
Ema Rosario Colque llevaba días desaparecida. Uno de sus hijos había denunciado la averiguación de paradero: la habían visto por última vez el mediodía del viernes 12 de junio. Madre soltera de 50 años, 1,58 metros de estatura, contextura física mediana, tez morena, cabellos negros ondulados a los hombros, vivía con sus tres hijos mayores de edad en el barrio San Juan, en la zona de Castelar Sur, partido de Morón en el oeste del Gran Buenos Aires. Hacia la vivienda situada en la calle Eduardo Cogliati, casi esquina Alberto Casares, fueron los investigadores: desde el primer momento, sospecharon del entorno de la mujer.
Intervino el fiscal Walter Roberto Leguizamo, de la Unidad Funcional N° 2 del departamento judicial de Morón, quien activó el protocolo de búsqueda. El lunes 15 se dirigieron al lugar de los hechos para entrevistar a los familiares directos de la madre desaparecida. Mientras lo hacía, el menor de los hijos, Daniel Ángel Alejandro Colque, de solo 20 años, contó espontáneamente que recordó que el día de su desaparición, había visto a un hombre hablando con su madre sentado en la mesa. Dijo que luego escuchó ruidos y una discusión, que se asomó y el hombre lo amenazó: le gritó “no digas nada o te mato”. Él, entonces, siguió jugando a la computadora. Agregó, que mientras continuaba sentado frente a la PC, escuchó movimientos extraños en el fondo de su casa, pero le restó importancia.

A los investigadores el relato les pareció inverosímil e incongruente. Se dirigieron hacia el patio de la vivienda, acompañado por testigos. Hallaron tierra removida y avisaron que iban a realizar el peritaje correspondiente para saber por qué habían cavado allí. En ese momento, Daniel Colque confesó que había asesinado a su madre y la había sepultado en el fondo de la casa en la que convivían.
Inmediatamente fue detenido por efectivos policiales de la comisaría de Castelar, la tercera de Morón, y de la Dirección Departamental de Investigaciones (D.D.I.) de ese distrito. El fiscal Leguizamo ordenó convocar a personal del cuartel de bomberos voluntarios de la zona y a policía científica para realizar la excavación del terreno. Según fuentes policiales, se determinó al examinar el cuerpo que la mujer presentaba tres heridas de arma blanca: dos en la cabeza y una en el pecho.

El expediente se caratuló de manera preventiva “Homicidio agravado por el vínculo”. Según las primeras averiguaciones, se sospecha que el autor del parricidio sufre alteraciones mentales. Será sometido a evaluaciones psicológicas para constatar estos indicios. La denuncia por averiguación de paradero la había realizado otro de sus hijos, de 25 años. Se desconoce, por el momento, las razones del crimen.
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