
En el último tiempo, la vida de Ángel Pascual Ramos se había tornado misteriosa, al menos para su círculo más íntimo.
El joven de 23 años había comenzado a viajar con frecuencia a la Ciudad de Buenos Aires desde Laferrere, donde vivía junto a su familia y donde se crio. Supuestamente, según él mismo, había conseguido un trabajo, eso le decía a sus padres y a sus hermanos, aunque sus registros previsionales no muestran ningún empleo en blanco: en su familia ya no sabían qué hacía ni con quién se relacionaba. Sin embargo, le creían.
Ayer lo vieron por los medios, en el televisor y en sus teléfonos: Ramos fue detenido por la violación en grupo de una joven de 20 años dentro de un Volkswagen Gol blanco en el barrio porteño de Palermo. Está acusado de abuso sexual agravado junto a otros cinco jóvenes. Ángel Pascual quizá sea el más complicado de todos. Según el informe policial posterior, fue visto por agentes de la fuerza porteña arrastrando a la víctima mientras intentaba huir.
“Estamos desconcertados. Uno por ahí puede esperar un accidente, un robo, algo; pero esto no. Para nosotros fue una sorpresa. Es algo que jamás nos imaginaríamos. Nos enteramos por las noticias”, cuenta uno de sus hermanos que atendió a Infobae en la puerta de la casa familiar junto a un descampado.
El hombre, que prefiere mantener su nombre en reserva, revela que Ángel tiene una hija que “no llega al año de edad” y que está separado de la mamá de la bebé. Según dice, su hermano “nunca tuvo problemas con las drogas” ni con la Policía. “Por ahí, fumó algún porro con los amigos, pero nada más”, afirma.
Anoche, al enterarse de lo ocurrido, la madre de Ramos sufrió una fuerte suba de presión y fue trasladada a un hospital. En el medio, quiso comunicarse con su hijo, encerrado en una comisaría, pero no pudo.

Ramos no tenía un empleo fijo y se dedicaba a hacer changas, hasta que “hace unas tres semanas había empezado a ir para el lado de Capital”. Salía por las tardes y volvía a la mañana siguiente. Como dormía durante el día, charlaba poco puertas adentro.
La familia de Ramos asegura desconocer a los otros detenidos por la brutal violación: Tomás Fabián Domínguez, 21 años, oriundo de San Miguel; Lautaro Dante Ciongo Pasotti (24) de San Martín; Steven Alexis Cuzzoni (20), radicado en Villa Crespo; e Ignacio Retondo (22) y Franco Jesús Lykan (24), ambos de Vicente López. Tampoco tienen noción de dónde Ángel pudo haberlos conocido. “Capaz conoció a esta gente y quiso ser parte de la movida de ellos, y así terminó”, teoriza su hermano.
Al menos Lykan, Retondo y Ciongo Pasotti tienen vínculos comprobados entre sí, se mostraron en redes sociales en salidas y viajes mochileros hippies a las provincias de Córdoba y La Rioja. ¿Cómo conectó Ángel Pascual con ellos?
Hasta el mediodía de este martes, nadie de la familia había hablado con Ramos. “Ni siquiera sabemos a qué comisaría lo llevaron”, dice el hermano. Y suelta, lejos de apañarlo, con una mezcla de impotencia y dolor: “Si mi mamá quiere ir a verlo cuando esté bien, irá. Yo no. Uno siempre le habló, le aconsejó y hace esto. Lo único que me importa es la salud de mi mamá y de la chica, la víctima”.

El hermano imagina y lamenta las consecuencias negativas que podría implicar la detención de Ramos para cada uno de los familiares. Por eso, se aparta del caso: “Somos gente laburadora y él se tendrá que hacer cargo. Uno siempre le dio hasta lo poco que tenía y hace esto. No es lo que nos inculcaron nuestros padres”.
Desorientado, relata que no sabe cómo manejar la situación y cuenta que no tienen dinero para contratar un abogado. Pero, igualmente, afirma que no tienen intención de defenderlo, por lo que cree que no verán a Ángel por un largo tiempo: “Viendo cómo se resuelven estos casos, creo que no va a zafar”.
La causa está en manos del Juzgado N°21. La declaración de la víctima, que todavía no se produjo, será clave para determinar las responsabilidades de los acusados a la hora de preparar la indagatoria. Las pericias, también. De acuerdo a la denuncia, cuatro de los detenidos abusaban de la joven en el interior del VW Gol mientras otros dos hacían de campana en la vereda, tocando la guitarra a modo de distracción.
Una testigo relató a Infobae que cuando los vecinos rescataron a la chica abusada, ella gritó desesperadamente y dijo: “Me dieron algo para tomar”. “Estaba como perdida, no sabía cómo había llegado ahí. Los otros seis estaban muy ‘pasados’”, acotó.
Mientras tanto, Ramos, tal como sus cómplices, permanece detenido e incomunicado. La víctima, tras enfrentar un protocolo para casos de violación en el hospital Rivadavia, recibió el alta.
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