
Iván Maximiliano Giménez y Érica Vanesa Romero fueron asesinados de una forma brutal y mafiosa el pasado sábado a la salida de un casamiento entre dos presuntos narcos –la mujer tenía arresto domiciliario– que se llevó a cabo en Ibarlucea, localidad vecina a Rosario. Él fue acribillado a tiros junto a su beba de un año y medio cuando se desplazaban en un Audi TT blanco. Ella fue hallada carbonizada en la misma madrugada dentro del auto atacado, pero en un camino rural.
El triple crimen que marcó un nuevo piso en la brutalidad mafiosa de los traficantes de Rosario tiene muchas incógnitas en las que deberá avanzar el fiscal de Homicidios Dolosos Gastón Ávila. También se involucra la Justicia federal, de quien dependía la situación procesal de los novios que, sin autorización judicial, incumplieron una prisión domiciliaria, en el caso de la mujer, Brisa Milagros Leguizamón Ferreyra.
Una de las incógnitas a resolver es quiénes eran Iván Maximiliano Giménez y Érica Vanesa Romero y por qué la saña con la que fueron asesinados. Según confirmaron fuentes judiciales a Infobae, Giménez figura en incipientes investigaciones como responsable de una cadena de panaderías de Rosario que aparentemente sería utilizada para lavado de dinero. Según registros consultados por este medio, Giménez, de 33 años, con domicilio en la zona sur de Rosario, estaba inscripto en los rubros de elaboración de panadería de la AFIP desde abril de 2021. Romero no muestra actividad comercial reciente ni un empleo en blanco al menos desde 2014.
El fiscal Ávila afirmó en una conferencia de prensa brindada este lunes que tanto Giménez como Romero eran investigados por la Justicia federal como “cuarto escalafón” de una banda narco de Rosario. “Están quienes venden, los proveedores, proveedores por mayor y arriba de ellos estaban Giménez y su pareja. Se encargaban de la distribución a mediana escala. Mantengo en reserva para quién”, agregó.

Ávila añadió que Giménez y Romero “podían arrastrar problemas de vieja data” y que estaban sospechados por cargamentos de droga que fueron secuestrados en Rosario. “Ellos estaban invitados al casamiento. La fiscalía tiene la lista de los invitados y ya se tomaron declaraciones testimoniales”, aseguró.
Dentro de las líneas de investigación federal se desprende que Giménez vivía en Puerto Norte, que tenía tres casas en construcción y que manejaba un alto caudal de dinero. Tiempo atrás, según los investigadores, había realizado maniobras de narcotráfico para la organización de Esteban Lindor Alvarado. Ese vínculo con uno de los presuntos narcos más temidos de Rosario estaría quebrado.
Generó confusión el casamiento en sí. Los novios, Esteban Enrique Rocha, alias “Pinky”, y Brisa Milagros Leguizamón Ferreyra, están procesados como miembros de la banda de Olga “Tata” Medina, que está condenada por regentear parte de la zona norte; entre los invitados estaban integrantes de la familia Cantero –núcleo de Los Monos– y Giménez y Romero, que aparentemente tenían otra unidad de negocios ilícitos.
Según el fiscal que investiga el triple crimen, la pareja y la beba salieron del salón de eventos Campos de Ibarlucea a las 4 del sábado, cuando finalizó la boda. En ese momento, tomaron la autopista Rosario-Santa Fe para dirigirse a Rosario, pero fueron interceptados por una camioneta. En ese marco, el auto de las víctimas giró en U y emprendió el regreso al lugar del casamiento. El Audi TT quedó “encajado” en la zanja que está frente al ingreso del salón de eventos y desde la camioneta que los perseguía se efectuaron 20 disparos, según precisó Ávila.

Los asistentes a la boda auxiliaron al conductor Giménez y a la beba y los trasladaron al hospital Eva Perón de Granadero Baigorria, donde entraron muertos.
La mujer ya estaba muerta dentro del auto y uno de los asistentes al casamiento intentó llevarla al hospital –requirió de la ayuda de otras personas que sacaron el auto de la zanja–, pero erró de camino y se fue para Ibarlucea, en la dirección contraria.
En su declaración formulada este domingo ante Fiscalía, ese joven agregó que estaba ebrio, manejando un auto baleado y con un cadáver al lado, por lo que se asustó al ver por la autopista un patrullero y se dirigió a un camino rural y prendió fuego el vehículo con Érica Romero en su interior.
Ahora, con la mecánica establecida, queda encontrar a los asesinos y a los autores intelectuales.
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