
El 8 de febrero por la noche, cerca de las 20:30, Úrsula Bahillo fue asesinada a puñaladas en un paraje rural de la zona de Cuartel V en las afueras de la ciudad bonaerense de Rojas por su ex pareja, el oficial Matías Martínez, parte de la Policía Bonaerense bajo carpeta psiquiátrica en ese entonces. “Me mandé una macana”, dijo Martínez tras llamar a un tío materno desde la escena del crimen. Ese tío materno alertó a un amigo, ex policía. En el medio, se realizó una llamada al 911 que daba cuenta del crimen.
Así, Martínez fue capturado a un kilómetro del cuerpo, mientras corría a campo traviesa, a unos 20 minutos de su casa. Al día siguiente, Rojas explotó: las piedras y los insultos fueron contra la comisaría de la zona y la casa del juez de paz, un móvil fue incendiado, la Bonaerense fue luego investigada por reprimir con balas de goma a jóvenes que pedían un freno a la violencia. Una de ellas recibió un disparo a centímetros de uno de sus ojos.
La indignación se explicaba a sí misma: Úrsula y su madre habían denunciado en varias ocasiones a Martínez, sin recibir protección efectiva, siquiera un botón antipánico. No había uno, dijeron las autoridades un día antes de su muerte. El sistema había dejado que maten a una víctima, a una adolescente de 18 años, a manos de un policía denunciado por violencia de género por varias víctimas y hasta por abusar de una niña discapacitada en otra jurisdicción.
Hoy, menos de un mes después, el fiscal Sergio Terrón cerró la instrucción del caso y pidió la prisión preventiva de Martínez junto con su elevación a juicio, según confirmaron fuentes del caso a este medio.
Mientras tanto, Martínez se encuentra preso en una celda de aislamiento en la Unidad N°49 del Servicio Penitenciario Bonaerense, la Alcaidía Penitenciaria de Junín a 50 kilómetros del centro de Rojas, vigilado por un psiquiatra. Terrón, en su investigación, descubrió una trama bestial.
Las aperturas a los teléfonos, autorizadas por la jueza de Garantías del caso, revelaron que Úrsula y su asesino habían acordado verse por chat. Fue un encuentro concertado. Él le había ofrecido charlar para “aclarar las cosas” y hablar sobre las notificaciones que había recibido sobre las denuncias en su contra, particularmente la de esa mañana.
De acuerdo a estas conversaciones, Úrsula fue a la cita “confiada”, asegura una fuente de peso, a un encuentro que derivaría en un femicidio cometido, calcula el fiscal Terrón, con alevosía y premeditación.
Testigos y cámaras ubican a la joven poco después de las 17 horas del 8 de febrero, menos de tres horas antes del crimen, saliendo de un kiosco. Terrón determinó que Martínez llevó él mismo a Úrsula a la escena del crimen en su Peugeot, vestido con un short y remera. La pasó a buscar, aseguran fuentes de la causa, por las inmediaciones de un conocido local de electrodomésticos en la esquina de Alsina y 25 de Mayo, pleno centro de Rojas. Allí, Úrsula es vista con vida por última vez. Sin embargo, no existen cámaras que muestren cómo Úrsula subió al Peugeot.
Qué pasa en ese período, desde la esquina hasta la muerte, se desconoce. Se cree que el lugar del crimen es precisamente el paraje en Cuartel V. En el auto se encontraron las notificaciones que le hicieron a Martínez como imputado y a Úrsula como victima.

Mientras tanto, los otros problemas legales de Martínez que revelaron su violencia machista comienzan a tomar rumbo en los tribunales bonaerenses tras el femicidio bestial y luego de que nadie lo detuviera. Tras aceptar su culpa por agredir y amenazar en 2017 a Belén, una de sus ex parejas, Martínez fue condenado a 4 años de cárcel de cumplimiento efectivo por el juez en lo Correccional 1 de Junín, Héctor Alberto Barbera.
En paralelo, tenía una causa en su contra en los tribunales de Mercedes por abusar de una adolescente discapacitada, a solas en un auto en 2020. Se trataba de la sobrina de apenas 13 años de una ex pareja que tiene retraso madurativo. La Justicia ya había rechazado detenerlo cuando el fiscal Sebastián Villalba de la UFI N°2 de la jurisdicción pidió su arresto el 5 de enero pasado, días antes de que Úrsula lo denunciara otra vez por atormentarla.
El pedido de detención fue presentado en el Juzgado de Garantías N°2 de Mercedes, con su magistrado de licencia en ese entonces. El juez Marcelo Romero, subrogante, a cargo del Juzgado N°1, no hizo lugar al pedido: adujo que no habilitaría la feria, al no desear vulnerar el principio del juez natural, según confirmaron fuentes tribunalicias a Infobae.
Tras el fin de la feria, el fiscal Villalba insistió con el pedido de arresto el 4 de febrero, un día antes de que Úrsula volviera a denunciar a Martínez en Rojas. El pedido de detención fue concedido finalmente el viernes pasado, según fuentes judiciales: otra vez, como con el crimen de Úrsula, Martínez se negó a declarar. Villalba sigue con su investigación para elevarlo a juicio por un hecho aberrante.
En el expediente que investiga la muerte de Úrsula, Martínez enfrentó pericias psiquiátricas y psicológicas. “No se detectó ningún trastorno, está en condiciones de afrontar un juicio y es perfectamente punible en ese sentido”, asegura una fuente del caso.
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