Jorge Claudio Duré tras recibir su condena.
Jorge Claudio Duré tras recibir su condena.

Jorge Claudio Duré, de 26 años, llegó a decir que no podía recordar si había matado a Lorena Chazarreta, de 32. Pero cada paso que dio después del crimen fue un recordatorio siniestro para su sospechoso olvido: estranguló a la víctima, la tapó con una lona de pileta y la escondió en un ropero.

Luego le mandó fotos del cadáver a su ex pareja, mensajes a amigos y hasta le contó la atrocidad que había cometido a su madre. Y siguió su vida como si nada hubiera pasado.

Eso no es todo: usó un préstamo de la ANSES que había cobrado Lorena para comprar ropa deportiva. Ella pensaba -entre otras cosas- usar ese dinero para festejarle el primer año a su hija.

Los jueces del Tribunal en lo Criminal Nº 4 del Departamento Judicial La Matanza, Franco Marcelo Fiumara, Nicolás Grappasonno y Gerardo Clemente Gayol, lo condenaron el viernes 3 por unanimidad a reclusión perpetua por el homicidio agravado por el vínculo y por violencia de género.

"Puede ser que la haya matado, aunque no recuerdo haberlo hecho", declaró el femicida.

El crimen fue descubierto el 30 de noviembre de 2017, cuando el cuerpo de Lorena fue encontrado en el interior de un placard de la casa situada en La Doma al 3000, en el barrio Toledo de Rafael Castillo, partido de La Matanza.

La víctima había cobrado 30 mil pesos de un préstamo de la ANSES, pero en pocas horas, la cuenta quedó en ocho centavos. Sin embargo, el móvil del crimen no fue económico, según los pesquisas: Duré era un maltratador de mujeres. "Un femicida de manual que podría haber seguido matando mujeres por odio o dominación", según confía a Infobae una fuente judicial.

Lo que se sabe es que la relación de Duré con Chazarreta llevaba tres meses. Ella le había contado a una amiga que la maltrataba e incluso sospechaba que podía robarle ese dinero. Para los peritos quedó claro que el femicidio fue planificado y ejecutado con frialdad: "Tuvo claras intenciones de causar su muerte, ejerciendo una compresión manual extrínseca en el cuello de la joven, lo que le causó una asfixia mecánica que la llevó a su deceso, y luego efectuó golpes con un elemento contundente en la zona craneal y facial de la víctima, lo que provocó en forma post mortem una fractura del macizo facial".

Después de matarla, Duré le envolvió la cabeza y el cuello con un buzo y una sábana blanca. El cuerpo se encontraba envuelto con una bolsa de polietileno y frazada celeste, por fuera de todo una lona de color celeste de pileta de jardín. Así escondió el cadáver en el placard y siguió con su rutina.

"No se trata de un alienado o inimputable, comprendió la criminalidad de sus actos. Actuó con odio, planificación, frialdad y placer. Y ya había intentado matar a su ex", opinó uno de los peritos psiquiátricos que analizó al acusado.

Acaso lo perverso y tenebroso del acto de Duré se resume en la argumentación de los jueces que lo condenaron:

"Evidenciamos al margen de los malos tratos que el encartado le propinaba a la joven fallecida, un comportamiento con las características de violencia de género, en su actividad previa y actuación criminal se valió de la relación desigual en desmedro de la víctima, esa mayor fuerza la aplicó sobre su cuello y logró asfixiarla. No resultan menores las condiciones en que ocultó su cuerpo, a la cosificación que en vida le propinó se suma el modo en que actuó para con aquello que quedaba de la humanidad de Aguilar", apuntó el tribunal.

"Llamó la atención que la dejara en el interior del mueble como si se tratara de un objeto más de la casa, a la postre continuó su vida normalmente mientras el cuerpo se iba descomponiendo. Ello luego de que realizara distintos gastos y extracción de dinero de su cuenta. Seguidamente éste visitó a sus hijos con ropas deportivas recién adquiridas, aunque lo más sorprendente y lamentable, en el marco de lo que se analiza aquí, fue que le envió fotos del cuerpo con gusanos a su ex pareja, la dueña del ropero", continuó.

Una de las testigos clave fue Dayana, la ex pareja del femicida, con quien tuvo tres hijos. Cuando entró en la audiencia, al imputado se lo llevaron a una sala contigua.

La Doma al 3000 en Rafael Castillo, la calle donde ocurrió el crimen.
La Doma al 3000 en Rafael Castillo, la calle donde ocurrió el crimen.

"Tengo miedo", dijo la mujer con la voz temblorosa: "Es muy violento". Recordó en su declaración que hace dos años, Duré la tomó de los pelos y la arrastró por el piso, la encerró y luego la tiró sobre la cama. Intentó asfixiarla con una almohada. Se salvó porque en ese instante llegó un patrullero porque un vecino llamó al 911 por sus gritos.

"Es por eso que me mudé a la casa de mi abuela, pero él me amenazaba continuamente", declaró. Pero el momento más dramático de su declaración es cuando contó el mensaje que recibió de Duré cuando volvía de su trabajo, cerca de las siete de la mañana. "Me dijo que quería contarme algo, que había cometido 'una locura', que se quería ahorcar y llamar a la Policía. Y me mandó dos fotos desde su celular", contó. En la primera no pudo observar nada, pero en la segunda vio "un cuerpo sin vida".

Duré le dijo que había matado a un hombre por ella, o por Lorena, nunca se lo dejó en claro. Eso ocurrió el 30 de diciembre de 2017 y las fotos se habían sacado en la casa de Duré, donde ella vivió ocho años.

Luego, la Policía le dijo que la asesinada era una mujer y cuando vio que había sido envuelta en una lona recordó que esa lona era de la pileta de sus hijos.

Para sumarle mayor cinismo a su ex, contó que un día -después del femicidio- le pareció muy raro que Duré reapareciera en su casa con ropa nueva deportiva para sus hijos. "También me compré una máquina para cortar el pasto", se jactó.

A su ex le llamó la atención porque él no tenía dinero ni trabajo. Ni siquiera pasaba la cuota alimentaria ni visitaba con frecuencia a sus hijos.

Además de mandar fotos, Duré confesó su asesinato a su madre. "Me dijo que había matado a su novia", declaró la mujer. Y dio las llaves a los policías para que pudieran entrar en la casa. El mueble estaba atado con un cable y sobresalía una pierna del cuerpo de la víctima.

Otro que aportó un testimonio esencial fue el testigo Juan Carlos Cantero, pareja de la hermana del imputado. A Duré lo conocía como "Chavo". "Mi esposa un día recibió una llamada y luego me contó que el 'Chavo' se había 'mandado una cagada'. No sabíamos qué cagada se había mandado"; dijo.

Durante el juicio se reveló que los 30 mil pesos era un préstamo y además Duré le reclamaba el dinero que cobraba por discapacidad (por un defecto en un dedo) y otra asignación. "Parte de ese dinero era para comprarle ropa a su hija de un año y celebrarle el cumpleaños", contó la hermana de la víctima.

En una de sus declaraciones, Duré contó que se drogó durante tres días con la víctima. "No éramos novios, sólo éramos amigos y nos juntábamos a drogarnos", dijo.

Lo más sorprendente es que dijo que apareció un cuerpo en el placard. "Si la maté, no puedo recordarlo, pude haberlo hecho yo". Y que llamó a su madre para que diera aviso a la Policía así "no culpaban" a su familia.

"Los dichos del imputado lejos estuvieron de exculparse de la muerte ventilada, reconoció que estuvo en los días previos al fallecimiento con la víctima, no atribuyó la muerte a un tercero y hasta con un dejo de desprecio arriesgó -sin culpa alguna- que pudo haber matado a la joven como si se tratara de una cuestión menor", argumentaron los jueces. Para ellos, todo el accionar de Duré "habla de un comportamiento planificado racionalmente".

Después de escuchar el veredicto, Duré fue llevado por los policías y luego trasladado de vuelta al penal de Melchor Romero. No había rastro de arrepentimiento. Solo lo que queda de un hombre que dice haber olvidado un asesinato que, según sus acusadores, recuerda con placer.

SEGUÍ LEYENDO: