Carlos Gauna suplicó por su vida como nunca antes lo había hecho durante varios minutos. El pedido era para unas 50 personas que buscaban lincharlo en plena tribuna de la cancha del Club Social Santa Teresita, en el partido de la Costa, el domingo pasado por la tarde. A pesar de que en el verde césped se disputaba el clásico entre el local y el CADU, el partido había quedado en un segundo plano. Es que unos minutos antes, una mujer denunció ante la policía que Gauna había ingresado al baño de mujeres del club para intentar violar a una nena de 5 años. Luego de eso alguien grito “violín” delante de la hinchada y decenas de personas intentaron matar a golpes a Carlos que resultó gravemente herido. Finalmente fue rescatado por la policía y quedó detenido. Dos días más tardes se descubrió que el hombre era inocente.
“Yo soy simplemente un trabajador, un obrero que fue a un partido y terminó golpeado y acusado por algo horrible que no hizo. ¿Quién me pide perdón ahora por lo que me hicieron?. Fue lo peor que me pasó en la vida. Me arruinaron para siempre. Ya no soy nadie”, dice Carlos, al borde de las lágrimas, en dialogo con Infobae.
La violenta secuencia comenzó el domingo pasado cerca de las 17 en la tribuna del estadio del Club Social Santa Teresita, ubicado en la intersección de las calles 37 y 14. Carlos, que además es percusionista, asistió al clásico contra CADU invitado por algunos hinchas locales para que toque el bombo con ellos. En el entretiempo bajó de las gradas para ir al baño. Una acción sumamente cotidiana pero de la que hoy se arrepiente.
“Me agarraron ganas de hacer pis y fui al baño. Es el único que había en el lugar. No hay otro. Eso quiero dejarlo bien en claro. Tampoco tiene ninguna señalización ni nada por el estilo. Es para hombres y mujeres evidentemente. Lo cierto es que entré, estuve unos minutos, me lavé las manos y me fui. Todo absolutamente normal. No vi a nadie más en el baño”, recuerda Carlos.

Sin embargo, según consta en la causa iniciada luego, una mujer que, casualmente, estaba en las inmediaciones del baño vio una secuencia distinta. Observó el ingreso de una nena de apenas 10 años y algunos segundos después a Carlos. Luego vio que la nena salió del baño corriendo y subiéndose el pantalón a las apuradas.
Esa escena que le bastó para sacar sus propias conclusiones y acercarse a denunciar que la nena había sido abusada por el hombre que vio entrar al baño. Además agrego la descripción física de Carlos.
- ¿Qué pasó después de que fuiste al baño, Carlos?
- Volví a la tribuna y seguí tocando el bombo durante el segundo tiempo hasta que veo que de abajo una mujer policía me hace señas de que baje. Obviamente descendí y me dijo que la tenía que acompañar. Caminamos unos metros hasta que nos encontramos con otro policía que mirando a la hinchada del club gritó: “¡violín, violín!”. Ahí empezó mi calvario.
- ¿El policía gritó eso? ¿Está seguro?
- Si, absolutamente seguro. Fue el policía el que lo gritó y después tanto el como la mujer se corrieron y bajaron más de 50 personas a pegarme.
- ¿Y cómo fue ese momento? ¿Qué podes recordar de la golpiza?
- Recibo la primera trompada y caigo al piso. Ahí empecé a sentir patadas y piñas de todos lados. La policía daba vueltas y hacía que contenía a la gente pero en realidad no hacía nada. Supliqué por mi vida. Les decía que yo no había hecho nada. Me defendía como podía. Yo no sabía todo lo de la nena, no entendí lo que estaba pasando. En el medio creo que me desmayé y me volví a despertar y me seguían golpeando. Hasta que me agarré de la bota de otro policía y le rogué que me sacaran”.

Una vez que fue sacado de la cancha, Carlos fue llevado a un hospital donde le curaron las heridas y quedó algunas horas en observación. Luego fue dado de alta y llevado a una comisaria de Mar del Tuyu.
“Yo le explicaba al médico que no había hecho nada malo. Pero ni siquiera me respondía. Después cuando salimos del hospital me metieron a un patrullero y me llevaron a la comisaria. En el trayecto un oficial me contó lo de la nena y me repetía que iba a quedar muchos años preso”, cuenta Carlos mientras, al lado, su esposa lo ayuda a recordar cuando se genera algún olvido en su relato.
El relato de lo qué pasó cuando llegó a la comisaría se torna aún más truculento. El por entonces acusado denuncia ahora que esa noche la pasó en medio de malos tratos y, según dice, torturas: “me sacaron la ropa y me humillaron. Me hicieron dormir en un lugar que ni siquiera era un calabozo. Me obligaron a arrodillarme desnudo y me decían que me iban a violar con un palo. Además me ataron con una cadena que estaba agarrada a un tornillo en la pared”.
Al día siguiente, cerca de las 14, un policía ingresó al lugar de detención de Gauna. Le abrió la celda y le dijo que junte sus cosas, limpie el lugar y luego se vaya. “¿Qué pasó?”, preguntó Carlos. “No se pero te vas”, le respondió el policía.

¿Qué había pasado entre la acusación de violación, los golpes y la detención y ese momento en el que la policía le decía que era un hombre libre nuevamente?. La declaración de la nena supuestamente abusada ante la Justicia.
Frente a psicólogos del servicio local de la niñez, la nena explicó la situación del baño. Contó que, en realidad, ella ya estaba en uno de los cubículos del baño cuando noto que Carlos ingresó. Aseguró que se sintió incómoda por esa situación y, subiéndose la ropa como podía, decidió salir corriendo. Aclaró que no existió contacto físico, verbal y, ni siquiera, visual, ya que se fue sin que Carlos la viera.
Los profesionales determinaron que el relato de la menor era ordenado y creíble. Con esta información en su despacho, el fiscal Martin Prieto, de la UFI 2, ordenó la liberación de Gauna.
En redes sociales aparecieron en los días posteriores distintos posteos en apoyo a Carlos Gauna, clamando por su inocencia y desvinculación definitiva del expediente. Pero para el constructor no es suficiente. Siente que quedó marcado para siempre. No sólo por las herida que aún perduran en su cuerpo sino porque cree que de ahora en más sus amigos y vecinos lo mirarán con desprecio.
“Quede marcado. Por más que la justicia me desvincule siento que quede manchado. Alguien se tiene que hacer responsable. De la acusación y de las torturas que viví en la comisaría. Me humillaron y me hicieron sufrir mucho. Yo soy un trabajador que no hice nada y de repente me encuentro metido en todo esto. Además, el lunes empezaba una obra importante para mí y la perdí. Estoy sin trabajo y nadie me ayuda”, contó Gauna.
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