Denunció a su entrenador de hockey por abuso y por primera vez habló del horror: “Fueron años de callar por miedo”

Ocurrió en Brandsen. El acusado tiene prisión domiciliaria e irá a juicio en 2023. La víctima fue atacada en su adolescencia y le costó una década ir a la Justicia

V. tiene 31 años y denunció a su entrenador de hockey por haber abusado de ella entre los 14 y 16. Tardó una década en poder contarle a la Justicia lo que había padecido con ese hombre 25 años mayor en el que confiaba. Este martes, difundió una carta en la que pedía por justicia y expuso que el agresor goza de una prisión domiciliara con beneficios. Pero nunca había contado en primera persona su dolor. Dice haber callado por miedo. Hoy, elige hablar con Infobae sobre lo ocurrido en Brandsen, provincia de Buenos Aires.

“Cuando todo empezó fue muy extraño, y muy difícil a la vez: muchas escenas, muchas invasión de mi cuerpo. Él solo me decía, una y otra vez, que estaba enamorado de mi”, recordó V. a través de una entrevista realizada a distancia, vía WhatsApp, en varios tramos. Ella no se sentía preparada para el frente a frente. Hubo preguntas en las que optó por redactar su experiencia, pero también otras en las que se inclinó por abrir su historia a través de notas de audio. Su voz, pausada y sólida, aclaró: “Voy a tratar de responderte de una forma clara”.

La causa que se inició tras la denuncia de V. contra el entrenador Pablo Fernández Garaygorta, alias “Pacu” fue investigada por el fiscal Marcelo Romero de la UFI N°6 de La Plata, quien la elevó a juicio. Será el Tribunal Oral en lo Criminal N°3 de esta misma jurisdicción el que juzgue al acusado en 2023 por el delito de “abuso sexual gravemente ultrajante por su duración y por las circunstancias de su realización cometido por un encargado de la educación”.

Mientras tanto, el entrenador de hockey está detenido bajo el régimen de prisión domiciliaria, otorgada por la Justicia de Garantías y avalada por los jueces que lo verán en el banquillo de los acusados. Infobae buscó tener la palabra del abogado de Fernández Garaycorta, pero no obtuvo respuesta.

V. tardó una década entre el horror y el momento en el que decidió denunciarlo, en 2016. Aseguró que su vida se detuvo en esos 10 años: “Fue muy difícil la decisión, porque él seguía siendo en Brandsen alguien muy reconocido: ya había pasado por el plantel de hockey nacional Las Leoncitas (juveniles) y estaba formando parte del plantel superior de hockey masculino, Los Leones, con el que salió campeón de los Juegos Olímpicos”.

—¿Cómo lo conociste?

—'Pacu’ me conoce desde los 3 años, cuando comencé la Colonia en Brandsen. A los 6, empecé a jugar al hockey en el club y, después, también fue mi profesor en la escuela. Todo empezó a suceder a mis 14 años y hasta los 16. Siempre hubo una cierta preferencia en cuanto a alumna y jugadora, lo que me puso en una posición muy incómoda ante el resto en el ámbito del hockey. Cuando todo empezó fue muy extraño, y muy difícil a la vez: muchas escenas, muchas invasión de mi cuerpo. Él solo me decía una y otra vez que estaba enamorado de mi. Por mi vulnerabilidad, y siendo una nena, no supe distinguir nada. Fue sentirme atrapada una y otra vez. Y sabiendo que para la sociedad él era una persona muy querida, bien vista por la mayoría, y respetada.

—¿Cómo siguió tu vida después de aquella etapa?

—Cuando logré salir de ahí, fui de a poco perdiendo mis espacios y lugares: el club, el hockey… Perdí el disfrute de momentos en la escuela con mis compañeros, y estar en Brandsen se me hacía muy difícil. Fueron 4 años de callar por miedo, por no entender muy bien qué había pasado. Después de poder contarlo a mi familia, igualmente todo siguió siendo muy difícil. De a poco empezaba a entender, comprender lo que me había pasado, y mi cuerpo y mi mente me pasaban factura: depresión, ataques de pánico, falta de interés y concentración. Mi paso por las facultades y vivir en La Plata me resultó muy difícil. Intenté volver al hockey y no pude, porque todo me hacía recordar a él. Mi vida se detuvo 10 años y solo era intentar estar mejor de una forma u otra, y sentir que nada funcionaba. En 2016, cuando me animé a denunciarlo, algo cambió. Entendí que esto había que sancionarse. Fue muy difícil la decisión, porque él seguía siendo en Brandsen alguien muy reconocido: ya había pasado por el plantel de hockey nacional Las Leoncitas y estaba formando parte del plantel superior de hockey masculino, Los Leones, con el que salió campeón de los Juegos Olímpicos (Río 2016). Fue muy duro ver cómo él disfrutaba de esos triunfos mientras yo cada día luchaba y padecía lo vivido. Es hasta el día de hoy que me cuesta ir a Brandsen, caminar por el pueblo. Hay mucha gente que creyó en mi palabra pero mucha que no por lo que él representaba. Pero acá seguimos, luchando y sanando.

Según la denuncia, los abusos comenzaron cuando V. tenía 14 años
Según la denuncia, los abusos comenzaron cuando V. tenía 14 años

—¿Con quiénes te rodeaste para llegar a esta etapa en la que pudiste escribir una carta a modo de reclamo?

—Para llegar a esto el proceso viene siendo muy largo, fue ir atravesando distintas barreras, trabajando en terapia, acompañada por la familia, amigo y pareja. Ellos me dieron la fuerza para hoy poder escribir esa carta. Fue difícil animarme, fue atravesar el miedo de la mirada de los otros, más que nada por el pueblo del que soy y la gente del lugar, y lo que él representaba en ese pueblo. Pero fue una gran sorpresa recibir tanto apoyo.

—¿Y qué te hizo dar el paso para realizar la denuncia en 2016?

—Realmente, haber hecho la denuncia fue una de las decisiones más importantes que tomé en mi vida: llevó 10 años o más el proceso hasta poder decidir hacerlo. Fue gracias a mi cambio de terapeuta. Estuve con una, y después la dejé. En el 2016 empecé con otra psicóloga que me hizo entender que esto debía sancionarse, que esto no debía haber pasado. Siempre, desde nuestro lugar de víctimas, en estas experiencias, tenés la duda de haber sido culpable en algo. Entender que no era así fue el click que me hizo llevarlo a otro nivel, a la Justicia.

—¿Cómo siguió todo después?

—Fue todo muy difícil, pero más difícil fue todo lo posterior porque realmente no me esperaba todo este camino tan largo y arduo, en el que al principio pensé que estaba siendo escuchada por la Justicia y, en este último tiempo, realmente no. Es muy agotador. Te hacen sentir, pensar y creer que tenes que decidir llegar hasta acá, porque seguir luchando contra esto, es muy difícil. La Justicia es como un monstruo gigante. Es muy cansador, pero es seguir. Ya estoy en este camino, lo elegí y considero que es el correcto, más allá de que para mi es muy importante la sanación a otro nivel. Desde el interior de cada una de las mujeres que hemos pasado por esto. Esto no tiene que volver a pasar, entonces hacerlo visible a nivel judicial, más allá de lo social, lo creo muy importante, pero no por eso es fácil.

—En ese sentido, ¿cómo reaccionó la gente de Brandsen después de aquella denuncia en 2016?

—Cuando a él le dan la prisión preventiva, es cuando tal vez la sociedad empieza a creer en mi palabra. Previo a eso, fue muy difícil porque él es una persona muy reconocida en Brandsen, más allá de lo que es, pero mucha gente lo seguía en el hockey. Todas las jugadoras lo seguían, lo querían. También las familias de las jugadoras en el club, en la escuela de Brandsen. Decir algo así desde mi lugar, expresar algo así, y que se empiece a correr la historia en Brandsen... La gente no lo creía, no lo podía ver. En esa época, estos temas no estaban tan habilitados para hablar y ser escuchados. Principalmente en mi entorno del deporte, algunas que eran muy amigas de él y no me creyeron o decidieron no escuchar. Así, también diferentes personas adultas del pueblo, que quisieron seguir creyendo en el personaje de Brandsen, que hacía cosas piolas para el pueblo y el deporte. Luchar contra eso fue muy difícil. Pero bueno, después de la denuncia y de que a él le dieron la prisión preventiva fue que dijeron: “Ah, sí la Justicia lo está juzgando desde este lugar, entonces algo de verdad en esto tiene que haber”.

—¿Y cómo reaccionó la gente cuándo él decidió volver a vivir a Brandsen?

-Hay vecinos que no estuvieron de acuerdo con esta posibilidad que le dan a él de mudarse a ese barrio. Se hizo una nota y fue firmada. También hubo una nota de vecinos de otros barrios acompañando a los otros. Realmente, fue sorprendente la cantidad de gente que acompañó y que quiso firmar, que estaba sorprendida por esto. Pero, a su vez, esa nota no fue escuchada: la Justicia hizo oído sordo, y lo único que permitió y apoyó de forma muy rápida fue su pedido de mudanza y sus posibilidades de seguir saliendo a realizar determinadas tareas mientras tiene domiciliaria.

—A propósito de esto, ¿por qué decís en tu carta no sentirte escuchada por la Justicia?

—Sentí que la Justicia me dio la espalda el día en el que le dieron la domiciliaria, aproximadamente en septiembre del 2019. A partir de ahí sentí que fueron más trabas que satisfacciones. Creo yo que, coincidió con el cambio de abogados que tuvo él. Desde ahí, fue una permisiva tras otra, y poco controles en su domiciliaria. Este último tiempo, con la fecha del juicio oral tan lejos, los permisos que le dieron para sus salidas transitorias y hoy la oportunidad de mudarse nuevamente al pueblo de Brandsen, fue muy decepcionante. Fue sentir que uno intenta dar pasos hacia adelante por el camino correcto, pero, de repente, te encontrás dando pasos para atrás, porque la Justicia le da la mano a las personas que no debería darle. Siento que él tiene un cierto respaldo que no sé de dónde viene, si a nivel político o qué, pero me hago preguntas con respecto a eso. Me pregunto por qué estas posibilidades y permisos mientras nosotras estamos haciendo las cosas por la vía que corresponde.

—¿Él intentó hablar con vos en algún momento?

—Antes de que yo decida hacer la denuncia, algunos años antes, me encontré con él y una compañera de hockey, amiga de él, que es abogada. En esa conversación, le expresé que estaba enfermo, que lo que había hecho estaba mal y él lo único que supo decirme es que no era así, sino que se había enamorado de mi. Obviamente, que no asumió nada de lo que yo le estaba diciendo. Después, supe que cuando hice la denuncia, y en Brandsen empezó a correrse el rumor, ya con más fuerza judicial, él intentó convencer a varias jugadoras de hockey que lo que se decía no era así. Y es hasta el día de hoy, estando él en prisión domiciliaria, que tiene contacto con algunas de ellas y todavía estas jugadoras están creyendo en él.

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