
Luego de que el fiscal a cargo de la Unidad Fiscal Especial, Pablo Javega, acusara a Roberto Bárzola de ser el presunto asesino de Nora Dalmasso, quien fue asesinada en su casa del country Villa Golf de Río Cuarto el 25 de noviembre de 2006, los abogados a cargo de su defensa plantearon su desconfianza respecto del supuesto rastro genético que habrían encontrado en el cinturón de la bata de baño con la que se perpetró el crimen.
El perfil de ADN masculino fue encontrado producto de una colaboración entre el Ministerio Público Fiscal (MPF) y el Centro de Genética Forense del Poder Judicial de Córdoba con el National Center for Forensic Science, de la Universidad de Florida, Estados Unidos, después que fuera analizado el cinto y un vello púbico que había sido encontrado en la zona inguinal de la víctima.
“Una persona de sexo masculino figura como aportante compatible con las huellas genéticas recolectadas”, afirmó el investigador al indicar que el sospechoso no era parte del círculo familiar y que su nombre había figurado en la causa desde el comienzo. Hablaba de Bárzola, quien por ese entonces trabaja como pulidor de pisos en la casa de Nora.
La acusación fue cuestionada por la defensa de Bárzola, representada por los abogados Cristian Titarelli y Aquiles Rodríguez, quienes consideraron que era “raro” que su ADN haya sido encontrado 18 años más tarde del crimen. Asimismo, recordaron que en el juicio “se comprobó que la escena del crimen no había sido protegida”.

De acuerdo a la información publicada por el diario La Voz, los defensores confirmaron que el hombre no estaba formalmente imputado, pese a haber sido señalado como presunto autor del crimen. Después de que se hiciera público el hallazgo, el acusado fue citado a declarar, pero optó por mantener el silencio.
“Él es inocente del hecho que se lo acusa y, en virtud de ello, nuestra posición es trabajar sobre el mérito de la prueba y verificar si el hecho no está prescripto ya”, remarcaron los letrados al sostener que su cliente estaba en todo su derecho de no declarar. No obstante, Javega afirmó que si se comprobaba la autoría del hecho, la prescripción del delito quedaría nula.
Después de que el caso fuera investigado por varios fiscales a lo largo de estos años, el expediente cayó en manos de Javega a mediados de 2022. Previo a esto, el fiscal Luis Pizarro había solicitado un juicio contra el esposo de Dalmasso, Marcelo Macarrón, por el delito de homicidio calificado por el vínculo, por alevosía y por precio o promesa remuneratoria en concurso ideal, luego de que planteara como hipótesis que el viudo habría contratado un sicario para asesinarla cuando él se encontraba de viaje en Uruguay.
La teoría había sido alimentada por el perfil genético de una tercera persona ajena al matrimonio que había sido detectado en la escena del crimen, sin embargo, esta no pudo ser probada. De hecho, el fiscal de juicio, Julio Rivero, tuvo que pedir la absolución de Macarrón y planteó que la mujer había sido asesinada por una sola persona y que podría tratarse de alguien que ella conocía.

A partir de esto, Javega ordenó que se realizara un mapeo genético de todas las personas que fueron testigos e imputados durante la investigación. Fue así como los peritos dieron con Bárzola, quien había sido llamado a declarar en seis oportunidades, luego de que la madre de la víctima lo mencionara en su declaración.
Una vez que se lo identificara genéticamente, el fiscal planteó que el parquetista habría abusado sexualmente de la víctima, para luego asesinarla por medio de la asfixia con el cinto de la bata de baño. Por este motivo, aseguró que se centrará en analizar si el delito sería vigente penalmente antes de proseguir con la causa.
En ese sentido, adelantó que, junto a su equipo, hará “una exhaustiva de búsqueda de antecedentes”, un detalle que puede evitar la prescripción de la causa. “Son los jueces los que determinan si hay certeza o no, y los fiscales los que pedimos que un juez haga un juicio”, remarcó.
De la misma forma, destacó que “la prueba genética, tal como nos la han informado, da un linaje en múltiples muestras del cinto. No es una huella en un corte específico, sino que son ocho huellas". Asimismo, analizó que “en eso impacta la huella sobre lo que termina siendo el arma homicida, porque lo que nunca estuvo adjudicado fue la causa de muerte de la víctima, que fue una asfixia mecánica mixta al lazo y manual“.
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