
El jueves pasado Joaquín Sperani (14) llegó a la escuela Ipem Nº 278 “Malvinas Argentinas” de la localidad cordobesa de Laboulaye con su bicicleta. La estacionó, pero no se quedó en el colegio. Se fue con su amigo de la infancia caminando. Nadie más lo vio con vida: tres días después lo hallaron muerto. Lo habían matado a golpes y su amigo es el principal sospechoso del crimen. Una semana después, esta tarde, ese centro educativo donde se vio por última vez al adolescente se convirtió en el epicentro de la movilización que encabezaron los papás del chico asesinado, a la que definieron como: “Una unión simbólica y silenciosa, como el silencio que tuvieron ellos (los docentes) de no avisarme que no estaba en clase”.
“Mi cerebro y mi voz van a quedar intactos para hacer Justicia. Cuando tenga la justicia me pondré en una cama a gritar y a zapatear por no tenerlo. Hoy estoy fuerte por él, porque soy su voz”, fue la manera en la que encontró Mariela Flores, la mamá de Joaquín, de explicar cómo se siente en el marco de la movilización.
Alrededor suyo, los vecinos que se acercaron al colegio llevaban carteles que exigían Justicia, había chicos con globos blancos y una bandera que rezaba por “Justicia por Joaquín, qué pague el culpable”. Mariela, en cambio, en sus manos portaba claveles, también blancos.
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Esas mismas flores, y muchas más, quedaron desparramadas sobre el piso de la entrada del colegio, por el lugar que pisó Joaquín. Múltiples velas blancas quedaron prendidas frente al portón, cuál altar.

Mientras, en una de las paredes de la escuela permanecía pegada la foto de la bicicleta del adolescente, que la mostraba estacionada como la dejó el día que desapareció en el playón del frente del colegio, símbolo del caso.
“Todo puede ser hoy para mí, nada puedo dejar al azar”, dijo Mariela sobre las hipótesis de lo que pasó con su hijo ese 29 de junio pasado en medio de la marcha, de modesta convocatoria. “Si saben algo, sin miedo, porque están ayudando... Piensen que puede haber sido su hijo. Si vieron o saben algo, se acercan a mi abogado, a mí, a mis familiares. Es comprometerse sin miedo”, lanzó la mujer casi como una súplica y con la foto del adolescente aferrada a su mano.

Mariela se quejó nuevamente porque desde que desapareció su hijo hasta que lo hallaron muerto, “de la escuela nadie apareció, las autoridades tienen que estar en el momento cero”, dijo. Por eso, la movilización fue en silencio: “Como el silencio que tuvieron ellos (los docentes) de no avisarme que no estaba en clase”.
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En tanto, más temprano habló el abogado de la familia de Joaquín se refirió al adolescente detenido en un centro de menores de la capital provincial por el crimen de Joaquín, quien el domingo pasado se quebró y confesó el homicidio. Y dijo que cree que el acusado le “tendió una trampa mortal” a su amigo.

“Creo que un chico de esa edad, sin yo ser sociólogo, ni psicólogo, ni antropólogo podría decir que tuvo la capacidad de armar un plan para matarlo”, dijo Raúl Frencia, quien representa legalmente a Martín Sperani y Marcela Flores, y reclamó que se analice la posibilidad de “bajar la edad de inimputabilidad”
*Con información de Néstor Daniel Mansuino
*Fotos: Mario Sar
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