
(Desde Resistencia, Chaco) La tranquera del predio está abierta y varios perros salen al encuentro. Son pasadas las 10 y el sol comienza a picar en la ciudad de Barranqueras. Marcelina Sena (58) —la hermana menor de Emerenciano— alza la vista y saluda al equipo de Infobae que llega a su casa, ubicada en la intersección de las avenidas Soberanía Nacional y Mosconi, a unos 15 minutos en auto del centro de Resistencia.
El predio es muy grande. Hay palmeras, limoneros, naranjeros y variedad de plantas aromáticas. Hay, también, animales: gallinas, guineas, gansos. La entrevista transcurre en el quincho del domicilio, “el rancho”, como dice el cartel que cuelga de la entrada y es la primera que da la mujer a un medio desde que el dirigente social está detenido, acusado de ser coautor del femicidio de Cecilia Strzyzowski, junto a su esposa, Marcela Acuña, y su hijo, César.
“Lina”, como la llaman los suyos, ofrece mate y se sienta en una mesa larga cubierta con un mantel de plástico donde, hasta los primeros días de junio, también se sentaban su hermano, su cuñada y su sobrino. “Acá vinieron y me escracharon. Después hicieron un allanamiento y trajeron perros. Obvio no encontraron nada”, dice ella.
El nombre de esta mujer comenzó a sonar fuerte los primeros días de julio, casi un mes después de la detención de los Sena, cuando intentó ingresar un mensaje a la Comisaría 3ª de Resistencia, durante una de las visitas que realizó a su hermano. En el texto, escrito en letra imprenta y con birome negra, le advertía: “Si Marcela declara, se hunden los tres”.
A dos meses y medio de aquel episodio, “Lina” jura que no fue ella quien escribió esa carta. “Alguien la metió en el táper con comida que era para mi hermano. Yo la llevé sin saberlo y quedé como la culpable. Ni siquiera es mi letra”, se defiende.

Hijos de un pescador correntino y una mujer de nacionalidad paraguaya, los hermanos Sena son, en total, doce. “Lina”, la que le sigue a Emerenciano, dice que no asimila que lo acusen de haber cometido un crimen. “No me cabe en la cabeza ni voy a creer que Emerenciano mató a alguien. Si realmente existe la Justicia, mi hermano ya tendría que estar afuera”, asegura.
—¿Cómo es su relación con Emerenciano?
—Yo soy su hermana más cercana. Nos veíamos cuando él tenía tiempo y venía a mi casa. Por lo general Marcela hacía de intermediaria. Me mandaba un audio, un mensaje o me llamaba y me decía: “‘Lina’, dice ‘Eme’ que quiere ir a cenar” y venían con César. Otras veces hacían actividades en el barrio Emerenciano y me decían que fuera. Las invitaciones casi siempre llegaban a través de Marcela, porque mi hermano siempre estaba ocupado: era un loco del trabajo, como yo.
—¿Y con César?
—Lo veía cada tanto, cuando sus padres venían por acá. Siempre me pareció un chico correcto, bueno, amoroso. Nunca vi nada malo en él. Durante estos meses, además de ir a visitar a mi hermano y a su esposa, también fui a verlo a mi sobrino a su lugar de detención. Te diría que César es el que está más entero de los tres. La peor es Marcela: ella es mamá y le preocupa su hijo.
—A Cecilia, ¿la conoció?
—Sí. La vi tres veces. La primera vez fue en la graduación de César, cuando él se recibió el maestro mayor de obras, en diciembre del 2022. La segunda fue a fin de año, el 31 de diciembre, ella estaba en el barrio donde se hizo una cena. Yo la saludé con un beso: “Hola, ¿cómo estás?, le dije”. La última vez fue en el boliche Coliseo, para el cumpleaños Marcela: fueron con César un ratito y después se retiraron.

—César y Cecilia se casaron en secreto y se divorciaron a los tres meses. ¿Usted estaba al tanto de toda esa “interna” familiar?
—No. Ni por la mamá, ni por el papá, ni por nadie. No tenía conocimiento de eso. Porque, como te dije, ellos venían cuando podían. A veces cada dos meses, otras cada quince días. Sí es cierto que, en el último tiempo, estuvimos más en contacto por el tema de la campaña (N.d.R: Sena era candidato a diputado provincial y su esposa a intendente de Resistencia). Emerenciano y Marcela vinieron acá el viernes 2 de junio (N.d.R: fecha en que los investigadores sostiene que mataron a Cecilia), creo que eran las 16.30 o 17. Llegaron, yo estaba acostada y me levanté. El lunes 5 vino Emerenciano solo, también a la tarde, y se fue allá atrás (N.d.R.: señala el fondo del predio) a pintar un mural en el galpón con todos los compañeros. Ese mural después tuve que taparlo, porque en dos oportunidades pasaron a la madrugada y dispararon.

—A principios de julio intentaste llevarle una carta a tu hermano en una visita a la Comisaría. ¿Qué explicación tiene para dar?
—Yo retiraba la comida del barrio Emerenciano. Recuerdo que era un momento en que todo estaba muy convulsionado: decían que Cecilia estaba enterrada ahí, la policía estaba por levantar el asfalto y le habían allanado la casa a una compañera. En ese contexto fui a la comisaría con un táper a llevarle la comida a mi hermano. Cuando llegué, la policía empezó a revisarlo y encontró la carta con dos pastillas. Alguien la metió ahí, yo la llevé sin saberlo y quedé como la culpable. Ni siquiera es mi letra. Después nosotros mismos empezamos a prepararle la comida.
—¿Nunca pudo averiguar quién fue?
—No. Yo se lo atribuyo a la mafia de la política que es muy grande y sé bien que a mi hermano lo quieren bajar hace mucho tiempo. Emerenciano tenía muchos enemigos en la política. Les molesta que alguien con su nivel de humildad diga lo que él dice y haga lo que él hace. Nadie habla de todo lo bueno que hizo, prefieren decir que forma parte de un “clan” y que es un asesino.
—¿Cómo describiría el vínculo que tenía Emerenciano con el gobernador Jorge Capitanich?
—El gobernador siempre estaba dispuesto a trabajar con las organizaciones sociales. No solo con la de Emerenciano, sino con muchas otras. De hecho, Capitanich fue elegido por el pueblo humilde. Él fue quien le dio una oportunidad y contención a toda la clase baja. Mi hermano comenzó pidiendo mercadería cuando había miles y miles de personas necesitadas que no tenían un referente que pudiera hablar por ellos. Ahora llegó (Leandro) Zdero y dijo que va a terminar con los piquetes. Me parece muy bien que le dé trabajo a la gente. Porque las organizaciones sociales, yo no me voy a referir a ellos como piqueteros, somos parte del pueblo.
—Dice que no le entra en la cabeza que su hermano haya cometido un crimen. ¿Y Marcela y César?
—Mirá, yo ese viernes 2 de junio los vi igual que siempre que a los tres. No me dijeron nada. Incluso se quedaron a cenar, César vino más tarde porque llegó de Colonia Elisa. Lo mismo pasó el lunes 5.
—¿Y no se habló de Cecilia en esos días?
—Yo te explico: ellos vinieron y se fueron al galpón. Cuando volvieron, el quincho se llenó porque éramos muchos. En ese momento, además, se estaba haciendo campaña. No nos poníamos hablar de cosas de personales. Más allá de eso, que sean culpables o no a mí ya no me interesa: ellos son mi familia.
*Fotos: Edgard Aguirre.
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