
G., de 30 años, se negó a declarar ayer ante el fiscal Juan Condomí Alcorta de la UFI N°16, luego de que la DDI de La Plata lo arrestara en su casa del barrio Aeropuerto de la capital bonaerense. Lo acusaban de algo bestial: captar a una menor, una nena de 12, para violarla en repetidas ocasiones. La madre de la chica había denunciado su desaparición a mediados de esta semana en la Comisaría 4° de La Plata, tras horas sin verla o saber de ella. Su hija volvió en estado de shock. Fue contenida por el Gabinete de Abuso Sexual de la DDI. Un equipo de especialistas la revisó: tenía lesiones en su zona íntima compatibles con un abuso sexual cometido en las últimas 24 horas.
La víctima declaró cómo lo había conocido a través de un perfil de Instagram llamado “Predicciones Amorosas”, una suerte de servicio casamentero teen donde una persona desconocida ofrecía “hechizos de amor” y le vaticinaba a adolescentes del Conurbano que el verdadero amor vendría pronto. Así, la menor comenzó a chatear con “un chico” durante dos meses, que la invitó a su casa.
Ese “chico”, según sospecha la Justicia, era G.
“Me trató bien”, declaró la víctima, “como si fuese mi novio”. Incluso aseguró que G. le dio plata para que se tome un taxi. Una vecina del barrio, en cambio, declaró que la vio escapar, mientras el hombre se calzaba zapatillas para correr detrás.
Así, la Bonaerense llegó al hombre tras un cruce rápido de información y lo arrestaron en la casa del barrio Aeropuerto, un chalet con parque de tres habitaciones. G. resultó ser un docente. De acuerdo a sus registros previsionales había trabajado para la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia en varias ocasiones desde 2015, Condomí Alcorta supo que había cumplido una suplencia en un curso de quinto grado de una escuela pública a mediados del año pasado. Le encontraron computadoras, teléfonos, una consola Xbox 360 que podrán ser peritadas. También encontraron otras cosas, como un blister de pastillas del día después, para prevenir la formación de un embarazo.
La víctima, declaró, fue forzada a tomarlas.
Había anotaciones en la casa, supuestamente escritas por G., un hombre silencioso que nunca tuvo problemas con sus vecinos, que había sido emo de adolescente, fanático de los videojuegos. Encontraron también un cuarto que, misteriosamente, estaba cerrado. Derribaron la puerta. Vieron moho, suciedad, desorden, una habitación frenada en el tiempo.
En esa habitación, hace 19 años, la madre de G. mató a su padre.

Ocurrió el 31 de julio de 2001. Eduardo Manzo, prefecto penitenciario en el penal de Olmos y docente en un colegio secundario, era encontrado muerto tras golpeado hasta el último aliento con un objeto contundente, no en su casa, sino en el baúl de su propio auto, un Volkswagen Polo rojo abandonado en el barrio Altos de San Lorenzo con las llaves puestas y las puertas abiertas. Su cuerpo tenía una bolsa en la cabeza, los brazos atados con cables.
Manzo se había separado años antes de Laura Governatori, nueve años más joven, también penitenciaria, que estaba de novia con otro penitenciario en ese entonces, ocho años más joven que ella también, reconstruye una crónica de la época en el diario El Día. Se habló de un intento de reconciliación entre Manzo padre y Governatori, de una posibilidad de volver. Citó a su ex en su casa supuestamente para conversar. Allí, creían los investigadores en aquel entonces, lo mató.
La investigación comenzó bajo las ordenes de los fiscales Virginia Bravo y Gabriel Sagastume: el novio de la madre, Marcelo Hermida, fue considerado un sospechoso. Se encontraron manchas de sangre en la casa del barrio Aeropuerto, por otra parte. La casa del novio fue allanada. Encontraron un Ford Falcon supuestamente visto por testigos cerca de la casa de Aeropuerto por testigos, ropa con manchas de sangre.
“Yo no lo maté”, le habría dicho Governatori a su abogado tras ser detenida junto a Hermida. Se negó a declarar. Su abogado aseguraba que Governatori se encontraba en una profunda angustia al no poder ver a sus hijos: G. tenía un hermano mayor. Tres años después, la agente penitenciaria y su novio fueron elevados a juicio. Governatori fue acusada de homicidio agravado por el vínculo y por alevosía. El divorcio no había sido formalizado. En 2009, según un artículo de Clarín, Governatori y Hermida fueron finalmente condenados a prisión perpetua por el Tribunal Oral en lo Criminal V.
El nombre de Governatori volvió a los tribunales platenses en 2017, cuando su defensa apeló a la Procuración de la Suprema Corte tras la revocación de sus salidas transitorias. Governatori, según un documento judicial, se había convertido en pastora evangélica y estudiante de periodismo, con una calificación de 10 en conducta. Otro pastor le había ofrecido un puesto en una granja para detenidos que cursan sus últimos años de condena en la zona de Magdalena. Julio Conte Grand aceptó el planteo, en términos parciales.
La causa contra su hijo recién comienza. Condomí Alcorta cree que la nena de 12, si las acusaciones son ciertas, no es su única víctima. “Predicciones Amorosas”, la cuenta de Instagram que usó para engañarla, fue cerrada ayer, minutos antes que G. entrara a indagatoria: no fue a pedido de la Justicia, lo hizo un tercero que controlaba el perfil. A “Predicciones Amorosas” lo seguían más de 11 mil usuarios, adolescentes en su mayoría.
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