El caso del portero acusado de abuso por su hijastra y su sobrina que la Justicia absolvió cinco años después

En un fallo atípico firmado por el Tribunal N°29, Saúl F., ex vecino de Constitución, fue absuelto. El fiscal del juicio, el mismo que logró la condena al portero Mangeri, decidió no acusarlo

Constitución al 1300, la cuadra donde Saúl F. vivía con su familia.
Constitución al 1300, la cuadra donde Saúl F. vivía con su familia.

“Yo estaba durmiendo y cuando me despierto él estaba pasando su mano por debajo de mi remera”. Las psicólogas del Cuerpo Médico Forense tomaban nota mientras Julieta, relataba en su declaración en cámara Gesell uno tras otro los presuntos abusos que sufría por parte de su padrastro, Saúl F.,

“Me tocaba los pechos”, dijo la menor ante diferentes profesionales que la entrevistaron en el año 2015. Los abusos habían ocurrido, según ella, en el año 2012, cuando ella tenía 13. J. contó que la situación se había repetido en 4 o 5 oportunidades y que su madre sabía, que no había hecho nada. Al testimonio de Julieta se sumó la denuncia de su prima, Sofía, que acusó a Saúl del mismo delito. Ocho años más tarde el acusado en un expediente con fecha de 2015, luego procesado y enviado a juicio ante el Tribunal Oral Criminal N°29. No era la primera vez que Saúl enfrentaba a la Justicia, con un legajo de reincidencia a su nombre.

Hoy, Saúl, portero en la actualidad, está libre: la Justicia determinó que era inocente y no había pruebas suficientes para inculparlo. El fallo, firmado el 16 de marzo pasado por el juez Rodolfo Goerner, no fue una decisión reñida entre jueces y fiscal de juicio, por otra parte

“Luego de las pruebas recolectadas en el juicio no resulta posible sostener ninguna acusación. En los testimonios y en las evidencias hay inconsistencias. La fiscalía no desconfía del testimonio de las menores pero son insuficientes para que la acusación pueda mantenerse”, dijo en su alegato el fiscal Sandro Abraldes, que integró el equipo de acusadores que logró en 2015 la condena al portero Jorge por el femicidio de Ángeles Rawson.

La causa comenzó en el 2012 luego de que Julieta (nombre ficticio generado para proteger su identidad, así como el de su prima) le dijera a la directora del colegio al que asistía que sufría episodios de violencia en su casa, puntualmente denunció que su madre le pegaba. Desde la institución activaron el protocolo correspondiente y le dieron aviso a Consejo de Niños, Niñas y Adolescentes. En la primera entrevista ante las especialistas la nena ya no sólo relato maltrato sino que, además, contó que su padrastro la había abusado sexualmente desde que ella tenía 11 años.

Ante esta situación, el Consejo realizó la denuncia correspondiente en la Justicia y reubicó a Julieta con su abuela paterna. La nena abandonó la casa de la calle Constitución al 1300 donde vivía con su madre, con Saúl y con una hija que tenía el hombre de un matrimonio anterior. La propia madre de Julieta apoyó al portero con su declaración.

“La relación con mi hija cambió drásticamente cuando nació mi beba, que tuve con Saúl. A partir de ahí mi hija se mostró celosa y tuvo un cambio de carácter muy marcado. Ella es muy vulnerable incluso había tenido un brote psicótico cuando vivía con nosotros”, declaró en ese momento y luego repitió lo mismo en el juicio la madre de Julieta. La mujer en ningún momento le creyó a su propia hija y siempre defendió a su pareja.

Luego de algunas semanas en las que la menor y su familia perdieron todo tipo de contacto, Julieta fue citada por parte del equipo de psicopedagogas del Cuerpo Médico Forense para escuchar su versión de los hechos y poder avanzar en la causa. La menor fue contundente y relató distintas situaciones con lujo de detalle: “Cuando yo estaba durmiendo se acostaba conmigo y pasaba la mano por debajo de la frazada. Aunque estaba durmiendo sentía su mano. En una de las ocasiones yo estaba durmiendo y mi mamá se estaba bañando y cuando me despierto estaba la luz prendida y él con la mano por debajo de mi remera. Después apagó la luz y se fue.”

“Esto pasó cuando estábamos en la casa de Lanús y siguió en el 2012 cuando nos mudamos (se refiere a la casa de la calle Constitución). Recuerdo la mano de él pasando por mi pecho. Apenas me tocaba yo me despertaba”, relató en aquel momento la chica ante los especialistas. La causa siguió adelante.

Sandro Abraldes, fiscal acusador en el juicio (foto: NA - Hugo Villalobos)
Sandro Abraldes, fiscal acusador en el juicio (foto: NA - Hugo Villalobos)

Algunos meses más tarde se sumó una nueva denuncia, con un relato prácticamente idéntico a la de Julieta. En esta oportunidad una mujer llamada Valeria se acercó a la fiscalía del caso y dijo que su hija, Sofía, prima de Julieta, había sufrido también un abuso sexual por parte del portero.

Según la denuncia, el hecho sucedió una noche en la que Sofía se había quedado a dormir en lo de su prima, en la casa de la calle Constitución. Aseguró que el acusado abusó de ella la misma manera que a Julieta, aprovechar que estaba dormida para manosearla. La denuncia se adjuntó a la causa anterior y al portero se le sumó una nueva imputación.

Lo curioso de este segundo hecho se dio cuando Sofía tuvo que sentarse también ante el Cuerpo Médico Forense a relatar lo que le había pasado. Una de las profesionales le preguntó si sabía por qué estaba ahí. “Por una denuncia que hizo mi mamá”, respondió. Ante esa respuesta indagaron sobre si sabía de qué se trataba esa denuncia: “Creo que es algo de un abuso. Igualmente para mí no es nada grave no fue una violación. Es verdad que una vez me pasó la mano pero no recuerdo qué parte del cuerpo y no fue algo grave”.

El Juzgado N°14, a cargo del caso, decidió seguir adelante con las dos acusaciones. Procesó a Saúl F. por abuso sexual agravado por haber sido cometido contra un menor de 18 años, aprovechando la situación de convivencia preexistente con el mismo y abuso sexual simple en concurso real ente sí, en carácter de autor.La familia se fracturó. Julieta vivió un tiempo con su abuela hasta que se fue a vivir diciendo que era maltratada y fue recibida por su tía. Vivió con ellos unos meses y luego fue a la casa de unos amigos.

El portero hizo uso de la palabra en el proceso: “Mi relación con mi hijastra en los primeros años era muy buena, hasta que nació la beba y ahí comenzaron los conflictos. Ella era muy rebelde y siempre se peleaba mucho con la mamá pero yo me mantenía al margen. Siempre me dio la sensación de que yo era una molestia para ella. No sé porque hizo esa denuncia, yo no hice nada”. La madre relató episodios de inestabilidad mental. Dijo que su hija, hoy con 20 años, vive en otro país de la región, que se negaba a venir a la Argentina para el juicio.

En todo caso, no sería la primera vez que la madre de una víctima apoya a su victiimario en vez de a su hija. Pero lo cierto es que el fiscal no acusó: consideró que la prueba no era suficiente para que condenen al portero y señaló distintas inconsistencias que sobresalieron en el juicio.

La absolución firmada por el TOC N°29.
La absolución firmada por el TOC N°29.

Una de ellas fue la declaración de la directora del colegio de Julieta en la que contó como fue el momento en el que la nena le contó lo sucedido. Dijo que a pesar de que la menor denunciaba golpes de su mamá nunca le notó ninguna marca y además señaló que en ningún momento la chica le había mencionado nada sobre un abuso. El fiscal también tomó en cuenta la decisión de Julieta de no volver al país para presentarse al juicio.

En el caso de Sofía, el fiscal hizo pie para desistir de la acusación en lo que la chica contó en el Cuerpo Médico Forense y en un peritaje psicológico en el que se expresaba que no estaba a gusto con la denuncia y estaba incomoda por la situación en la cual la había puesto su madre.

Así, Abraldes pidió la sbsolución: aseguró que no descree del relato de las menores, pero que no encuentra ningún sustento en las evidencias que den una certeza de que Figueroa es culpable.

Queda la duda, entonces, si las menores no dijeron la verdad, o si la Justicia no hizo lo suficiente.

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