Yong Ye y sus presuntos lugartenientes.
Yong Ye y sus presuntos lugartenientes.

Si uno viese a Yong Ye, también conocido como "A Di", no le daría demasiado crédito a las acusaciones en su contra. De 35 años, ojos saltones y algo de papada, no encaja en el cliché de un cerebro criminal despiadado. Sin embargo, la situación judicial en su contra es grave. Yong Ye está acusado de ser el jefe de Pixiu, la mayor organización criminal que azotó a los supermercados de la comunidad china al menos desde 2003.

El flujo de caja de Pixiu, el típico de cualquier tríada mafiosa oriental, era muy sencillo. Primero, llegaba un apriete: una hoja tamaño A4 con un pedido, usualmente en dialecto mandarín. Podían ser 50 mil o cien mil dólares, dependiendo de la envergadura del comercio. Si el comerciante accedía, podía terminar pagando 50 mil pesos mensuales como un canon para no morir. Si se rehusaba, podía recibir un tiro de alto calibre. Yong Ye tenía una particularidad: ser el hijo de uno de los mayores jefes de Pixiu a nivel global, preso en China por crímenes mafiosos. Uno no hereda los pecados del padre, pero para Yong Ye, el material en su contra en manos de la Justicia porteña ya se había vuelto demasiado.

A comienzos del mes pasado, la operación "Cabeza de Dragón", ejecutada tras una larga investigación de la división Defraudaciones y Estafas de la PFA bajo la firma de la jueza María Gabriela Lanz y el fiscal Marcelo Roma, metió preso a Yong Ye, que fue encontrado en un aguantadero propiedad de su novia en la calle Ramón Falcón junto a dos de sus supuestos lugartenientes. Hubo 40 detenidos para 22 allanamientos en total en puntos de la Ciudad como el restaurant Dragón de Oro, sobre la calle Corriente junto al viejo cine Cosmos, donde la cúpula de Pixiu celebraba sus banquetes.

En un supermercado de San Martín, efectivos del grupo GEOF tuvieron que enfrentar disparos de soldados del grupo. En Pergamino, dos grandes hipermercados fueron allanados: ahí se almacenaba mercadería casi vencida que Pixiu, según información policial, obligaba a los comerciantes extorsionados a comprar. Hubo más de 40 detenidos. Una denuncia de diciembre de 2015 fue lo que echó a rodar el fin de Pixiu en los tribunales de la calle Talcahuano, pero lo cierto es que Defraudaciones y Estafas investigaba al grupo hace cinco años con más de 1200 CDs de escuchas telefónicas en tres dialectos distintos.

La semana pasada, luego de que la jueza Lanz procesara a tres de sus máximos presuntos capos, la Sala I de la Cámara Nacional de Apelaciones confirmó bajo la firma de los jueces Jorge Rimoldi y Ricardo Pinto los procesamientos con prisión preventiva y desestimó los agravios presentados por los abogados defensores. Los magistrados en su fallo consideraron a Pixiu una "verdadera organización oculta que se signó por la perdurabilidad en el tiempo, el planeamiento y la estructura que demandó la comisión de sus diversos hechos delictivos".

Una de las típicas notas extorsivas.
Una de las típicas notas extorsivas.

Así, quedó firme el procesamiento contra Yong Ye por los delitos de extorsión en concurso real con abuso de armas y lesiones graves, además de ser el "jefe y organizador de una asociación ilícita", con un embargo de un millón y medio de pesos. Para Ye Houi Hang, alias A Rou, que comparte el mismo abogado con Yong Ye, se le imputa también ser un jefe y organizador desde los orígenes del grupo en 2003, con el delito de extorsión en concurso real con abuso de armas y un embargo del mismo monto. A Huan Xi Ling enfrenta una carátula similar, junto a la acusación de lesiones graves reiteradas, extorsión en grado de tentativa y la tenencia sin licencia de una larga y pesada lista de armas de fuego.

En el documento, los magistrados enumeraron los hechos principales en contra del trío: aprietes en dólares con cajeros y dueños baleados por sicarios en moto. El primero de todos, el de diciembre de 2015 que disparó la causa en el Juzgado N°42 de la doctora Lanz, tiene una trama al menos peculiar con un jugador que la Justicia aún no ubica; un chino al menos desleal.

El 29 de diciembre del año pasado, un supermercadista de la calle Virrey Liniers en Boedo denunció haber recibido una nota en donde se le proponía pagar 50 mil dólares "o te matamos". "Busca paisano amigo dueño de otro lugar, conseguí la plata, sino problema, no hagas preguntas, vos solo conseguí la plata", oyó al llamar. El 2 de enero, recibió cuatro tiros en la puerta del súper. Un llamado posterior, le indicó: "¿Por qué llamás a la policía? Si no nos das la plata te vas a morir". En el medio, apareció un supuesto intermediario: un tal "Ya Tou", que el supermercadista conoció a través de su cuñado.  

A este hombre, el supermercadista le pagó una suma de 150 mil dólares, según su testimonio. A Pixiu, de ese monto, solo le llegaron 30 mil. "Es demasiado poco, no busques más a Ya Tou sino te voy a matar", dijo alguien de Pixiu del otro lado del teléfono. Evidentemente, alguien se quedó con algo. El supermercadista le reclamó el dinero al tal Ya Tou, que se desentendió y dijo que no tenía una solución para ofrecerle.

El 3 de enero de 2016, otro comerciante en la calle Salvador María del Carril, barrio de Agronomía, recibió una misiva con el pedido correspondiente. "Poné 50 mil dólares sino te vamos a matar", con un número de contacto. Once días más tarde, un hombre entró y baleó la caja registradora. Veinte días más tarde, otros dos chinos, dueños de un supermercado en la calle Belgrano al 3700, también fueron baleados por no pagar tras recibir una serie de intimidaciones. Una Honda Twister blanca sin patente, con dos hombres con casco llegó hasta la puerta de su comercio; uno de los amenazados recibió de parte de un sicario un tiro en la mano derecha y otra en la pierna izquierda. Se encontró una vaina servida calibre .380.

El mismo calibre se encontró en un ataque el 6 de abril último en un local en la avenida San Martín, zona de La Paternal. Un hombre de 1,75 metro de estatura vestido jean y campera azul, bajó una moto Honda Tornado blanca, sin patente para dispararle en un muslo a la cajera del comercio mientras estaba de espaldas. Seis días antes, el dueño había recibido una nota que le exigía 100 mil dólares o la vida y que no había denunciado ante la policía. El 14 de mayo, la mafia china volvió al supermercado de la calle Virrey Liniers en Boedo, el que lanzó la denuncia original: otro sicario con la cara oculta por un casco le dio un tiro en el muslo derecho a un repositor mientras descargaba mercadería dentro del local.

El operativo "Cabeza de Dragón" no llevó a la PFA al barrio chino del bajo Belgrano sino al barrio coreano del Bajo Flores. Un local de karaoke en la calle Carabobo al 1000 era un punto conocido. Un testigo chino que declaró en la causa afirmó que sabía de Yong Ye y su tío Ye Yubing. Huang Xiling, el tercer procesado, no solo estaba domiciliado en el lugar; también era el encargado. Entre el local y una Renault Kangoo que conducía Huang, la PFA halló cuatro armas Doberman y Bersa con calibres que van del .32 al .22.

Esta semana, la Policía encontró en un control vehicular en el Mercado Central un lote interesante también en manos de chinos: 328 mil pesos ocultos debajo de cajas de frutas y bebidas en una Chevrolet Trucker. Los conductores, oriundos de General Pico, La Pampa y de 43 y 18 años fueron detenidos y puestos a disposición de la jueza federal María Servini de Cubría. No solo no pudieron justificar el dinero: su ingreso al país no estaba documentado.

Armas secuestradas durante el operativo.
Armas secuestradas durante el operativo.