
El chico de 13 años que atacó con un cuchillo el domingo pasado a dos agentes de la Policía Local de San Isidro sigue internado, con una pierna comprometida seriamente por el disparo que recibió de parte de uno de los efectivos. Mientras se recupera, la Justicia investiga qué fue lo que desencadenó la actitud del menor, quien había dicho que lo mandaron a “matar policías”.
Los investigadores se afirman en tres posibles hipótesis que pudieron motivar al pre adolescente a atacar: una amenaza -como efectivamente dijo-, una acción como consecuencia de bullying en la escuela o un problema psiquiátrico, hasta ahora desconocido por la familia.
Un equipo de psiquiatría del Hospital Garrahan espera que el chico salga del estado en el que se encuentra (extubado pero aun alejado de la realidad, producto de los psicofármacos que le dan para soportar el dolor del disparo) para estudiar la mente de un chico que no tenía problemas de conducta en la escuela y, según su familia, estaba lejos de vincularse con “malas juntas” en el barrio, ligadas a delitos.
“Es muy raro todo”, confesó a Infobae uno de los investigadores del caso. “Si bien el ataque a los policías es un delito grave, estamos en veremos. La familia está azorada, no puede creer lo que está viviendo”, comentó.
“Me mandaron a matar policías”, dijo el chico cuando ya estaba tendido en el suelo, herido de un balazo policial. Inmediatamente después se desmayó por el dolor y la pérdida de sangre. Sin embargo, por ahora no hay indicios para pensar que algo así ocurrió.
Hay dos escenarios más probables: que lo hayan forzado en la escuela producto de bullying o que haya tenido algún brote psiquiátrico. “Es fundamental lo que digan los médicos”, comentó una fuente del caso.

Cuando el chico se recupere se podrá realizar una audiencia donde la fiscal de Responsabilidad Juvenil de San Isidro, Rosa Gómez Zambade, le tomará declaración indagatoria. Por ser menor a 16, el acusado no irá preso, pero es probable que se defina una “medida de seguridad”, que consiste en enviarlo a un instituto de menores. Seguramente vaya a una unidad ubicada en La Plata. “Es una causa de extrema gravedad. Y si se pide una medida de seguridad se la va a otorgar”, arriesgó una fuente judicial.
La Policía allanó el viernes por orden del juez (interino) de Garantías del Joven de Pilar, Fernando Ribeiro Cardadeiro, la casa donde el nene vivía con sus abuelos. Se secuestraron todos los aparatos electrónicos que serán peritados para buscar algún indicio que pueda explicar las razones que lo llevaron a ir hasta la comisaría y clavarle un cuchillo al oficial Oscar Cejas, quien también se recupera favorablemente. El defensor oficial del niño se reunió con su padre.
“Es una familia trabajadora, su papá trabaja todo el día, sus hermanos también y el chico vivía a pocas cuadras con sus abuelos”, comentó una fuente del caso. Los testimonios a su alrededor hablan de un chico retraído, sobreprotegido, un alumno en su colegio sin problemas de conducta y sin antecedentes psiquiátricos, pero que tuvo dos grandes golpes en su corta vida: cuando él tenía tres años murió su madre y, a sus siete, su tía.
“Tenía una vida de pibe normal. El abuelo lo llevaba al colegio junto con otros chicos. No tenía vida de calle, no tenía amistades raras nada”, comentó otra fuente del caso que lleva 25 años en el fuero de menores y, según confesó a Infobae, “nunca vi algo así, un ataque de un nene tan chiquito, sin antecedentes, a un policía”.
El hecho ocurrió el domingo pasado cuando el menor entró a la comisaría y pidió a dos policías, entre quienes estaba Cejas, que lo llevaran a la casa porque estaba desorientado. Cuando los policías salieron a la vereda para subirlo a un patrullero y alcanzarlo a pocas cuadras, el nene le clavó un cuchillo en la zona cercana al cuello a Cejas e inmediatamente recibió el disparo de otro policía.
El niño llevaba dos armas blancas. La que usó para atacar a Cejas se conoce como “cuchillo táctico”, es de la marca Trento, y tiene una hoja de unos 20 centímetros de largo.
Cejas fue trasladado al Hospital Central de San Isidro, donde fue sometido a una cirugía en su cráneo. La operación comenzó a las 22 y terminó cerca de las 2 de la madrugada. Durante casi cuatro horas, los médicos descomprimieron el cerebro a través de drenajes. El agente quedó internado en terapia intensiva. Según fuentes policiales, su condición “es estable” y mejora día a día.
Infobae habló con un familiar, absolutamente desorientado por la situación: “Es un pibe bueno, sin malas juntas, que va de la escuela a la casa y de la casa a la escuela. No entendemos qué pasó”.
Una alta fuente del caso admitió que en la investigación se descree de las amenazas que pudo haber recibido y desmintió que el chico quede bajo la guarda del tío como trascendió en varias publicaciones. “Está internado, probablemente se decida una medida de seguridad. No está bajo la guarda del tío ni lo va a estar”, remarcó.
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