El miércoles último por la noche, la Policía de la Ciudad entró por la fuerza en un local secreto de la calle Olazábal al 1600, pleno Barrio Chino de Belgrano. Una fiesta estaba en proceso a minutos del nuevo anuncio presidencial que anunciaba restricciones más duras para frenar la pandemia del coronavirus, 24 invitados e invitadas bailaban y se reían mientras se turnaban para cantar en el karaoke. La Agencia Gubernamental de Control ya había clausurado el lugar en octubre de 2020 y en febrero pasado por montar fiestas clandestinas. Las fajas arrancadas todavía estaban en el lugar.
Así, por orden del fiscal penal y contravencional Norberto Brotto, los policías dispersaron a los invitados; el local fue clausurado otra vez. También se llevaron arrestado a quien lo regenteaba, el encargado, un hombre de nacionalidad china, de unos 40 años, con el brazo izquierdo extensamente tatuado, que tuvo que ver cómo le incautaban sus máquinas de fiesta.
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Lin Lifeng, en los papeles de la AFIP, es un hombre dedicado al negocio de lo supermercados: su domicilio fijo es un comercio sobre la calle Corrientes en el Abasto.
En realidad, Lifeng se dedica a otra cosa. Siempre fue un hombre del entretenimiento, por llamarlo de alguna forma.

El 23 de marzo de 2019, Lifeng fue encontrado también por la Policía de la Ciudad mientras rompía la faja de clausura de otro boliche de la comunidad en la calle Lavalle al 2000. Lo palparon y encontraron casi 25 mil pesos en el bolsillo. En el local, otros seis chinos esperaban; se habían escondido detrás del tanque de agua tras escuchar a los efectivos gritar. También había cinco mujeres, algunas argentinas, otras brasileñas, de 22 a 31 años de edad; todas ellas supuestamente ejercían la prostitución en el lugar. La noche terminaba con una alerta a un juzgado federal en turno para que inicie una causa por trata de personas.
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El local, como el de la calle Olazábal, era otro karaoke. En los karaokes, ciudadanos de origen chino, vinculados a las diversas mafias de la comunidad o no, se reúnen para cantar con mesas con drogas como metanfetamina cristal contrabandeada por correo desde Asia o Europa, para fumar en pipas de vidrio, con mujeres pagadas por la jornada o un fin de semana. El karaoke de Lavalle al 2000, completo con pista de baile, barra, dos baños y una habitación con cama, es un ejemplo clásico.
En noviembre de 2019, ocho meses después, la división Trata de Personas de la PFA volvió a allanar el lugar. La luz negra de la sala principal seguía encendida cuando entraron. Lógicamente, la luz cumplía su función, resaltaba cualquier cosa blanca que tocara. Había una mesa en la sala principal con botellas de agua mineral y preservativos, botellas de espumante, algunas pastillas. Había, también, cuatro platos en la mesa. La cocaína en los platos, bajo la luz negra, con pequeñas líneas armadas con tarjetas de chips de teléfono, se veía de una manera muy particular.
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Había varias pipas de vidrio con boquillas de plástico, típicas para fumar metanfetamina. Incautaron una Taurus 9 milímetros con varias balas, un frasco de ketamina, dos bolsas de nylon con garras de pollo frescas: 17 hombres terminaron detenidos, tres mujeres fueron identificadas. También se sospechaba que estaban ahí para prostituirse. Los hombres decían que la fiesta era “un cumpleaños”.

La división Antifraudes de la Policía Federal, la mayor experta del país en investigar la mafia china, la fuerza criminal de mayor poder y expansión en los últimos años en la Argentina, arrestó también Lifeng a comienzos de año cerca del local de Olazábal por andar con drogas sintéticas en el bolsillo. No tardó mucho en salir. También tiene otros registros complicados: tiene más de 50 mil pesos a su nombre en multas sanitarias adeudadas.
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En 2019, Antifraudes de PFA también entró por la fuerza en Olazábal. No iban a cerrar ninguna fiesta, sino a allanar a un sector de Pi Xiu, tal vez la mafia china más poderosa y agresiva del país. Lifeng, según detectives que lo conocen históricamente, no es un hombre de la mafia, no lo parece. Sin embargo, otro supermercadista vinculado a él tiene lazos aparentes con Pi Xiu, hoy desgastada tras años de allanamientos, desmembrada o reconvertida, pero que todavía retiene un núcleo duro de su poder histórico.
Mientras tanto, el fiscal Eduardo Taiano y el fiscal Santiago Marquevich, cabeza de la UFESE, el ala de la Procuración dedicada a investigar secuestros extorsivos, pidieron al juez Sebastián Casanello la elevación a juicio de Jiayu He y Wei Chen, los acusados de montar el secuestro más largo de la historia reciente: encerraron y ataron a un compatriota en Núñez durante una semana por una supuesta deuda y le hicieron llorar por teléfono a su familia en la provincia de Fujian para que entreguen 300 mil dólares o lo mataban a tiros. Nunca cobraron el dinero. Un pariente de la víctima dio la pista clave para que allanen a los secuestradores y los detengan.
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Para quienes conocen los movimientos mafiosos en la comunidad, secuestrar gente podría convertirse en una nueva veta comercial más allá de exprimir supermercados.
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