
“Es grosso”, relataba días atrás un investigador federal a Infobae sobre la causa en curso: “Muy grosso”. Quizás, el término fue una subestimación.
En las últimas semanas, luego de una investigación de la PROCUNAR a cargo del fiscal Diego Iglesias, la Fiscalía Federal N°2 de Cecilia Incardona y el Juzgado Federal N°2 de Lomas de Zamora a cargo de Luis Armella que comenzó en 2018, el Escuadrón Antidrogas de Gendarmería y Prefectura allanaron y desarticularon a una organización narco que intentó contrabandear una tonelada y media de cocaína a Europa, un volumen que supera ampliamente a la icónica tonelada del caso “Carbón Blanco”, hasta hoy la mayor jugada internacional de droga en la historia argentina. La jugada era sencilla: no planeaban introducir la droga en containers, disimulada en otros productos. Eran navegantes. Su plan era llevar la droga en velero hasta aguas internacionales. Allí, la entregarían a un buque.
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El presunto jefe de la trama ya fue identificado: el acusado es Gustavo Diego M., un argentino de 48 años basado en Málaga, España. En el país había tenido un domicilio en San Justo y un alta en la AFIP como empresario. Doce años atrás, integró una empresa radicada en Santa Cruz dedicada a la minería, al menos en los papeles.
Así, seis personas fueron detenidas y once domicilios fueron allanados en territorio bonaerense, según confirmaron fuentes de los organismos de seguridad. Se secuestraron seis camionetas, dos automóviles, un velero, una lancha rápida y un bote semirrígido, seis motos, equipos GPS, siete celulares, 650 mil pesos, 38 mil dólares, 53.690 euros, 11.300 reales, un dispositivo para almacenar bitcoin y una máquina para contar billetes.
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También, se encontraron 1.549 kilos de cocaína.

La causa tomó un fuerte empuje en el último mes, luego de largas escuchas telefónicas. Las tareas de campo hechas por Prefectura en la zona de Belén de Escobar -a donde llegaron por la triangulación de señales telefónicas- revelaron movimientos de los investigados en tres embarcaciones sobre el río Paraná, con base en dos domicilios de la zona. Así, se logró identificar una entrega de cajas en una lancha, que fue seguida. Se llegó a un velero, llamado Quo Vadis. La pista llevó también a un complejo turístico de cabañas sobre la zona del Paraná de las Palmas, donde se detectó otro pasamanos de bultos a dos embarcaciones más, la lancha y un botesemirrígido, bautizado con un curioso nombre: “El Fanfi.”
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La Justicia federal dio la orden y se interceptaron las embarcaciones. Luego, fueron hacia el complejo de cabañas. Allí, encontraron 34 bultos envueltos en plástico negro, con 889 kilos de cocaína, dinero y equipos de comunicación.

Los datos en este operativo llevaron a cuatro allanamientos en el country El Centauro de la zona de Ezeiza. Allí se encontraron otros 660 kilos de cocaína. La pista del caso continúa y se esperan más procedimientos. La sospecha también se enfoca en otro delito más allá del transporte de drogas: el lavado de dinero.
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Hay un dato evidente: 1500 kilos no se consiguen de manera tan fácil. Un lote de este tamaño implica un contacto fuerte con logística narco aceitada que implica una cadena de actores desde Bolivia hasta la provincia de Buenos Aires. Investigadores del caso sospechan que la droga fue lanzada por un bombardeo aéreo, una de las modas recientes del narcotráfico a gran escala. La jugada es sencilla: un avión vuela con la droga y la lanza en medio de un campo. Luego, los narcos van y recogen. El miércoles 18 de mayo, en pleno día del Censo Nacional, un escuadrón de Gendarmería Nacional se trasladó con dos patrulleros al departamento Constitución, provincia de Santa Fe, entre las localidades de Juan Molina y Conesa, el límite con la provincia de Buenos Aires, para actuar en un hallazgo inquietante: 175 kilos de cocaina distribuidos en bolsas de arpillera, prolijamente envueltos en plástico, que habían sido lanzados por aire en el medio de un maizal.
Los casos también se repiten en el Puerto de Zárate, con varios envíos encontrados por la PFA, disimulados entre containers, vinculados a traficantes con históricas líneas hacia Europa. Los 1500 kilos hallados en esta causa tras cuatro años de investigación se suma a la tendencia que apunta a un solo norte tétrico: la Argentina se convierte otra vez en un punto caliente de operaciones para enviar cocaína al otro lado del Atlántico.
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El negocio, como siempre, es redondo: 1500 dólares el kilo mayorista en Bolivia, 30 mil euros en Barcelona.
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