
Por el descuido de un presunto sicario que fue detenido el 28 de octubre del año pasado en Rosario, un fiscal provincial logró desentrañar para qué banda habría cometido delitos por dinero. Su oferta laboral desde balaceras y crímenes hasta la custodia y administración de quioscos de droga en la zona sur de la ciudad. Toda la estructura fue expuesta la semana pasada por la Justicia local en una audiencia imputativa en la que fueron acusados once miembros de la organización. Según la investigación, esta presunta asociación ilícita es liderada por Alejandro Isaías Núñez, un joven de 25 años que está preso y condenado por un asesinato. Su apodo en el hampa es particular: “Chuky Monedita”. Su apodo es, también, el nombre de su cuenta de Instagram, la que mantuvo activa hasta comienzos de este año, aún desde la cárcel.
El apodo está atravesado por una historia familiar. Investigadores locales que lo siguen hace tiempo señalan que el alias “Monedita” fue una herencia de su padre, al que conocían en barrio Tablada de Rosario como “Moneda”. A Núñez hijo, el alias de “Chuky” le quedó porque desde más chico le decían “Muñe” o “Muñeco”, en referencia al clásico juguete asesino del cine de terror, y un alias repetido en el hampa.
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“Chuky Monedita” hoy está detenido en el pabellón 4 de la cárcel de Piñero, donde cumple una condena unificada a 15 años y 6 meses de prisión, ya que por un lado fue sentenciado por haber matado a un joven –identificado como Cristian Machuca– el 22 de enero de 2015 en el barrio Tablada. Por otra parte, firmó un juicio abreviado por portación ilegal de arma de guerra, robo calificado y amenazas.
La semana pasada sumó una imputación como jefe de una banda sospechada de varias balaceras, al menos dos intentos de asesinatos y usurpaciones. En la extensa audiencia, el fiscal provincial Pablo Socca también volcó evidencia que lo incriminaría como líder de una banda dedicada a la venta de droga, por lo que remitió el expediente a la Justicia federal de Rosario. Ese material está constituido por charlas telefónicas por WhatsApp, fotos de bochas de cocaína en búnkeres y fajos de billetes de sus supuestas vendedoras.
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Y en el medio, está su cuenta de Instagram. No tiene muchos seguidores, poco más de 50, sin embargo, lo que mostró es revelador. Inactiva desde comienzos de este año pero todavía visible, su último posteo muestra su festejo de cumpleaños en la sala de visitas del penal, con una torta negra decorada con dólares de utilería y la cara de Al Pacino en Scarface. También se muestra con los ojos rojos. “Cuando el rico pega”, agrega. Hay videos, donde se muestra en el patio del penal con otros detenidos en modo locutorio con sus celulares mientras preparan un asado completo con tira, vacío y morcillas.
El fiscal Socca llegó a acusar a Ñúñez a partir de la detención de uno de sus presuntos sicarios. El arrestado fue Jonatan Ribles, un joven de 28 años que cayó el 28 de octubre del año pasado con dos pistolas y una moto robada. Ribles hablaba mucho: el celular que llevaba en ese momento fue secuestrado y de la pericia a ese dispositivo se extrajo una gran cantidad de evidencia de delitos cometidos o indicios de los que supuestamente iba a cometer a cambio de dinero. Para asombro de los investigadores, todos esos planes criminales se desprenden de la actividad que tuvo esa línea telefónica en solo diez días. Los fiscales, en estos casos, suelen contemplar que ese tipo de delincuentes cambian más rápido de teléfono.
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Solo con la información de ese celular, el fiscal pudo recolectar indicios de la banda que integraba Ribles. Al momento de ser detenido, el gatillero tenía como encargo la tarea de presuntamente asesinar a Carlos Argüelles, un testigo protegido en una causa contra un peso pesado del hampa rosarino: Esteban Lindor Alvarado. Ese crimen habría sido encomendado por “Chuk Monedita” desde la cárcel de Piñero, según las conversaciones vía WhatsApp que mantuvieron entre el 26 y el 28 de octubre del año pasado.
Esas charlas de ese teléfono no “descartado” a tiempo posibilitó el avance de la Fiscalía contra Núñez, a quien antes no se le habían podido probar muchos delitos de los que estaba sospechado.
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Para ejecutar el crimen de Argüelles, Ribles se desplazaba en una moto vestido con un mameluco parecido al que usan los trabajadores de Aguas Santafesinas. Al menos así buscaba pasar desapercibido. Además, usó al taxista Jorge Inocencio Ojeda para tareas de inteligencia. El chofer –detenido e imputado por integrar la banda– se apostó entre el 26 y el 28 de octubre cerca del taller de la víctima y reportó cada movimiento suyo para poder acecharlo ante un descuido.
Como Argüelles presume que lo pueden matar por ser testigo protegido de Alvarado, toma sus recaudos a la hora de entrar y salir del taller, donde suele haber custodia policial. De acuerdo a las conversaciones por WhatsApp entre el gatillero, el taxista y “Chuky Monedita”, la víctima constantemente toma distintos caminos para entrar o salir del taller y frustró al menos dos emboscadas.
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Una de las hipótesis del caso es que Mauricio Laferrara, un sicario de la organización de Alvarado, encargó el crimen del testigo protegido a “Chuky”. Esa línea investigativa se apoya, en parte, en que Laferrara y Núñez comparten el pabellón 4 en Piñero.

Argüelles finalmente fue emboscado a tiros cuando se desplazaba en un auto. Fue en Gaboto al 5500, en la zona oeste de Rosario y resultó ileso. Ese feroz ataque ocurrió en enero pasado, tres meses después de la detención del sicario que tenía que matarlo.
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“Chuky” fue acusado por ese plan criminal y también por idear el asesinato de Lucas Smith, un gatillero que actualmente está ligado a Los Monos, pero antes integró la banda del narco René Ungaro, preso por matar al ex jefe de la barra brava de Newell’s Roberto “Pimpi” Caminos. En la audiencia también le atribuyeron haber elegido a los sicarios para esos crímenes, los vehículos para los ataques, los lugares donde debían esconderse las armas y autorizó los pagos para esos “trabajos”.
Núñez, por la información que manejan varios funcionarios judiciales, vendería droga principalmente en la zona sur de Rosario, donde disputa territorio con organizaciones estrechamente vinculada a Los Monos. Pero también busca expandirse a zona norte a través de una alianza con otro compañero de pabellón que puede verse en sus posteos y videos de Instagram: Hernán Ramón “Lichi” Romero, un peso pesado rival del clan Cantero. Ambos se fotografiaron en Instagram y en una historia Chucky puso “Plata o plomo, a lo Pablo (Escobar)”.
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En un mensaje de WhatsApp que envió el 18 de octubre del año pasado, Núñez ordenó a su mano derecha Ribles la tarea de conseguir a una “piba” que pueda encargarse de la venta de droga en zona norte. Y le aclaró: “Decile que va a vender para Ramón (nota: el segundo nombre de ‘Lichi’ Romero) y para mí”. Los investigadores locales sospechan que la alianza consiste en que Chucky amplíe su territorio a cambio de hacer otros trabajos –balaceras o usurpaciones– para las bandas que permiten su expansión en Rosario.

Tanto Ribles como “Chuky Monedita” están atentos a la mediatización de sus ataques. El sicario le mandó por WhatsApp una captura de pantalla de una noticia de un medio rosarino a otro integrante de la banda para mostrar que había baleado a un hombre en los testículos y el otro respondió: “Bien ahí, pegaste”. En tanto, el jefe descree en charlas por la red de mensajería de que algunas balaceras ordenadas por él hayan sido “exitosas” –con personas heridas– porque no ve reflejados esos hechos en los diarios digitales de la ciudad.
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Otro de los presuntos sicarios es Nahuel Riveros. En su teléfono se encontraron tres videos donde se filmó con una pistola, una ametralladora y fajos de billetes con una canción de trap de fondo. Nahuel, en un WhatsApp del 18 de octubre pasado le preguntó a Ribles: “¿Qué onda? ¿Vamos a matar a alguien? Estamos activos”.
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