández Lima. Los especialistas determinaron que Diego sufrió una muerte violenta y presentaba signos compatibles con un intento de descuartizamiento.
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“Se describe una lesión observada en la cuarta costilla derecha compatible con un objeto cortopunzante y lesiones similares en algunas articulaciones”, explicó en su momento Mariella Fumagalli, directora del EAAF y una de las especialistas que participó del proceso de identificación.

El jardín de los Graf
La parte más inquietante del relato aparece después de la descripción del ataque. De acuerdo con la declaración incorporada al expediente, tras la agresión el cuerpo de la víctima habría sido ocultado en el fondo de la propiedad. “Lo llevaron a un cuartito que tenía en el fondo”, recordó el testigo.
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Según la historia que escuchó, el cadáver fue enterrado y cubierto con una estructura construida especialmente para disimular el lugar. “Le hizo un cantero alrededor grande, que utilizó piedras y otras cosas”, declaró.
La descripción es todavía más precisa. El hombre que relató los hechos sostuvo que sobre el sitio donde había sido enterrado el cuerpo se plantó un árbol y se construyó un cantero de aproximadamente 45 centímetros de altura. También aseguró que la esposa del supuesto autor “salía a tomar mate y se sentaba en el cantero”.
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La declaración tuvo consecuencias concretas en la investigación. Tanto fue así que la Justicia ordenó nuevas excavaciones en la casa de avenida Congreso al 3700. La medida se apoyó tanto en la testimonial como en los resultados de un estudio previo realizado por Gendarmería Nacional mediante georradar, que había detectado anomalías en un sector del terreno.
Como contó Infobae, las tareas se realizaron este jueves con participación de personal de Gendarmería, integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense y efectivos de la Policía de la Ciudad. Sin embargo, según indicaron fuentes judiciales a este medio, no se halló “nada de interés para la investigación”.
“Se encontraron raíces de un árbol que fue removido. Ese fue el resultado: no rescataron ningún resto óseo ni material no biológico. Solo se hallaron fragmentos de azulejos y restos de un animal”, dijo a los medios Erica Nyczpor, una de las abogadas de Cristian Graf.
Mientras tanto, sigue vigente la prohibición de realizar modificaciones en el terreno durante al menos 60 días, con el objetivo de preservar potencial evidencia. En paralelo, los investigadores intentan identificar a la “minita” y determinar si efectivamente existió una joven con esas características dentro del círculo escolar de la época.
La familia Fernández Lima, en tanto, continúa esperando respuestas sobre lo ocurrido con Diego, que tenía 16 años cuando desapareció el 26 de julio de 1984.
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