
Alfredo llega todos los días muy temprano a la recova de la avenida Paseo Colón al 100, a menos de media cuadra de la Casa Rosada, en la puerta del ministerio de Economía. Hace 10 años repite la rutina de instalarse con su puesto sobre un caballete en el que vende galletitas, alfajores y paquetes de pastillas. Pero esta madrugada no fue una más. Estuvo signada por la tragedia. Alrededor de las 5:15 empezó a escuchar gritos a metros suyo, donde una joven pareja en situación de calle duerme algunas noches junto a dos mellicitas muy pequeñas. Pensó que se trataba de una discusión pero cuando escuchó a la madre gritar “mi beba, mi beba” supo que pasaba algo más.
Enseguida la pareja se acercó con una de las bebés en busca de ayuda porque notaron que no se despertaba. El vendedor ambulante no tiene teléfono celular. Les sugirió dirigirse a la Casa de Gobierno donde siempre hay guardia policial las 24 horas. De allí le avisaron a la Policía de la Ciudad, que tiene jurisdicción fuera de los límites de la Rosada. Llamaron a la ambulancia. Demoró 4 minutos, según registros del SAME. Ya era tarde. La bebé, de apenas tres meses, no tenía signos vitales cuando arribaron los médicos. La causa quedó caratulada como “muerte dudosa”.
“Es una parejita de jóvenes la que paraba ahí. Tendrán entre 25 y 30 años. No dormían siempre ahí. Hoy estaban acá, otros días se iban a la vuelta sobre Plaza de Mayo. Yo los saludaba a veces, pero no tenía conversaciones con ellos. Es más, nunca me di cuenta que tenían dos criaturas. Siempre pensé que había una sola nena”, le cuenta Alfredo, quien fue convocado por el personal policial para ser testigo, a Infobae. “No sé que tuvo la bebé, si se ahogó con la leche u otra cosa. Vi que todos corrían pero no podía dejar solo mi puestito”, agrega.

Sobre la vereda pueden verse aún desparramadas junto a la pared las pocas pertenencias de la pareja, que cerca de las 8:30 fue trasladada a la Comisaría Vecinal 1D, en Lavalle al 400, para recibir asistencia psicológica. Hay una frazada gastada de color gris, otra azul y también asoma el envoltorio de un paquete de pañales. La imagen de la desolación. De la pobreza que golpea con fuerza, en pleno centro porteño, apenas a unos pasos de la Rosada.
Sobre Hipólito Yrigoyen, donde estuvo más de tres horas el cuerpo de la bebé fallecida, se instaló un gazebo rojo para preservar la escena. A las 9 la Policía Científica se la llevó para las pericias correspondientes a la Morgue Judicial. “Siempre los veía cuando pasaba por acá para ir a trabajar. Es terrible lo que ocurrió. Me llamó la Policía para dé mi testimonio. No vi mucho, solamente que los padres estaban desesperados”, señala Javier, otro de los testigos. Y agrega que “nunca me di cuenta que tenían otro nene, eso me dijeron, pero no sé”.

Los que transitan por allí no pueden entender todavía qué pasó cuando el personal policial les pide que bajen a la calle para avanzar. Beatriz, una señora que a través de la iglesia Príncipe de Paz de San Telmo reparte asistencia a quienes duermen a la intemperie en la Ciudad, le dice a este medio que “algunas veces les dimos una merienda o los ayudamos con comida. A veces los veíamos por acá, y una vez hasta los encontramos durmiendo cerca de Plaza Once. No tenían lugar fijo. Estoy muy triste por esta situación”.
Una integrante de la Policía Científica despliega su maletín y luego intervienen otros efectivos que empiezan a colocar en bolsas negras la poca ropa de la pareja. Alfredo también levanta su puesto. También se lo ve golpeado. La pareja permanece a esa hora en la comisaría. Nadie sabe qué futuro les espera después de atravesar un momento tan doloroso.
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