Ezequiel Chirino sintió enojo e impotencia cuando accedió a las declaraciones de Jorge Chaile y Rufino Meza, los dos militares que aseguraron haber sido sometidos junto a su hijo, Matías Chirino, a torturas y abusos por parte de sus superiores durante el ritual de “bautismo” en el Ejército en un cuartel de Paso de los Libres, provincia de Corrientes.
Meza y Chaile sobrevivieron. Matías, que ingresaba como subteniente tras su graduación, está muerto: se ahogó con su propio vómito. Hoy son nueve los militares que están en la mira de la Justicia como posibles responsables de su fallecimiento.
“Son cosas que no se puede creer que aún sucedan. Ahora, con este nivel de pruebas y lo que dijeron estos chicos, ¿cómo puede ser que todavía no hayan imputado a ninguno de estos malnacidos?”, cuestionó Ezequiel durante una charla telefónica con Infobae. “Tampoco secuestraron ninguno de los celulares de estos superiores que están siendo investigados. Tengo miedo de que la causa se estanque y que quede en la nada”, reclamó preocupado.
Los rumores sobre los excesos cometidos durante el “bautismo” por parte de los superiores tomaron forma en las últimas horas, cuando la Fiscalía Federal de Paso de Los Libres, a cargo del doctor Fabián Martínez, incorporó en la causa el sumario realizado por el Ejército Argentino, en el que esos dos compañeros de Matías relataron al detalle lo sufrido en la noche del sábado 18 de junio pasado, y también las horas previas a la muerte del subteniente cordobés.
Jorge Chaile, de 27 años, y Rufino Meza, de 26, ingresaban al cuartel de Artillería en esa jornada trágica. Los detalles de lo que sufrieron fueron escalofriantes.
Chaile aseguró que un subteniente llamado Facundo Acosta los contactó a lo tres para que se presentaran en el Grupo de Artillería dos días antes de lo que tenían indicado. No sólo les dijo que debían presentarse, sino también “invitar la cena de presentación” a todos los presentes, es decir, pagarla.
Chirino fue el responsable de realizar las compras para esa cena, pero al iniciar el evento sus superiores consideraron que el alcohol y los cigarrillos no eran suficientes para toda la noche. De acuerdo al relato, a los oficiales más antiguos les molestó que no hayan llevado las marcas que ellos habían especificado: cerveza Corona, vino Rutini y whisky Jack Daniels.
Allí empezaron las primeras obligaciones para los tres nuevos integrantes: hacer “fondo blanco”, aún con el estómago vacío. También se burlaban de ellos por haber llegado con sus familias. “Yo fui sólo con Matías hasta Paso de los Libres, para acompañarlo hasta su entrada. Hicimos videos y fotos y nos morimos de risa durante el recorrido”, indicó Ezequiel.
“Como pensaban que había poco alcohol, a mi hijo lo mandaron a la parte céntrica de Paso de los Libres para que comprara más y, también, cigarrillos. Lo mandaron así, solo, y después de haber hecho fondo blanco con esos tragos”, agregó el padre del militar muerto.
Mientras Chaile y Meza declararon que durante la preparación del asado los obligaron a ponerse el uniforme de gimnasia y, por debajo, la malla de natación; y que un teniente les preguntó si sabían nadar. Ante la negativa del mayor de los nuevos, les dijo que se pusieran cerca del borde dela pileta. “Como mi hijo no conocía nada de esa ciudad, y en el estado en el que estaba, tardó como una hora en poder regresar. No conocía a nadie. Era esperable que pasara algo así”, relató Ezequiel.

Los compañeros declararon que una vez que Matías regresó, también fue obligado a meterse en la pileta ante las bajas temperaturas.
Ezequiel Chirino aseguró que el 12 de julio declaró una soldado de apellido Acuña, quien “era la responsable de la cocina y del orden en el edificio”. “Dijo que, en un momento, le ordenaron preparar fideos hervidos. Ella sabía que se estaba haciendo un asado. Entonces, pregunto para quién era los fideos, y le dijeron que era para los tres nuevos”, afirmó.
En su declaración, Chaile aseveró que les sirvieron a sus superiores el asado pero que a ellos no les dejaron probar ni un bocado, y los obligaron a comer fideos hervidos con la mano, sin siquiera cubiertos.
“Esa mujer afirmó que durante la cena le ordenaron que se retirara del lugar y que, ya cerca de las 12 de la noche, recibió un mensaje de WhatsApp de la subteniente Claudia Cayata, que le dijo que estaban todos mal, que era todo un descontrol y que había uno medio muerto. Pero lo dijo en tono jocoso, como burlándose de mi hijo y de sus compañeros”, aseguró Ezequiel.

Chaile y Meza coincidieron en sus declaraciones en que, después de la cena, los superiores los obligaban a cantar la oración del Soldado y que, si se equivocaban en la letra, los castigaban con flexiones de brazos, correr alrededor del Casino o tomar más whisky.
“La misma militar que declaró el lunes dijo que cuando llegó al edificio al otro día vio todo revuelto, con botellas tiradas en el suelo y con dos sillas de algarrobo rotas, que eso nunca había pasado antes. Dijo que cuando llegó y le contaron lo que había pasado con mi hijo, decidió no tocar ni ordenar nada”, relató el padre del militar muerto.
“También declaró la enfermera que lo atendió a mi hijo a la mañana siguiente. Dijo que Matías estaba de costado, todo vomitado en un colchón apoyado sobre el suelo, que tenía poca ropa encima y que hacía mucho frío. Estaba casi sin signos vitales. También declaró que actuó de acuerdo al protocolo, pero cuando le consultaron sobre el protocolo a realizar no pudo especificarlo”, se lamentó.

Desde la muerte de Matías, la realidad de la familia Chirino se vino abajo. Ezequiel aseguró que, pese a la cantidad de trámites, todavía no encontró fuerzas para volver a trabajar en el rubro que se especializa, la jardinería. Su esposa Mónica Zapatera, al igual que su hija Ariana, de 18 años, están devastadas.
“No tengo forma de sacar de mi cabeza el tremendo futuro que tenía mi hijo con su novia Valentina, que se iba a ir a vivir a Paso de los Libres con él cuando se recibiera de contadora. Ellos tenían muchísimos proyectos juntos”, recordó Ezequiel.
Así, retomó con fuerza su pedido de Justicia: “Yo, lo único que quiero es que se haga justicia para mis hijos, que se imputen a estas nueve personas. Porque ellos, a pesar de que fueron separados del Ejército, están haciendo su vida normal, como si nada”.
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