
(Desde Casilda, Santa Fe)
Hugo Víctor Aguirre se sentó en la sala de los tribunales de Casilda, provincia de Santa Fe, para la audiencia imputativa en su contra. Allí, Aguirre escuchó sobre la primera vez.
El fiscal Juan Pablo Baños leyó en voz alta lo que dos días antes una de sus tres hijas había declarado en la Comisaría de la Mujer local. Baños repitió el testimonio de cómo ella, hace 23 años, cuando tenía apenas nueve, se subió al asiento del ciclomotor de su padre, que la llevó a un pajonal en el cruce de una ruta no muy lejos de su casa en Arequito. Allí, la arrojó al suelo y la violó. Su hija recordó el color de los pantalones que ella llevaba ese día: amarillos.
El dolor obligó a la nena a morder a su padre en la cara. Aguirre, según el testimonio, la amenazó de muerte, le dio plata y luego volvieron. Su mujer, la madre de su hija, le preguntó qué le había pasado en la cara. El albañil mintió: dijo que lo había picado un bicho.
El testimonio siguió: su hija aseguró que la vez en el pajonal fue la primera que su padre se animó a violarla. Ya le había hecho cosas antes, dijo ante la psicóloga, la había tocado mientras veían la tele en el cuarto de sus padres en la casa familiar, siempre bajo amenazas.
A los 13, la hija de Aguirre, hoy de 32 años, despertó una mañana con mareos y vómitos. Su madre la llevó a un hospital de la zona: descubrieron que estaba embarazada. No tenía sentido, al menos para la madre, su hija no salía, no tenía un noviecito, nada. Aguirre la obligó a mentir, a culpar a un albañil de la zona. Nació una nena, hoy mayor de edad, de 19 años, sin padre reconocido, le dieron el nombre de una virgen.
Dos años después nació un varón, con otro nombre cristiano. Aguirre obligó a su hija a mentir de nuevo. Así fueron cuatro hijos en total, en menos de diez años, el último un varón con nombre de profeta del Antiguo Testamento. Todos ellos tuvieron el apellido de su madre, que es el de Aguirre. Ninguno tuvo un padre reconocido. El padre de todos, dijo la hija del albañil, era Aguirre mismo.
En medio de todo, Aguirre, dijo su hija, le lanzó un vaticinio, algo esperanzador, al menos para él. “Si estás llena de hijos ningún pibe te va a querer", le aseguró.
Infobae estuvo presente en la sala. Parecía que Aguirre lloraba al escuchar todo esto que leía el fiscal Baños, acompañado por una defensora oficial, pero solo tenía los ojos rojos de no dormir en la celda de la alcaldía. Lo detuvieron en la calle ayer al mediodía, el día después de que su hija lo denunciara. La psicóloga que tomó el testimonio de su hija aseguró que la joven estaba lúcida, ubicada en tiempo y espacio, sin signos de patologías paranoides o delirantes, sin signos de fabular.
La audiencia imputativa, a cargo de la jueza Mariel Minetti, terminó con fuerza. El fiscal Baños pidió la prisión preventiva por el máximo del plazo legal, que fue concedida. Los delitos en la imputación: abuso con acceso carnal agravado por ascendencia, promoción de la corrupción de menores, amenazas, tenencia ilegal de arma de uso civil.
Si Aguirre es efectivamente condenado tras un juicio, podrá enfrentar una pena de 35 años de cárcel. Los presentes en la sala retorcían la mirada mientras Baños leía: la declaración incluía amenazas a punta de pistola, por ejemplo. La Policía de Santa Fe allanó la casa del albañil en Arequito tras la denuncia, donde su hija vivía con él, encontraron dos pistolas en su cuarto. Los chicos señalados como sus hijos menores abrieron el portón de chapa.
“El abuelo se fue a trabajar”, dijeron.

La hija del albañil logró dejar la casa de a poco a lo largo de los años, comenzó a cuidar ancianas enfermas en el último año cuando el bolsillo de su padre comenzó a flaquear: se puso de novia con el sobrino de una de ellas. “Te importa más una p... que tus propios hijos”, le escupía Aguirre, de 57 años, nacido en Córdoba.
Las mentiras del albañil no se sostuvieron en la casa. Su mujer lo dejó por violencia de género. La hija mayor de su hija, la que nació cuando tenía 13 años, tomó coraje para formular la pregunta, quiso saber quién era su padre, porque intuía que, efectivamente, era su abuelo. La última violación, denunció la hija, ocurrió el 4 de enero, dos días antes de la denuncia, mientras ella se duchaba.
Aguirre se negó a declarar en la audiencia. Su defensa señaló que, básicamente, no existe otra prueba para acusar más allá del testimonio de la víctima. Así, los tests de ADN a los cuatro hijos de la víctima se convierten en el pilar de la causa. Los menores, mientras tanto, están a resguardo con un gabinete psicopedagógico de la zona.
El fiscal Baños dejó otra incógnita al final: aseguró que se debe investigar la posibilidad de que Aguirre haya abusado de esos chicos, que serían sus nietos.
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