
Todo cambio paradigmático tiene su primer episodio. La legalidad del cannabis para uso medicinal y la creación del Registro del Programa Cannabis (Reprocann) para usuarios, cultivadores solidarios y médicos propició una nueva normalidad en Argentina respecto de la penalización de la tenencia de plantas de marihuana para aplicación terapéutica. La Policía y la Justicia ya no pueden detener a estas personas, pero todavía a veces igual ocurre.
El lunes pasado en la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia, agentes de la Policía provincial intentaron allanar la casa de un cultivador. Sin embargo, el procedimiento quedó invalidado porque el acusado demostró antes del allanamiento -que además era ilegal- que era un cultivador registrado en el Reprocann. El episodio tuvo un detonante que, no por insólito, deja de ser común en casos de detenciones de cultivadores de cannabis: la denuncia de un vecino.
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“Una pareja de la cuadra estaba discutiendo muy fuerte en la vereda, alguien llamó a la Policía porque ella le estaba rompiendo el auto a él y cuando los agentes llegaron la mujer que peleaba con su marido le dijo ‘en vez de venir a molestar acá por qué no van a la casa del vecino que tiene una planta de marihuana’. Y así golpearon la puerta de mi casa”, contó a Infobae Gustavo G., un cultivador solidario de 44 años que en la huerta de su casa -donde además cultiva otras frutas y verduras- tiene una planta de cannabis sativa índica con cuyas flores elabora aceite para sus dolores y los de otros familiares, amigos y vecinos.
Gustavo G. (cuyo apellido completo prefirió no publicarlo para conservar su privacidad) vive en una casa en el barrio Mosconi, una zona de clase media de Comodoro Rivadavia. En el fondo de su casa tiene un invernadero grande con más plantas, además de cannabis: cultiva tomates, lechuga y otras verduras. Además tiene colmenas y gallinas. “Tengo una mirada de la vida en la que intento ser autosuficiente. Y tengo una planta de marihuana muy sana, muy linda, que está en el invernadero y se ve de afuera si hacés fuerza, porque está tapada por los tomates. Algunos vecinos la vieron porque me vienen a comprar verdura, yo no la oculto”, explica.
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Cuando la vecina les dijo eso a los policías, un agente fue hasta la casa de Gustavo. “La policía empieza palmear, salgo y el agente me dice si tengo una planta de marihuana. Mi impulso fue hacerlo entrar, explicarle, mostrarle el aceite... pero en ese momento él me dice ‘tengo que dar intervención a Drogas Peligrosas’”.
Entonces G. llamó a un abogado que trabaja con las redes de cannabis medicinal de la zona, quien se negó a defenderlo. Mientras la Policía esperaba en la vereda de su casa, le avisó a una de las personas que usa su aceite por problemas de salud, quien lo puso en contacto con Verónica Castillo, Defensora Pública Oficial Coadyuvante Federal de Comodoro Rivadavia. La abogada fue rápido hasta el barrio Mosconi.
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“No hubo ni tensión ni falta de respeto con la Policía, todo lo contrario. Yo tampoco doy el aspecto de ‘transa’, a los policías los veo pasar todos los días, a algunos les di alguna vez lechuga, les hice fletes, hay una relación vecinal. Y tampoco ellos cargaban con el prejuicio, yo soy un gordito de 44 años que tiene más cara de contratista de empresas que alguien que vende drogas, soy de clase media, es difícil abusar para ellos. Tenía muchos atenuantes. Sabía que tenía las chances de dialogar”, transmite Gustavo lo que pasaba por su cabeza mientras Castillo intentaba explicarles que no podían hacer un allanamiento sin orden judicial y a un cultivador medicinal registrado en el Reprocann.
Gustavo les decía a los policías que lo que hace es legal y los agentes le respondían que está prohibido tener marihuana. “Desconocían la legislación”, comenta a Infobae Verónica Castillo, y agrega: “Lo que muestra que falta formación en las fuerzas”.
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“Cuando llego a la casa de Gustavo, la Policía pretendía ingresar sin orden judicial porque decían que era un delito de flagrancia. Por la definición del Código eso ocurre si la persona está cometiendo el hecho. Les digo que eso no era flagrancia, les recomiendo que consulten con la fiscal de turno”, detalla la abogada.

En ese momento llegaron tres agentes de Drogas peligrosas que sí conocían la ley 27.350 de uso medicinal del cannabis y que sabían que había un registro de usuarios, pero que igual estaban dispuestos a allanar si la fiscal o el juez daban la orden.
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Pero entonces la fiscal Silvina Ávila (la misma que tuvo el caso Maldonado en 2017) respondió y les adelantó que el procedimiento iba a ser nulo, los exhortó a llamar al juzgado a cargo de la magistrada federal Eva Parcio si querían entrar. Pero desde allí les dijeron lo mismo. No había una flagrancia explícita para justifica un allanamiento a una casa por una planta de marihuana denunciada por una vecina que se estaba peleando con su marido en la vereda.
“Y más allá de que yo sabía que iba a terminar así no quería que le destrocen la planta porque había mucha gente que dependía de ese aceite”, comenta Castillo. Mientras eso ocurría, la abogada con la ayuda de una de las usuarias de cannabis juntaron las pruebas que demostraban que Gustavo G. está registrado ante el Ministerio de Salud nacional. “Estaban todos los trámites iniciados: él como cultivador, ella como paciente y el consentimiento informado del médico. Sólo les falta la habilitación que no depende de ellos sino del Ministerio”, explicó la abogada. El caso, según pudo comprobar Infobae, de hecho llegó a lo más alto de la cartera sanitaria, donde resaltaron ante la consulta de este medio la importancia del registro para evitar abusos policiales en casos como el de Gustavo.
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“Mi intención era mostrarles que la tengo para aceites. Soy medio paisano con la app de Reprocann y no tenía la credencial. Pero los policías desconocían la legislación medicinal y el Reprocann, en un momento hubo una discusión al respecto porque no nos entendíamos”, comentó Gustavo, quien de todos modos resaltó la buena predisposición de todos los policías.

“Ellos avisaron al Juzgado que yo los atendí voluntariamente, que les dije que había una planta, así el juez decidió que no se hiciera un allanamiento ni se abriera ningún tipo de proceso penal”, comentó el cultivador, quien agregó: “Lo importante es que la doctora Castillo impidió que se cometiera un abuso”.
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“La planta la tenía en plena floración, una planta hermosa, me daba miedo que se la lleven”, agregó la abogada, quien empezó a formarse en la temática de cannabis en 2016, cuando veía que a pesar de los procesos judiciales los usuarios seguían cultivando a riesgo de ir a prisión: “Así entendí que la ilegalidad de la planta viene por un interés económico, que nunca hubo un sustento de la prohibición sobre el atentado a la salud pública. Se impusieron una legislación extranjera y la demonización de la planta”.
Parte de la precaución de de Gustavo para no dar su apellido es la proliferación en esta época de cosecha de los ladrones de plantas de marihuana, conocidos como “cogolleros”, quienes aprovechan este delito ya que los dueños de las plantas no denuncian porque tampoco hasta ahora era legal tener plantas de cannabis.
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Hace más de 15 años, Gustavo G. formó parte de la Aduana, trabajó como guía de los canes antidrogas de la Policía aeroportuaria. “Sé el desconocimiento que tienen los operativos rasos porque cumplen órdenes. Los primeros policías, los que hacen patrullaje, ellos no sabían, decían ‘la planta está prohibida’ y no entendían cuando les decíamos lo del Reprocann. Los de Drogas Peligrosas entendieron, estaban formados. Incluso uno me dijo ‘el hijo de mi novia consume cannabis porque tiene autismo’”.

Gustavo comenzó hace varios años a cultivar, luego de que un primo suyo que vive en Mar del Plata y padece esclerosis múltiple le enseñara a cultivar para aliviar dolores. “Él en la marihuana encontró un alivio para su enfermedad y me pasó las formas para cultivar, me dio referencias de semillas, yo hago esquejes, hago hidroponía y da buen resultado”, comentó Gustavo, que produce aceite y lo reparte a cinco personas.
“Yo también lo uso, volví a correr, no podía por dolores articulares y además estoy durmiendo mucho mejor. Hay gente con dolores de cadera, de rodilla, una chica con muchos problemas de ansiedad que no podía estudiar. Son básicamente los mismos que vienen a casa a comprar tomates y lechuga”, sonrió Gustavo.
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