A comienzos de la noche de ayer, la monja María Telles Fajardo decidió hablar. Era el momento de su declaración indagatoria ante el fiscal Marcelo Fuenzalida, luego de que la DDI de San Isidro de la Policía Bonaerense la arrestara en la sede de San Miguel de su orden de religiosas por un delito aberrante.
Telles Fajardo, colombiana, de 64 años, más conocida como “Sor Marina”, es miembro de la orden de las Hermanas Trinitarias, que acoge y educa, supuestamente, a chicas menores de edad en hogares en Núñez, San Miguel y Boulogne, menores que están bajo medidas de abrigo, tuteladas por juzgados de familia. Durante 2020 y 2021, según la acusación en su contra, “Sor Marina” supuestamente abusó de una menor a cargo de la institución bajo control judicial. Al momento de los hechos, tenía 14 años. La víctima declaró en una cámara Gesell este último lunes; relató cómo la religiosa la tocó en sus órganos genitales y en los glúteos con la ropa puesta en repetidas ocasiones en la cocina del hogar de Boulogne, en medio de tareas habituales durante 2020. También, que la monja la espió desnuda este año, mientras se bañaba, luego de que los ataques cesaran por un tiempo, lo que la impulsó a contar lo sucedido.
Ante el fiscal, “Sor Marina” negó los abusos. Sin embargo, dio detalles muy llamativos, atípicos para una indagatoria de un imputado de un delito sexual. Para empezar, se ubicó en el lugar de los hechos, más precisamente en la cocina, según reconstruyeron fuentes judiciales en diálogo con Infobae. Dijo, también, que conoce a la menor que la acusa, con la que reconoció haber tenido una “buena relación” y que incluso “le gustaba cocinar”. La monja, precisamente, era la encargada de la cocina. Luego, dijo que la acusación podría ser un malentendido, que a la víctima podría “haberla rozado”. La chance de rozarse en esa cocina, que mide ocho metros de largo según pudo comprobar la Justicia, parece escasa.
Tras declarar, “Sor Marina” fue enviada a una celda donde permanecerá detenida. Su presunta víctima fue enviada a otra ciudad bajo una medida de protección. Las menores que estaban en el hogar de Boulogne fueron mayormente reubicadas. La investigación, mientras tanto, está lejos de terminar.

María Soledad Molina, abogada de los derechos del niño de San Isidro, fue quien realizó la denuncia original el 21 de abril tras tomar contacto con la menor atacada.
Molina relata a Infobae:
“La menor manifestó los hechos que sufrió desde que fue institucionalizada. Las menores institucionalizadas usualmente no tienen una red de contención, el vínculo se genera en la confianza. Al comienzo no había denunciado, porque los hechos no se repitieron. Cuando volvieron, decidió hablar. Lo primero que hago es comunicarme con la psicóloga que trabajaba en el hogar. Entonces, comienza el blindaje de las monjas. Nos niegan pasarnos a la menor al teléfono, cuestionan por qué tiene que salir la menor”, afirmó.
Luego, Molina revela algo sumamente llamativo: “La menor hace su primera denuncia en el hogar frente a la psicóloga y la directora del hogar la recibe vía una celadora. La directora le dijo a la menor que lo que había pasado ‘iba a ser juzgado por Dios’, Entonces, la psicóloga renuncia”.
Así, se abre otra avenida para la causa: la posibilidad de un encubrimiento. Fuenzalida, por su parte, busca los testimonios de otras posibles víctimas. La mediatización del caso podría animar a otras jóvenes a que hablen.
Mientras tanto, las Hermanas Trinitarias se mueven. La directora del hogar de Boulogne, según llegó a oídos de la Justicia, habría sido enviada a otra dependencia de la orden. Lo mismo pasó con la monja Telles Fajardo: fue retirada de Boulogne y enviada a la dependencia de San Miguel, un mecanismo de enfriamiento. “Los religiosos acusados de abuso son rotados usualmente, los enfrían, como a los autos robados”, ironiza un investigador clave.
La representante legal de la orden, que estuvo presente en los allanamientos de ayer, no realizó presentación alguna en el expediente, lo mismo el Obispado de San Isidro.

Sin embargo, las monjas emitieron un comunicado de prensa. En el texto, calificaron al hecho de “cuanto menos confuso” y expresaron:
“Ante las noticias públicas derivadas de una denuncia por un supuesto abuso sexual y la detención de una de nuestras religiosas, nos vemos en la obligación de manifestar a la opinión pública nuestro apoyo incondicional a la hermana Marina y particularmente poner de resalto el perjuicio irreparable que con todo ello se está generando en una congregación centenaria que ayuda denodadamente a jóvenes en todo el mundo”, aseveraron.
“Confiamos en Dios y en la Justicia argentina, y estamos convencidas que todo esto se aclarará debidamente con una investigación judicial, con la cual colaboraremos en todo lo que sea necesario, invitando a las autoridades a conocer el lugar y la obra de bien que hacemos hace tanto tiempo, y ofrecemos los testimonios de todas aquellas chicas que ante la noticia en los medios se han puesto a disposición para declarar la obra y la calidad humana de todas las Hermanas Trinitarias”, siguieron.
De ponerse del lado de la víctima, nada.
Así, Fuenzalida avanza, en un caso que se define. Puede ser un ataque solitario, una víctima y una victimaria, o un nuevo caso Próvolo.
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