
La reconstrucción del caso de Diego Fernández Lima, el adolescente cuyos restos fueron hallados en Coghlan el pasado 20 de mayo, supone un gran reto para los investigadores a cargo del expediente, que intentan resolver, 41 años después, qué fue lo que ocurrió con el menor y determinar quién es el responsable de su muerte.
Pero también engloba un desafío para el entorno de la víctima, que en pleno 2025 intenta situarse en 1984 y buscar indicios que puedan aportar claridad a una causa cuyo principal sospechoso es Cristian Garf, un excompañero de colegio del joven que vivía en la casa donde se descubrió el cadáver.
En este núcleo de personas están quienes fueron a la escuela ENET N.º 36 “Almirante Brown” junto a Diego y el único imputado en el expediente, que esta semana fue acusado de encubrimiento agravado y supresión de evidencia por Martín López Perrando, titular de la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional N°61.
En su pedido de indagatoria, el fiscal incluyó, entre otras pruebas, las declaraciones de los excompañeros de ambos, quienes aportaron detalles de cómo era cada uno el año en el que habría ocurrido el episodio, describieron su vida escolar y el entorno de ellos en los días previos a la desaparición de Diego.
Los testimonios, a los que accedió Infobae, permitieron reconstruir no solo la rutina del adolescente, sino también su círculo social y ciertas costumbres que se volvieron indicios en la investigación judicial.

Uno de los relatos más completos fue el de un hombre que cursó con la víctima el primer y segundo año de secundaria. En su declaración testimonial, lo describió a Diego como “muy simpático, con calle, gracioso, amiguero y querido”. “Era un gran jugador de fútbol”, destacó sobre quien fue futbolista del Club Atlético Excursionistas.
También se refirió a los elementos que se hallaron en la fosa donde estaban los huesos. En este sentido, recordó que “Diego utilizaba el reloj y presumía de él”, en referencia al Casio-CA 90, que fue clave para determinar la época en la que enterraron el cuerpo.
Asimismo, el testigo -que era cercano a la víctima y dijo que solía salir con él a una matiné de la zona y a comer pizza- aportó que detalles del uniforme escolar que utilizaban. Dijo que consistía en un pantalón y corbata azul a la mañana, y en un mameluco de taller a la tarde.
De Diego dijo que “usaba la corbata con un nudo desprolijo y medias blancas con botas con peluche”, y que “solía colgarse objetos, como una moneda similar a la divulgada en medios”.

El hombre también mencionó a Cristian Graf, ahora sindicado como el principal sospechoso de la muerte de Fernández Lima. Sobre él, que es dueño de la casa donde estaban los restos del adolescente, dijo se incorporó a la escuela en 2.º año y aclaró que no recordaba si cursó 3º con ellos.
A diferencia de Diego, a Graf lo describió como “muy tímido”. “Si habló diez palabras fue mucho”, señaló. Al mismo tiempo, subrayó que no se imaginaba que tuviera habilidades mecánicas, como luego trascendió, y que creía que no solía salir con su grupo porque provenía de otro colegio.
A sus dichos se sumaron los de otros tres excompañeros de clase de Fernández Lima y Cristian Graf, quienes coincidieron con las descripciones aportadas. También recordaron que al día siguiente de la desaparición de Diego, su madre fue a hablar con alumnos porque su hijo no había aparecido y fue entonces que se inició una búsqueda que no tuvo resultados hasta 41 años después.
Los datos de las fechas aportados en los testimonios fueron corroboradas por los investigadores con la documentación hallada en el colegio de Fernández Lima. En los archivos de la ENET N.º 36 “Almirante Brown” surge que “Diego Fernández ingresó en 1982 (1.º año), cursó 2.º año en 1983 (repitiendo) y que en 1984 sólo hay registro de notas hasta el primer trimestre, asentándose su ausencia el 24/7/1984 a un examen de materia previa, dos días antes de su desaparición”.
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