
Víctor Lázaro Sotacuro, de 41 años y doble nacionalidad (peruana y argentina), tiene domicilio en la villa 1-11-14 del Bajo Flores. Según sus registros comerciales, su actividad principal está ligada a la venta al por menor de frutas, legumbres y hortalizas frescas. También está habilitado para reparar autos y motos. Su nombre está vinculado a un Volkswagen Fox en el que, presuntamente, viajaron dos hombres involucrados en las crueles ejecuciones de Morena Verdi, Brenda del Castillo y Lara Gutiérrez, halladas enterradas en una casa de Florencio Varela.
Fuentes del caso indicaron a Infobae que, al ser detenido en un hostal de Villazón (Bolivia) este viernes, Sotacuro habló sobre su participación en la secuencia que comenzó la noche del 19 de septiembre, cuando las víctimas subieron por su propia voluntad a una camioneta Chevrolet Tracker blanca que las llevaría a una fiesta que nunca existió.
De acuerdo a su versión, que no consta en el expediente, trabaja como remisero y habría llegado en el VW Fox a la casa donde fueron enterradas las víctimas el sábado por la madrugada, junto a su pareja. Sería la mujer que se ve en la foto que acompaña esta nota. Aclaró que había sido contratado por un amigo para realizar un viaje tras una fiesta.
Según indicó, de la propiedad salieron dos hombres que parecían ser muy jóvenes. Llevaban barbijo y plásticos en las zapatillas, como si no hubieran querido que se ensuciaran. Sí notó que sus ropas estaban sucias. No pudo determinar, señaló, si se trataba de barro o sangre.
Luego, dio una dirección en la que habría dejado el vehículo. De esta manera, se despegó de los crímenes. Aseguró, en ese orden, que escapó porque lo habían amenazado a él y a su familia. No hay dudas de que posee información clave.

Hay algunas contradicciones en su relato que generan dudas a los investigadores, por lo que no descartan que haya presenciado las torturas y los asesinatos. Incluso, el auto habría sido captado por cámaras de seguridad en la zona de Florencio Varela cerca de las 23. ¿Puede haber trasladado a los sicarios o a los jefes de la banda hacia la casa donde se cometió la masacre?
Ahora, los investigadores buscan determinar el recorrido que realizó ese vehículo, que no habría actuado como apoyo del secuestro debido a que las víctimas ya habían sido engañadas y habían subido de forma voluntaria a la camioneta en la rotonda de La Tablada. Tal vez, aventuran, buscaban cerciorarse de que las jóvenes hayan mordido la carnada.
Una posibilidad es que Matías Agustín Ozorio y/o el jefe de la banda, Tony Janzen Valverde Victoriano, alias “Pequeño Jota”, hayan estado en el vehículo que manejaba Sotacuro. Ambos continúan prófugos y son intensamente buscados.
De esta manera, la captura del presunto chofer en Villazón, a 600 metros del paso fronterizo de La Quiaca y a unos 1700 kilómetros de su casa en el barrio del Bajo Flores -tras un trabajo del MPA de Jujuy junto a la Policía de Bolivia- es vital para el expediente en manos de un equipo de fiscales de La Matanza, con Adrián Arribas a la cabeza.
La causa tiene otros cinco detenidos. El último fue Ariel Giménez, un argentino de 29 años, que habría sido contratado por la presunta banda narco para cavar el pozo en el que se enterraron los cuerpos.
Qué se sabe de “Pequeño J” en Perú
“Pequeño J”, con captura nacional e internacional, no tiene antecedentes en Argentina ni en Perú, confirmaron fuentes del caso a Infobae.
En tanto, personas cercanas a los barrios de la zona sur de la Ciudad indicaron que se comenta que la pretensión del presunto jefe narco era instalarse en la 1-11-14, Zavaleta y 21-24, un territorio fértil tras la captura de “Dumbo” y la salida de Marco Estrada González quien, sin embargo, continuaría teniendo un sector de la villa a su merced.

Aunque es difícil obtener testimonios acerca de su presencia en esos barrios, algunos vecinos dedujeron: “Se mostraba muy picante. Quería plantar bandera y esta fue su forma”. Todos coinciden en que “se pasó de la raya”. Con 20 años cumplidos, graficaron: “Ahora es como la lepra”.
También, hablaron de sus influencias en Florencio Varela y La Matanza, donde allanaron una propiedad en la que se habría ocultado antes de la llegada de la Policía.
Jazen pasó bajo el radar de las fuerzas de seguridad porque su familia no pertenecería a ninguna de las históricas bandas. Es, para la mayoría, un gran desconocido.
Por esa razón, sospechan que la fuente de su incipiente poder estaría en Perú. Creen que podría haber sido enviado para explotar una ruta de ingreso y distribución de cocaína, desde los asentamientos porteños, hacia el sur y oeste del conurbano. En esta línea, entra la hipótesis de una organización trasnacional detrás de su enigmática figura.
En ese punto suenan “Los Pulpos de Trujillo“, una estructura sanguinaria dedicada al tráfico de oro, los secuestros y a las extorsiones en la región de La Libertad, cuna de ”Pequeño J".
A quienes no se alinean a su organización “los torturan, descuartizan y los graban. Luego, envían las imágenes a los medios”, indicó una fuente. Un modus operandi muy similar al del triple crimen de Florencio Varela.
Incluso, las lesiones en los cuerpos de Morena, Lara y Brenda coinciden con las marcas que deja este grupo criminal en sus víctimas: la mutilación de orejas y dedos.
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