
Juan Gabriel Marecos, Thiago Verón y Sabrina Moura fueron procesados esta semana. Los delitos: dos hechos de robo y privación ilegítima de la libertad. La modalidad de estos robos es un nuevo clásico, que consiste en llamar un auto de aplicación para asaltar al chofer. El juez Darío Bonanno, con una investigación del fiscal Andrés Madrea en su escritorio, decidió la prisión preventiva para Marecos y Verón. Moura, considerada una partícipe secundaria, no fue a la cárcel.
Esta es una banda curiosa, un tanto mixta. Marecos tiene 29 años, oriundo de Ciudad Oculta en Villa Lugano, dice ser remisero. Thiago Verón, de 18, reconoció un domicilio en Ingeniero Budge, Lomas de Zamora. También, aseguró que cartonea para vivir por 20 mil pesos al día, algo que se contradice un poco con las fotos en las que posa en Instagram, donde se muestra con motos nuevas y una pistola 9 milímetros. Moura, de 24 años, vive en la Villa 15, en Lugano también, dice ser ama de casa y vendedora de chucherías, también se dedica a préstamos barriales.
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Sus ataques, si es que son culpables, fueron tan feroces como torpes. El esfuerzo para cubrir sus rastros, a simple vista, fue poco.
El primer robo que se les imputa ocurrió el 3 de agosto de este año, cuando un chofer de apliación, de 55 años, respondió el pedido de viaje de una cuenta a nombre de “Gustavo” desde avenida Rivadavia al 7600 hasta las inmediaciones de la cancha de Nueva Chicago. Así, llegó en su Chevrolet Meriva a la cita. Dos varones subieron al asiento trasero. No tardaron en darle un culatazo en la nuca que le causó un fuerte sangrado. Luego, le ordenaron que se mueva al asiento trasero. Así, tomaron el control del auto y, con su víctima aterrada, se dirigieron a Ciudad Oculta.
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Mientras uno de los delincuentes conducía, el otro lo amenazaba a punta de pistola para que vacíe sus cuentas bancarias a través de su teléfono. “Colaborá, que la bala está en la recámara”, le dijo el pistolero. El remisero no podía siquiera presionar su pantalla; tenía los dedos llenos de sangre. Luego, le robaron el celular y la billetera.
Así, llegaron al asentamiento. El remisero, en un acto de arrojo que tal vez podría terminar en su muerte, intentó quitarle el arma al joven que lo encañonaba. Forcejearon por unos segundos. El remisero, insólitamente, ganó. No solo logró que ambos se bajaran de la Meriva; también retomó el control del volante. Todo, en un pasillo del asentamiento. Escapó, herido, con 50 mil pesos menos y sin su teléfono, pero con su herramienta de trabajo. Se dirigió al hospital Santojanni, donde le realizaron varias curaciones. Luego, hizo la denuncia.
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La División Investigaciones Criminales de la Policía de la Ciudad analizó el vehículo. Encontraron varias huellas allí, principalmente en una lata de gaseosa. Los rastros fueron cruzados con el Sistema Multibiométrico de Identificación. Allí, encontraron un match: hallaron “de manera indubitable”, en aquella gaseosa, cuatro dedos de Marecos, que había dejado años atrás, en una causa por el delito de tentativa de robo a cargo del Juzgado N°41.

El segundo ataque que se les imputa, y en el que la Justicia ubica a Verón, ocurrió tres días después con una mecánica idéntica: misma app, misma dirección de destino, mismas amenazas.
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Al llegar a Ciudad Oculta, los delincuentes le quitaron al chofer la rueda de auxilio, el teléfono, hasta un perfume que llevaba en la guantera. Lograron que transfiriera 67 mil pesos que tenía en una billetera digital a otra cuenta. La cuenta receptora estaba, insólitamente, a nombre de Thiago Verón. Luego, ese dinero habría sido reenviado a Sabrina Moura.
La División Investigaciones Criminales regresó al lugar. Las cámaras de seguridad ubicaron a Verón en la zona, reconocible por el impecable blanco de sus zapatillas.
En paralelo, el joven de Ingeniero Budge fue allanado en noviembre por otro delito, que finalmente Bonanno le imputó: se lo acusó de robar una moto Honda CB Twister el 30 de octubre último. La moto estaba estacionada en Parque Patricios, con una linga de seguridad. Luego, fue hallada en la casa de Verón.
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La Justicia hallaría otro match clave: Marecos y Moura habían sido pareja, tuvieron al menos un hijo en común. El acusado luego tuvo una hija con otra mujer de Ciudad Oculta, que resultó allanada: allí, se encontraron 120 bolsitas de cocaína.
Los dos varones se negaron a declarar en sus indagatorias. Moura, en cambio, ensayó una excusa poco creíble, relacionada a sus negocios de prestamista barrial.
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