
El pasado 2 de noviembre, el Día de los Fieles Difuntos en el calendario cristiano, Rogelio Antonio Ríos, un carpintero misionero de 54 años, recibió un llamado que lo perturbó. Era su ex mujer para avisarle que la tumba del cementerio La Piedad en la que descansan los restos de Sergio, el bebé que tuvieron en común, ya no existía. Simplemente había un pozo. Conmocionado, el hombre fue casi de inmediato al lugar y comprobó con sus propios ojos lo que temía: los restos del cadáver de su hijo, sepultado hace 17 años en el mismo lugar, había sido supuestamente robado o extraído sin rastros. El ataúd tampoco estaba.
La respuesta de las autoridades del cementerio, ubicado en la ciudad de Posadas, dejó mucho que desear para Rogelio. Según contó el hombre en diálogo con el diario Primera Edición, primero le dijeron que se había equivocado de parcela. Que en realidad la tumba excavada era la que estaba al lado de la de su bebé. El carpintero les insistió en que se trataba del mismo lugar en el que estaba el cuerpo de su familiar y que necesitaba una respuesta. Cuando el personal del cementerio fue hasta la tumba excavó la parcela que creían era la del bebé y descubrieron que tampoco había ningún cuerpo. Ni ropa, ni siquiera un cajón.
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“Cuando llegué al cementerio, los encargados decían que la tumba estaba al lado, que no habían tocado la de mi hijo. Desde el 2003 que voy a poner una vela y rezarle a mi hijo, cómo no voy a saber cuál es su lápida si la armamos nosotros”, dijo Rogelio al diario misionero. “Ninguna explicación era creíble. Es más, excavaron al lado donde decían y no hallaron nada, ni cajón, ni ropa, restos del cuerpo, nada. Ellos sacaron y tiraron al angelito en algún lado”, agregó el hombre. “No sé ahora dónde vamos a ir a rezarle a nuestro hijo”, expresó.
Como las respuestas no llegaban, el carpintero denunció el hecho en la Comisaría 2ª de Posadas y un día después, personal de Bomberos y efectivos de la Unidad Regional I comenzaron con la recolección de pruebas y evidencias para realizar los peritajes correspondientes. Todo bajo la supervisión del juez de Instrucción 2, Juan Manuel Monte. Asimismo, personal de la división Cibercrimen se hizo con los equipos informáticos y documentos de la administración del cementerio.
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El magistrado pidió varias medidas para avanzar en la investigación. Por ejemplo, requirió informes sobre la degradación de los cadáveres, cofres, ataúdes, ropa y otros elementos enterrados. Además, exigirá la remoción del árbol ubicado al de la tumba. El objetivo es ver si hay algún resto del bebé en las raíces.
“Espero que no haya sido un show montado ese procedimiento. Ya escuché casos de otras familias que perdieron los restos de sus seres queridos porque los exhuman de esta manera. A nosotros no nos avisaron que iban a excavar. Y ocurrió en septiembre, según me dijeron el lunes. El dolor que uno transita es fuerte, no se puede tomar con liviandad”, lamentó el hombre.
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“No teníamos ninguna deuda con el cementerio y, además, los cuerpos de angelitos no se exhuman por falta de pago”, aclaró el papá de Sergio, quien también contó que las autoridades del cementerio nunca le pidieron disculpas y que ni siquiera reconocieron el error, sin asumir la responsabilidad. “Lo único claro es que hicieron un hueco nuevo y más profundo y tiraron a mi hijito, para dejar lugar para enterrar a otro cuerpo”, manifestó el papá.
De acuerdo con fuentes de la investigación reseñadas por la radio local La Dos, el foco de las sospechas por la desaparición de los restos está centrado en el sector administrativo.
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No es la primera vez que algo así ocurre en el país en tiempos recientes. En territorio bonaerense, hubo casos recientes de desapariciones de cuerpos de chicos. La sospecha no fue administrativa, sino todo lo contrario, el signo de una mano negra.

Más tumbas de niños profanadas
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En julio del año pasado, la Policía Bonaerense descubrió que el cadáver de un bebé llamado Ciro Lescano de cuatro meses había sido sustraído de su sepultura en el cementerio de Miramar. La profanación fue paulatina. A menos de una semana de la muerte del chico, su madre, de 32 años, encontró cerca de la tumba un chupete y dos cartas que había dejado dentro del ataúd. Tres días después encontró un tornillo mariposa y hubo que agregar más tierra a la tumba.
Ante la posible profanación se inició una causa por averiguación de ilícito a cargo de la UFI de la jurisdicción con el fiscal Rodolfo Moure y el Juzgado de Garantías Nº5 de Lucrecia Busto, quienes ordenaron que se tomen declaraciones testimoniales a personal del cementerio y a trabajadores de la funeraria. Se ordenó también que se exhume el ataúd. Allí descubrieron que el cuerpo no estaba y que el cajón no había sido violentado.
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El mismo mes y en el mismo cementerio, pero con semanas de diferencia, el cuerpo de Liam Rodríguez, de sólo dos años de edad, también fue robado. El descubrimiento surgió en el marco de las investigaciones por la desaparición de Ciro. Fue después de que los padres de Liam reconocieron la ropa de su hijo, que fue encontrada durante los rastrillajes que intentaban dar con los restos del otro chiquito. A partir de ahí, se abrió una nueva causa. Liam murió de manera absurda el 4 de febrero de aquel año, luego de que un televisor se desprendiera del soporte del que colgaba y cayera sobre su cabeza. Tras presentar la denuncia en la policía de Miramar, se comenzó con los trámites para la exhumación. Peritajes geológicos y químicos reafirmaron la hipótesis del robo.
En 2017, el cementerio de Otamendi, una localidad cercana a Miramar de diez mil habitantes, fue profanado dos veces en un mismo año. Los cuerpos de Matías Valentino Fernández y Ciro Aranda desaparecieron de sus tumbas en Pascuas y Nochebuena. El cuerpo de Matías Valentino, de dos años, fue sacado de su tumba en la tierra y encontrado poco después en un arroyo a la vera de la Ruta 11: le faltaban los pies, las manos, los dientes y todos los órganos internos. El de Ciro, de un año y dos meses, estaba en un depósito a la espera de entrar a un nicho. Su madre tocó la tapa del féretro y lo corrió sin querer. Allí, descubrió que el cuerpo había sido sustraído.
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