
“Fernando (Pérez Algaba) le debía mucha plata a muchas personas. Había estafado a muchas personas en grandes cantidades”. La tarde del 26 de julio, Nazareno Iglesias pronunció esas palabras en la DDI de Lomas de Zamora, donde acudió con su padre, Gustavo, un hombre de 56 años al que vinculan a la barrabrava de Boca. Las miradas, en ese entonces, estaban puestas sobre ambos a raíz de la difusión de audios con amenazas de muerte cruzadas con el comerciante hallado descuartizado en Ingeniero Budge. El abogado Rodrigo González les aconsejó, entonces, declarar de forma espontánea. Ahora, pidió ampliar la declaración ante el fiscal Marcelo Domínguez, indicó a este medio.
Los Iglesias no son testigos en la causa porque aún no descartan su participación en un crimen con varios sospechosos y una hipótesis fuerte: el ajuste de cuentas por un móvil económico, aunque la pista narco también sobrevuela el expediente dados los vínculos de Pérez Algaba con Esteban Tulli, más conocido como el “narco zapatero” y su hija, Damaris.
Por estas horas, el modo de vida y las deudas que había contraído la víctima en los últimos meses marcan el ritmo de la investigación. “Lechuga”, como lo llamaban, llevaba en el dorso de los dedos el símbolo dólar y la palabra XAU -el código del oro en el mercado-. Esos fueron los primeros tatuajes que notaron los forenses al abrir las bolsas que ocultaban sus brazos, con el puño casi cerrado.
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Le fascinaba la vida de lujo que alcanzó gracias a la venta de autos de alta gama. Esa actividad lo acercó a Nazareno Iglesias. El joven de 26 años relató en su declaración, a la que tuvo acceso Infobae, que conoció personalmente a Pérez Algaba en septiembre u octubre de 2018, cuando ambos se dedicaban a la compra y venta de vehículos. La venta exitosa de un Golf los acercó aún más.

En ese momento, “Lechuga” tenía una peluquería de nombre “Scissors” en Castelar, donde se reunía con otros amigos a jugar juegos de mesas y conversar de negocios. Al terminar la relación con su novia, lo invitó a un departamento que había alquilado en Miami. Estuvieron por 10 o 15 días.
Dijo, Nazareno, que entre el 2019 y 2020 realizaron varias transacciones de vehículos. La más resonante fue la venta de un BMW modelo M2, de color negro, un vehículo valuado en más de 100 mil dólares. En segundo lugar, mencionó la venta de un arenero UTV POLARIS y un Audi RS5, que no bajan de los UDS50 mil.
En abril de 2021, Fernando lo recibía en “Búnker”, un galpón en Parque Leloir que había acondicionado y en el que se juntaban de forma habitual con otras personas a jugar a las cartas, comer, charlar de la vida y de negocios, pese a las restricciones por la pandemia.
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“Bunker”, donde López Algaba guardaba varios de sus vehículos, tenía baño con ducha, una mesa de pool, una parrilla y una amplia mesa. Nazareno, en esa época, comenzó a notar que su amigo tenía “una adicción con los juegos virtuales de ruleta y que hacía apuestas de mucho dinero”, y que dejaba de lado la compra y venta de automotores para meterse de lleno en el ámbito de las criptomonedas.
El comerciante reconvertido en trader aseguraba que estaba “muy bien económicamente” y que había adquirido una casa en Cariló. Poseía, además, distintos vehículos de alta gama: un Audi R8, un Porche 718 Spider, un Mercedes Benz GLE400 y otro A200, un Porch Macan y un BMW M4.

Pese a ese presente que parecía ideal, Pérez Algaba le pidió 20 mil dólares que le devolvería con un interés. Iglesias aceptó y Pérez Algaba cumplió, aunque con un interés menor al pactado inicialmente. Luego, volvieron a acordar un préstamo de la misma suma. Con la venta de una camioneta de USD 50 mil, llegaron a pactar la suma de 1.600 dólares por mes.
Gustavo Iglesias, entusiasmado por la operación, pidió ser parte y también le prestó dinero a Pérez Algaba. El problema fue que, a principios de 2022, se comenzó a atrasar hasta que dejó de pagar. “Cambió su forma de ser”, recordó el joven. “A mediados de julio y principios mes de agosto, dejó de contestar mensajes y llamadas”, agregó Nazareno, que advirtió que su ex amigo había cambiado el número de línea. Se enteró, por redes sociales, de su viaje a Barcelona.
Según su versión, indagó en su círculo y se enteró de que le debía dinero a muchas personas y que había cometido estafas incluso durante 2023. Habló de un grupo de “gitanos” al que los estafó por 150 mil dólares y mencionó “Renacer”, el barrio privado de General Rodríguez, donde fue visto por última vez.
De acuerdo a su declaración, “Lechuga” había vendido varias veces un mismo lote a distintas personas, desconociendo los montos de dinero. Contó que un conocido lo enfrentó en un restaurante de Parque Leloir y que lo amenazó con un arma de fuego. Otra situación similar ocurrió en un bar de Castelar.
Por último, aseguró que, antes de cortar el diálogo entre ambos, Pérez Algaba amenazó con pegarle un tiro a su padre y que se enteró por los medios del crimen.
La palabra del padre
Su padre, Gustavo, declaró en la misma dirección. Aclaró que conoció a Pérez Algaba ocho años atrás, en una agencia de autos, cuando el comerciante asesinado se manejaba en un Peugeot RCZ. También hicieron negocios con vehículos de alta gama.
Se refirió a la deuda de 35 mil dólares que el amigo de su hijo no completó y cómo Nahuel Vargas -otro implicado en el caso- le consiguió el nuevo número de teléfono de Pérez Algaba. Cuando logró comunicarse, recibió explicaciones y promesas, pero el dinero no llegaba. Las conversaciones subieron de tono hasta que llegaron las amenazas que circularon por los medios.
“Yo no te voy a matar, te voy a hacer algo peor, te voy a sacar los ojos y cortar las manos para que no puedas contar más en tu vida plata, te juro por mis hijos que no tengo ningún problema por ir preso”, dice una de las amenazas grabadas por Pérez Algaba.
Iglesias (padre) afirmó que luego de esa charla, “Fernando Io llamó en diversas oportunidades, a cualquier hora del día, insultando y agrediéndolo”, por lo que resolvió bloquear su teléfono. Al igual que su hijo, vio la noticia de su muerte por la televisión.
Sobre la difusión de los audios, Gustavo Iglesias señaló a la gestora de Fernando López Algaba, de nombre Flavia. Sin embargo, el abogado tiene una hipótesis más inquietante sobre quién divulgó esos archivos de voz: “Fue el homicida”. Y explicó cómo: “Si tienen la clave (del teléfono), lo ponen en modo avión y el celular pierde señal (es irrastreable). Así pueden descargar todo sin ser descubiertos”.
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